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| 12/6/2013 11:00:00 AM

La voz flamenca de Martirio toca a Colombia

La cantante española se presentó en Bogotá el pasado jueves, en un homenaje a Fanny Mikey.

Fue una noche con vibrante luz de luna la que vivió el público asistente a la presentación en la que Martirio y Raúl Rodríguez, su hijo, supieron cómo llenar de risas, sonrisas y lágrimas el teatro; a la memoria de Chavela Vargas.

El pasado jueves 5 de diciembre en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá, con Raúl en la guitarra y el espíritu vivo de Chavela Vargas, Martirio dio un concierto para conmemorar los 32 años de fundación del Teatro Nacional y rendir homenaje a Fanny Mikey, quien es considerada por la cantante andaluza como “un estandarte de la cultura colombiana y latinoamericana para el mundo”.
 
Canciones que fueron interpretadas e inmortalizadas por Chavela Vargas como Luz de luna, El andariego, En un mundo raro, La llorona, Sombras, entre otras, hacen parte de la nueva producción musical de Martirio. Ella grabó “De un mundo raro. Cantes por Chavela”  junto a su hijo Raúl Rodríguez, quien además produjo el disco que será presentado también en Medellín, durante el concierto de este viernes 6 de diciembre en el Teatro Pablo Tobón Uribe. 

“Mi mamá es una grandísima artista que transporta la tradición hacia el futuro. La música hace que ella y yo filtremos nuestra relación; la música, un lugar donde las verdades se revelan”, dice Rodríguez, quien ha tocado con artistas como Enrique Morente, Compay Segundo, Jorge Drexler, Susana Rinaldi, Miguel Poveda, Chano Domínguez, entre otros.

La magia que hubo en el escenario, entre Martirio y Raúl, habla mucho de cómo la música -capaz de unificar los sentimientos- va más allá de todo cuando se hace con la misma sangre, con un sólo palpitar. Al terminar cada canción, una lluvia de besos se desprendía de Raúl hacia su madre, quien luego compartía con el público esa manifestación de amor auténtico. 

Para Martirio, la experiencia de cantar junto a su hijo ha sido un constante aprendizaje. “Aprendo de él, que no sólo sabe cómo acompañar mi voz, sino también mi respiración. Él sabe jugar con el silencio; algo que yo creía eran capaces de hacer sólo los músicos veteranos”, afirma la cantante flamenca de gafas oscuras y sobresalientes peinetas.
 
En el 2012, Martirio y Raúl se dieron cuenta de que había “una corriente eléctrica muy fuerte” entre los dos al compartir escenario. Desde entonces, empezaron a pensar en la grabación de un disco juntos; con una particular conexión entre madre e hijo, con un mismo corazón. Y para realizar ese proyecto discográfico no pudieron encontrar mejor inspiración que Chavela Vargas, quien –según Raúl- trajo a este disco “la presencia de lo ausente”.

“Chavela Vargas es la cantante que más he oído en mi vida, la que más me ha emocionado”, dice Martirio, quien describe a La Chamana como “la mujer libre, llena de dignidad y de valentía; un corazón fuerte, una mujer excepcional”. “Hay músicas y formas de cantar que le hacen falta al mundo para que se centre y se ponga en su eje”, dice la cantante onubense haciendo referencia a ese don que tenía Chavela de conectar a la gente consigo misma, a través de su voz y de sus propias vivencias. 

Martirio y Raúl recuerdan lo emotivo que fueron los dos últimos conciertos ofrecidos por Chavela -en México y España-, donde el público se conectó de mágica manera con la cantante mexicana (de origen costarricense), por tratarse quizás de la última vez que la verían en escena. “Por encima de la edad, de las dificultades de salud; por encima de cualquier cosa, ahí estaba ella como una guerrera de la belleza absoluta”, recuerda Martirio.   

“Hay una cosa que a mí me fascinaba de Chavela y era la dulzura”, dice la cantante andaluza en alusión a esa capacidad que tenía La Chamana de poder sonreír al contar historias dramáticas, de interpretar canciones con lágrimas y con la dulzura del perdón al mismo tiempo. Canciones como Sombras, del compositor ecuatoriano Carlos Brito, que a Martirio la hacen cantar con una sensación ineludible de que ese amor auténtico que sólo pasa una vez en la vida, se ha acabado para siempre. 

Con la voluntad entera de poner la vida en lo que canta, como si no le importara morir después de ello y con un mundo raro donde la gente persigue el ser antes que el tener, llegó al país Martirio, quien confiesa con absoluta vocación que no ha sido nunca una artista comercial, “algo que ha pagado mi bolsillo, pero no mis sentimientos”.
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