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| 11/14/1983 12:00:00 AM

"MAS ABURRIDO QUE EL ARTE, LA FILATELIA"

A su regreso de la FIAZ en París, SEMANA entrevistó a Salcedo


Bernardo Salcedo, conocido en Colombia como el hombre de las cajas, se impuso en la FIAC en París, al ser uno de los únicos artistas que vendió todo lo que expuso: piscinas, estanques, lagunas, 15 obras construidas con serruchos y agrupadas bajo el título "Serruchando el agua". SEMANA habló con él a pesar de su advertencia: "La entrevista les va a quedar hartísima, porque yo soy como Carlos Lleras, yo me repito".

SEMANA: ¿Qué es la FIAC?
BERNARDO SALCEDO: Una plaza de mercado sofisticada.

S.: Haber vendido todas sus obras en la FIAC es un éxito comercial o artístico?
B. S.: Olvídese del éxito artístico. Ese lo he tenido siempre y no me ha servido para nada. El único éxito es el comercial, por eso el genio no soy yo sino los de la Galería Garcés Velásquez que lograron vender dizque serruchos en París y eso sin hablar mucho francés.

S ¿Ganó mucha plata?
B. S.: No, en realidad muy poca, porque los serruchos son carísimos, y para colmo, los que más gustan en París son los que me cuestan más caros en la Ferretería Vergara. Por ejemplo, se me van 25 metros de lámina de serrucho en una piscina y cada metro vale $ 2.500. Por eso me sale mejor negocio hacer estanques, que son más chiquitos, que hacer piscinas.

S.: ¿Por qué le dio por los serruchos?
B. S.: Un día fuí a la Ferretería Vergara a comprar un destornillador y en ese momento estaban desempacando una caja llena de láminas de serrucho. Yo les dije "se les va a derramar, eso es agua".

S.: ¿A quién vendió sus obras?
B. S.: Primero un coleccionista colombiano pasó por ahí y me compró una caja. Eso me pareció normal. Después desfilaron dos millones de personas y el comentario era que "que obra tan agresiva", hasta que el dueño de la revista LUI, de desnudos, quedó fascinado. Dijo que era el elemento de sado-masoquismo que le hacía falta en sus reuniones íntimas y me compró dos. Después cayeron los coleccionistas de Miami y de Chicago que, por alguna razón, opinaban que lo mío sí era la vanguardia. Uno me dijo "yo no aguanto más Picassos ni más arte, por eso compro ésto". Y tenía razón, porque más aburrido que el arte, sólo la filatelia

S.: ¿Para usted, qué es artístico y qué no?
B. S.: Arte para mí es lo que no tiene nada que ver con el arte. El gran problema de los artistas es que creen que tienen que inventar y tener imaginación, y yo por el contrario creo que lo importante es tener grandes dosis de observación. Yo hago mis cosas con objetos que no son "artísticos", sino sacados de la vida real. No tengo para qué hacer objetos porque sí, si total ya están hechos. Para hacerlos están los carpinteros y los torneros.
Yo los rescato cuando ya no son útiles, cuando están en el límite entre el deterioro y el desecho.

S.: ¿ Cuáles son los objetos que prefiere?
B. S.: Para mí los objetos con "gancho" son los que me excitan el sentido del tacto, los que puedo asir. Lo que más me gusta son las manijas. También las cajas de chocolates del siglo pasado: cuando encuentro una palpito un poco. Los instrumentos de música, siempre y cuando no sean violines. Los clavecines sí, y me hecho amigo de Puyana para que me regale los que se le vayan dañando. Las dulzainas son magníficas, sobre todo las que de tanto usarlas tienen la huella del labio. Los zapatos de tacón puntilla le dan a una obra un espíritu gótico, y un pedazo de enchapado antiguo produce un espacio. Una perilla es el mayor reto estético. Desde que uno la encuentra se la plantea la dificultad: " ¿qué diablos podré hacer con ella?" . Lo que quiero decir es que el artista es una persona común y corriente, y que el arte es una cosa común y corriente.

S.: Volvamos a lo del "éxito comercial ". ¿Entonces cree que la compra-venta es un buen parámetro para la calidad artística?
B. S.: Claro. Por eso la FIAC es mejor que las Bienales, porque en éstas no hay competencia, sino premios. En cambio las ferias nos recuerdan lo que a los colombianos se nos olvida, que el arte es una moneda de pago internacional, y no nacional.

S.: ¿Los "dineros calientes" contribuyeron al desarrollo del arte?
B. S.: Han debido contribuir pero no, porque sólo compran Gordillos y Montoyas Romanoskys, BMW y Betamax.

S.: ¿ Coincide con la teoría de García Márquez de que el artista debe estar cómodo para poder trabajar, y que se escribe mejor con buena luz y una máquina eléctrica, que con esfero en una buhardilla oscura?
B. S.: No creo eso para nada. Según esa teoría el mejor pintor colombiano sería Darío Morales, porque es el que mejor vive, gracias a que vende en Brasil, Seul y Rhode Island. Y no hay que confundir bueno con mucho: su verdadero mérito es que trabaja como un animal. Después le seguirían en calidad Alvaro Herrán, en Bogotá, y Margarita Lozano, que son los que tienen los mejores estudios. Botero no, porque ese ya no tiene estudios, sino oficinas. Los demás somos todos perratas. Yo sigo pensando que para producir, es necesario vivir en medio del horror, por eso mi estudio queda en pleno San Victorino, en el segundo piso de una pescadería. Creo que la comodidad es adversa. No tengo comedor, ni tengo ningún sofá, y sé que el día que los compre soy artista muerto.

S.: ¿Sigue haciendo serruchos o cambió de tema?
B. S.: Cambié ahora estoy haciendo "objetos toné" con trozos de mimbre.

S.: ¿Cómo decide cuando cambiar de tema?
B. S.: El aburrimiento es la clave de mis cambios. Cuando me levanto y digo, "que vaina, tengo que ponerme a hacer esto", Ahí entiendo que debo buscar cosas nuevas.

S.: ¿Cómo le pareció el mural de Obregón en las Naciones Unidas? B. S.: No es de Obregón, es de Byron López. Por lo que sí estamos todos preocupados es por el porvenir de los cuadros del Palacio de Nariño, porque no sabemos muy bien cuál será el gusto pictórico del general Landazábal. . .

S.: ¿Qué opina de la modalidad que se ha impuesto de artistas con cargos diplomáticos?
B. S.: Eso está bien, todo hace parte de la "era Contadora" . Que nombren más asesores culturales, embajadores volantes, secretarios flotantes. . .

S.: Usted siempre tiene algo que opinar de Colcultura...
B. S.: Opino que todas sus secretarias son magníficas, desde Gloria Zea que inventó la cultura a nivel ejecutivo, hasta la señora Mera que descubrió que Colcultura no existía y renunció por eso.

S.: ¿Cree que Colcultura ha venido impulsando una cultura "a nível ejecutivo "?
B. S.: Sí. Tal como está pensada, Colcultura se tiene que acabar, es un forúnculo en la vida nacional, y maneja un criterio pueblerino de lo que es la cultura: quiere montar grandes ballets y óperas para impresionar a una élite, cuando aquí lo único que se puede hacer por la cultura es masificarla, hacer talleres de teatro en los barrios, darle al mundo papel y lápices de colores. Si la gente tuviera los medios, la información mínima para hacer arte, habría Gabos y Boteros por todas partes. Se podría hacer de Colombia un país de juglares. A Colcultura lo que le interesa es la cultura como espectáculo, y eso es justamente lo que hay que acabar. No hay que obligar a la gente a que sea "público", sino permitirle que haga arte por toneladas.

S.: ¿Quiere decir que en vez de tener un Cobo Borda que se haya leído todos los libros, hay que tratar de que cada colombiano se haya leído un libro?
B. S.: Exactamente. Lo importante no es fomentar maestros, sino aprendices, miles de aprendices. Fíjese en el Renacimiento. Rafael Sanzio y Miguel Angel tenían 50 u 80 discípulos que repetían exactamente lo mismo que ellos, que aprendían sus técnicas y que después salían a trabajar por su cuenta. Lo que se necesita es grabadoras, videos, pinceles, talleres para todo el mundo, y no pas de chat, arias operáticas y manoletinas para los socios del Club Meditarráneo. Vuelvo a repetirme, como Carlos Lleras: el arte tiene que ser una actividad común y corriente para la gente común y corriente.
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