Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1984/04/30 00:00

MAS ALLA DEL TALENTO

Humor, ironía, inteligencia y sarcasmo son ingredientes que Bernardo Salcedo incorpora a sus objetos

MAS ALLA DEL TALENTO

Autónomos, como si nadie los hubiera creado, ni siquiera concebido, aparecen estos seres montados sobre larguísimas patas, encaramados en torres particulares, siempre avizorando desde puntos de ventaja visual. Las articulaciones que dice haber fabricado Bernardo Salcedo durante su estadía de tres años en Budapest parecen no haber salido de sus manos, ni de la voluntad de nadie.
Así son de independientes. Como insectos, como plantas cuya vitalidad natural afirma que nadie los hizo, sino que, simplemente, están ahí: como torres de petróleo o de la red de energía, sólo testigos.
Absorben la función de mirar y por ello se convierten en veedores absolutos de lo que pasa a su alrededor, de manera específica que les permite extraer la dimensión mágica de la realidad objetiva para darle representación de acuerdo con un método que así como es de autónomo, también es anónimo.
Los objetos que desde años atrás Bernardo Salcedo hace, están entroncados a una de las tradiciones fundamentales de la estética occidental: la del arte fantástico, de las expresiones fabulosas que no se contentan con la aceptación del nivel en que lo externo es medido literalmente. Por ello desprecian lo apariencial del universo. Descienden de la tradición del arte mágico que se produce desde época inmemorial, y que se manifiesta en distintas acciones que pueden ser conjuros y hechicerías, lucubraciones como las del Bosco, Brueghel o Leonardo, planteamientos del Dadá con el gran objetualista Duchamp a la cabeza, o el surrealismo de los años veinte.
Para hacer su obra, Salcedo parece alinearse con la opción más cerebral de las que tiene a su disposición y esto nos lleva a pensar que descarta los aspectos pintorescos y nominales de la realidad que de manera inmetiata lo rodea. Pero esto no quiere decir que ignore esa realidad; si hay alguien entre nosotros, quien, de manera inteligente y racional pero llena de causticidad, observa agudamente la realidad diaria colombiana, esta realidad loca y deshilvanada pero profundamente tropical, ese alguien es Bernardo Salcedo.
Dicha realidad ha sido interpretada por él desde momentos tempranos de su producción cuando fabricaba cajas que incluían pedazos de muñecos inmiscuidos en situaciones definitivamente yuxtapuestas. La gracia y objetividad con que las hacía se ha ido transformando para llegar a las cajas más recientes, que son las que se refieren al tema del agua.
Armadas con estructuras de madera y paredes de vidrio que permiten la visualización total de lo que ocurre en su interior, se pueblan con secciones de sierras sinfín cuyos afilados dientes apuntan hacia arriba y se organizan sobre plantas rectangulares para configurar imágenes de agua.
¿Cuándo se ha pintado agua más cruel? Digo pintando porque todos los recursos del artista, aquí, confluyen hacia la disciplina de la pintura y surgen de ella aunque no aparece el material que se llama "pintura". Pero la organización dentro de estos prismas recortados de la gran cantera de la realidad, se hace de acuerdo con el principio de planos que se desarrollan paralelamente a un plano inicial, a la manera de la pintura clásica, estableciendo por ello una manera pictórica, no tanto de mirarlos (porque al fin y al cabo pueden verse desde muchos ángulos) pero sí de comprenderlos.
La escogencia del material metálico de la sierra sinfín, así como del vidrio que conforma los bordes imaginarios del prisma y que aún en cierlos casos aparece, lámina tras lámina, para crear densas atmósferas de tempestad, dan sólo brillos y reflejos y configuran una imagen que también, por sus evanescencias y equívocos, es eminentemente pictórica.
Los brillos y equivocaciones de percepción, los filos y la memoria de la sierra, los filos y la memoria del vidrio que se rompe hace que estas piscinas, estos mares, sean siempre procelosos. En medio de sus aguas aparece la figura, pequeñísima, inerme del nadador, protagonista en medio del agua cortante y antagonista.
Con la producción de estas cajas parece iniciarse una nueva etapa en la obra de Salcedo. Es cierto que continúa haciendo uso de los recursos que surgen de la inteligencia, la sensibilidad, la agudeza perceptiva y otras virtudes del aparato racional, modeladas por la capacidad para medir y establecer significaciones, así como por la voluntad de molestar al señalar hechos indudables que la mayoría de la gente no quiere ver. Pero estas "cajas del agua" llevan un nuevo contenido que añade a su significación: el patetismo la presencia de la figura humana en el momento definitivo cuando intenta salvarse de la que es fuente de vida y medio universal donde la vida se genera: líquido de nuestra primera estancia-preexistencia embriónica. Se constituye así una metáfora con respecto a la vida misma; la referencia al nadador apunta a todo el que está vivo, a todo el que puede morir.
Salcedo traspasa los límites de su talento: hasta la obra más reciente,el proceso creativo terminaba distinguiéndose por su elegancia, buen gusto, gracia, brillo, ingenio, etc. Ahora domina una nueva dimensión enunciada en términos trágicos, y por ello definitivos, en la cual no parece importar tanto la manera de decir como lo que, en definitiva, se está diciendo.
Asume la responsabilidad por su literatura y toma el riesgo que implica no apoyarse tanto en la inteligencia como sobre "aquello otro" que, a fin de cuentas, también aporta lo fundamental en el arte. -
Galaor Carbonell.-

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