Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2007/06/02 00:00

Más imaginarios, menos certezas

‘Imaginarios urbanos: archivos’ recoge el trabajo de semiólogo colombiano Armando Silva durante los últimos 20 años. La muestra ya estuvo en Barcelona y el próximo mes se verá en Manchester, Inglaterra.

Más imaginarios, menos certezas

¿Cómo se cruza una calle en Bogotá? ¿Cómo se come un perro caliente un caraqueño? ¿Cómo son los álbumes fotográficos de un colombiano en Nueva York? ¿A qué suena el discurso de Jorge Eliécer Gaitán casi 60 años después en una emisora comunitaria en Suba? Aunque estas preguntas parezcan simples elucubraciones de un artista tratando de encontrar la identidad de las ciudades, son parte del trabajo del semiólogo colombiano Armando Silva, quien desde hace 20 años ha rastreado el concepto de los imaginarios urbanos que hoy encuentra ecos en todas las capitales latinoamericanas y que ha interesado a los curadores de bienales de arte como las de Venecia y San Pablo o espacios como la Documenta de Kassel. En mayo estuvo en la Fundación Antoni Tápies de Barcelona, uno de los más reputados espacios expositivos de España. Y desde julio, en la Galería Urbis de Manchester, Inglaterra.

Silva dice que es quizá la primera vez que un trabajo de estas características se exhibe en un museo. La exposición muestra las diversas etapas de su trabajo a través de fotografías y textos. En primer lugar, lo que en 1986 él mismo bautizó como su trabajo inaugural sobre el grafito como representación del imaginario ciudadano. Al rastrear sus cambios durante estas dos décadas se puede dar cuenta de los cambios de percepción que han tenido los habitantes de la ciudad; es casi como el trabajo de un arqueólogo buscando en las pinturas rupestres las variaciones producidas en la mentalidad de la civilización. Luego, la exposición hace un camino por las diversas etapas de su investigación: los álbumes de familia, a través de los cuales se establecen diferencias a través de la intimidad de los habitantes; las representaciones populares a través de vitrinas comerciales y sus diferencias y particularidades en varias ciudades de América Latina y, finalmente, la muestra de Imaginarios urbanos que es producto de una investigación iniciada en 1998 y que pretende –sigue en curso– demostrar que las ciudades son mucho más que arquitectura: “Se trata de pensar, dice, ¿cómo el urbanismo se desplaza de la ciudad física, o arquitectónica, a un nuevo urbanismo ciudadano? Ahí entramos en litigio con el sentido físico de la ciudad. Este tipo de investigaciones que tienen una naturaleza estética, va tomando unas características políticas. Al preguntarse, por ejemplo, cosas tan sencillas como ¿cuáles son los lugares más peligrosos de las ciudades? nos encontramos con que no son los mismos para todo el mundo. Eso lo sabemos a través de la estadística”.

A través de encuestas, fotografías, artículos de prensa, audio o video, un equipo de investigadores que Silva coordina desde Bogotá en cada capital latinoamericana y que se ha ido extendiendo hacia lugares como Barcelona y Liverpool, se ha pretendido hacer una nueva manera de acercarse a las ciudades. Silva pone un ejemplo: “Las ciudades por sí mismas no son peligrosas sino que se perciben peligrosas. En Bogotá, por ejemplo, la calle que se percibe como más peligrosa es la carrera décima. Al hacer el trabajo de campo, nos encontramos, sin embargo, con que esa es una percepción femenina y, al ir más allá, con que esa sensación de peligro sobre todo está entre las mujeres de 15 a 45 años y tiene que ver con el temor al asalto sexual. De esa manera trabajamos las máximas expresiones de lo micro: ese es el urbanismo ciudadano. Igual con ancianos, oficios (nocturnos, diurnos), etc. Después trabajamos en una parte visual, en fotografía: ¿cuál es el emblema que ha salido de esas estadísticas? El gran emblema del peligro es un lugar que ya no existe, que es el Cartucho, y que ya incluso es una palabra nacida en Bogotá, que en Quito se usa para denominar un lugar peligroso, es por eso que decimos que es imaginario, pues ya no tiene una base real”.

Después de realizar las encuestas y tabularlas, el equipo de Silva comienza un trabajo que lo emparenta con el arte a través de la fotografía. Se trata, continúa, “de buscar el asombro social. Les pedimos a nuestros fotógrafos que busquen imágenes insólitas: un caballo irrumpiendo a las 2 de la mañana sobre la carrera séptima, eso es asombroso y es una manera extrema de ver y mostrar la ciudad. Una ciudad que para nosotros tiene que ver más con el tiempo que con el espacio. Algo parecido a la técnica impresionista, que se dedicaba a mirar la catedral de Rouen, pero a través de los cambios que la luz producía en ella. La otra técnica es ir por la ciudad para buscar objetos que identifiquen íconos propios de las ciudades, por ejemplo, la carátula del disco de los ‘24 cañonazos bailables’. Otra técnica es la de los álbumes de familia. Y una más es trabajar con los medios de comunicación preguntándose cómo han recogido la ciudad: recortes, imágenes, audio. Se recoge ese material y se produce otro material, por ejemplo, clips de radio”.

Buena parte de este material es lo que se podrá, además, encontrar en el libro Imaginarios Urbanos: urbanismos ciudadanos, publicado por la Fundación Antoni Tápies, que se encuentra en versión en inglés y en español.

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