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| 8/11/2003 12:00:00 AM

Mátame suavemente

Llega a Colombia, a pesar de las censuras, los rumores y las evidencias, este drama sicológico que produce vergüenza ajena. *

Killing Me Softly
Director: Chen Kaige
Protagonistas: Heather
Graham, Joseph Fiennes, Natascha McElhone, Ian Hart



Ver una pelicula mala es una experiencia dolorosa. Y más cuando los involucrados se ven tan convencidos, en la pantalla, de que se trata de una obra maestra. Sí, es verdad que "buena", "mala", "regular" son calificaciones subjetivas. Pero también lo es que las experiencias dolorosas son, todas, personales. ¿Cómo expresarles a los demás la vergüenza ajena que se vive cuando los actores no entienden por qué sus personajes hacen lo que hacen?, ¿cómo compartir la histeria moderada que se soporta ante los diálogos simbólicos, las tramas sin pies ni cabeza, los finales forzados?, ¿no es mejor reírse de la tonta gravedad de los largometrajes mediocres para no acumular infartos menores con el paso de los años?

Que Mátame suavemente haya llegado a Colombia -esfuerzo que, a pesar de todo, debemos agradecer- es prácticamente un milagro. No pudo estrenarse en septiembre de 2001 en Estados Unidos porque su atmósfera sombría, en tiempos de terroristas, se consideró más que inapropiada. Una proyección privada, en diciembre de 2001, la gente del público soltó pequeñas risitas durante las aparatosas coreografías sexuales. Preocupada por las agresivas reacciones de los críticos, la actriz norteamericana Heather Graham, protagonista absoluta de la realización, se apresuró a revelar, en enero de 2002, que ni ella ni su compañero de escenas, el inglés Joseph Fiennes, habían usado protectores genitales durante las famosas secuencias eróticas. Y unos meses más tarde, en marzo, la MGM anunció que el drama sicológico sólo sería presentado en algunos teatros del mundo.

Era evidente, pues, que algo fallaba en Mátame suavemente. Y no es, cuando uno la ve, la hipócrita censura que persigue a las películas gringas por todo el mundo. De hecho las arriesgadas escenas de sexo de la primera parte, que anticipan una nueva versión de 9 semanas y media, pronto se vuelven deprimentes lecciones de vida: Alice Laudon, diseñadora norteamericana de páginas web que vive desde hace un año en Londres, se deja llevar -abandona a un novio estable que, pobre, no se pierde los partidos de fútbol- por la pasión que siente hacia un excursionista de profesión llamado Adam Tallis, pero la relación clandestina, que ponía en riesgo parejas, prestigios y sistemas inmunológicos, termina en apacible matrimonio. Y el drama deja de ser una investigación sobre la separación irremediable entre el cuerpo y el sentido común, para convertirse, porque sí, en una historia de suspenso con un final tan predecible como el de una telenovela.

El chino Chen Kaige, director de Adiós a mi concubina, asegura que su estilo impregna cada mirada de Mátame suavemente. No debería confesarlo: ¿fue él quién le pidió a Heather Graham que saltara sin ropa en el cementerio y a Joseph Fiennes que frunciera el ceño en calzoncillos? No, no puede ser. Lo mejor es reírse: pensar que se trata de una magnífica comedia.
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