Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/04/01 00:00

Medallo sonante y pensante

Medellín es más que rock pesado. Se ha vuelto cuna de artistas independientes y de la reflexión sobre el futuro de la música. Análisis de Juan Carlos Garay

Frankie ha muerto, banda emblemática del rock de Medellín que está en actividad desde comienzos de los años 90

Algo muy llamativo sucede entre los fanáticos de la banda de rock pesado Frankie ha muerto. Cuando se encuentran en la Avenida La Playa o en los alrededores de la Universidad de Antioquia, se saludan con un "¡Ohe, primo!" que es de su exclusivo entendimiento. La expresión se remonta a un disco que salió hace seis años, cuya canción central atacaba con ese grito. El tema pegó tanto entre su público clandestino, que ahora, cada vez que Frankie ha muerto se presenta en concierto, la reunión de "primos" se expande y ha acabado componiendo una de las familias más numerosas de Antioquia.

El fenómeno, que hace recordar a los seguidores de la banda Grateful Dead en California, es muestra clara de una cultura construida en los escenarios marginales o underground de Medellín. No han mediado disqueras multinacionales ni grandes campañas publicitarias para los artistas; la simple comunión de los espectadores con el mensaje se va fraguando lentamente. Los primos no suenan con persistencia en la radio, pero ya se cuentan por miles.

El nuevo álbum de Frankie ha muerto incluye varios momentos que explican esa popularidad. Se llama Medellín p.m. - La conflagración y detrás de la máscara de terror del heavy metal permite descubrir un rostro humanista cuando cantan letras como: "No me vuelvas objeto / Yo no soy mercancía / Sólo déjame vivir".

Pero el rock pesado ya no es la única banda sonora de Medellín. Su condición capitalina le ha permitido ser el punto de llegada de ideas musicales de los alrededores, entremezclando sonidos y produciendo verdaderas novedades. Un reciente disco llamado Charco Corazón es el más experimental de los ejemplos: hace referencia a un estanque que se encuentra en Jardín, Antioquia, a unas tres horas por carretera de Medellín, donde los jóvenes van a refrescarse. La música, naturalmente, cumple ese mismo propósito.

Charco Corazón es un colectivo de artistas de Jardín que se encontraron en el centro de Medellín y quisieron plasmar a la vez la nostalgia del pueblo y el deslumbre de la ciudad. Son siete piezas instrumentales diferentes entre sí, pero tienen en común un singular instrumento de percusión, fabricado en cerámica y llamado udú. Con ese conector, la música fluye de tal manera, que al llegar al final del disco parece que el tiempo pasó veloz, que todo fue apenas una zambullida.

Aparte de la música, Medellín se ha convertido también en el centro de las reflexiones sobre el negocio musical. Hace un par de semanas, la Secretaría de Cultura Ciudadana organizó el panel 'Músico y empresario: nuevos esquemas en la industria de la música' en el que se trataron temas delicados pero urgentes, como la presencia cada vez más importante de Internet (y el respectivo declive del disco) como medio de difusión de la música.

Una cosa quedó clara gracias a la ponencia de Federico López, antiguo productor de Ekhymosis, y es que el camino más rentable para los músicos está en la producción independiente y no en el apoyo de las casas disqueras. Según López, "para ganar unos 700.000 pesos mensuales vendiendo discos, con un sello que le da 15 por ciento de regalías, un artista tendría que vender 10 discos diarios. En cambio, si lo hace de manera independiente, sólo necesita vender un disco al día".

A ello se suman nuevos problemas que tienen que ver con la manera informal como la música circula entre amigos: se queman CD, se envían canciones por Internet... lo último que se piensa es comprar un álbum original. Frente a esta perspectiva, el grupo Parlantes ha salido con una propuesta muy atrayente. Se trata de que el disco vuelva a tener valor como objeto, más allá de la música que contiene, y por tanto han acompañado su primera producción de una serie de postales coleccionables en las que participaron importantes artistas gráficos de Medellín.

Parlantes tiene además una nómina estelar que recuerda aquellos 'supergrupos' del rock de los años 70, cuando talento y amistad iban afortunadamente juntos. Sus integrantes vienen de bandas que hicieron aportes interesantísimos, como Planeta Rica, Bajo Tierra y Estados Alterados. Se les oye relajados en su interpretación porque el punto de partida de estas sesiones no fue el proyecto consciente de grabar un disco, sino el simple placer de hacer la música. Hay humor, pero también hay buen juicio y el sonido es impecable sin ser pretencioso.

Estos canales alternativos de la música llevan ahora a buscar la vanguardia en sitios diferentes a la habitual tienda de discos. El bar Mélodie Lounge, en el sector de El Poblado, es uno de ellos. De allí salió la cantante y compositora electrónica Lucrecia, que publicó recientemente su trabajo Acerca. Su propuesta apunta a un sonido electrónico de inusitada dulzura. Ella tal vez no lo ha pensado así, pero su música se parece mucho a las tradiciones creativas de Oriente, donde se parte de un sonido sencillo y se exploran todas sus posibilidades armónicas.

Independientes pero en bloque, los músicos de Medellín crean un sonido nuevo, se alimentan de la reflexión sobre los cambios que viene sufriendo la música. Sus grabaciones no se venden en tiendas de discos (aunque están interesados en recibir propuestas), pero se pueden encargar por Internet. Y ahí está otra de sus fortalezas: han convertido al potencial verdugo en aliado. Quedan por resolver cuestiones básicas de supervivencia, pero, por lo pronto, le apuestan a un pensamiento que puede revolucionar la manera de abrazar el arte. Entienden que la música es un idioma y los idiomas no tienen dueños, sino usuarios.

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