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| 6/18/1984 12:00:00 AM

"MEDIO CUERPO Y MEDIO ESPIRITU"

De un tiempo para acá, la literatura brasilera ha encontrado un lugar en las bibliotecas de los lectores colombianos.

Hace ya varios años, Octavio Paz afirmó: "América Latina sin Brasil es medio cuerpo y medio espíritu". Y para quien haya tenido la oportunidad de recorrer perplejo las calles de Salvador de Bahía, presenciar la ceremonia de lavado de la Iglesia de Nosso Senhor do Bonfim, o contemplar el sorprendente y abigarrado mestizaje que constituye la cultura brasileña -como es palpable en la maravillosa Olinda-, la frase de Paz es la confirmación de una revelación insoslayable.
Su literatura es otro ejemplo magnífico. El primer contacto, al menos hace unos años, para muchos latinoamericanos, se realizaba a través de una obra monumental y casi impenetrable: "Gran Sertón: Veredas" de Joao Guimaraes Rosa. Y si bien es cierto que mucho de su impenetrabilidad obedece a dificultades de carácter técnico para su traducción, es justo reconocer también que otro tanto se debe a ignorancias inexcusables: es muy grande el desconocimiento que la mayoría de los latinoamericanos tenemos de ese dilatado país que se extiende interminable hacia el oriente.
Y, sin embargo, los escritores brasileños, desde tiempo atrás, vienen señalando una serie de derroteros y posibilidades que, a veces, en más de una ocasión, se anticipan a los que, años después, asumirán -tal vez desconociéndolos- varios destacados escritores latinoamericanos.
Hace poco más de un año, a raíz precisamente del Premio Nobel de 1982, Alvaro Mutis lo corroboraba: vasos comunicantes que permiten crear una correspondencia inesperada y sorprendente, entrelazan "Cien años de soledad" (1967) con "Macunaíma" (1982) de Mario De Andrade, y el milagro de la sobriedad de "El coronel no tiene quien le escriba" con la obra de Graciliano Ramos, uno de los más destacados narradores brasileños de este siglo.
Por eso es muy grato, y hasta reconfortante, observar que de un tiempo a esta parte, la situación ha cambiado notoriamente. Hoy tenemos a nuestra disposición una serie de cuentos, novelas, antologías poéticas diversas, que vienen a llenar ese vacío soportado durante años. Y no se trata de sostener, disimuladamente, que la obra de Guimaraes Rosa sea inapropiada para iniciar ese contacto. Por el contrario, pero al lado de la lectura del "Gran Sertón", podemos realizar, ahora en forma paralela, otra lectura tan enriquecedora como la que se desprende de esa novela.
La obra de Joaquín María Machado De Assis, uno de los forjadores de la moderna literatura brasileña, se encuentra en diversos sellos editoriales de casas españolas y latinoamericanas. La prosa de Machado De Assis, rebosante de un humor, a veces brutal, pero, por eso mismo, siempre liberador, constituye uno de los mejores ejemplos de ese proceso desmitificador que muchas de nuestras literaturas se han mostrado incapaces de alcanzar.
A su lado están las novelas de Lima Barreto y Manuel Antonio de Almeida. El primero, precursor del modernismo y la novela social; el segundo, fundamento -a partir de sus "Memorias de un sargento de milicias"- de la narrativa realista del Brasil.
Un grueso volumen de la Biblioteca Ayacucho recoge una serie de cuentos, ensayos y la portentosa "Macunaíma", de Mario De Andrade. Figura central del modernismo que, con su obra literaria y sus ensayos, contribuyó en forma decidida a la búsqueda y orientación de una identidad nacional. "El brasileño -dijo en cierta ocasión y esto es bien aplicable a todo este inmenso continente, "harto revoltoso y latino" como lo llamaba Carpentier- no tiene carácter porque no posee ni civilización propia, ni conciencia tradicional". Esa recia actitud le granjeó la admiración y el respeto de sus compatriotas.
Pero Mario De Andrade no se detuvo allí. Señaló que el realismo a secas era insuficiente y que el lenguaje -la palabra- era parte esencial de la ficción. La palabra misma, su metamorfosis, su carácter poético, su propio mito -el de esa palabra que no es portugués, que es brasileña- formaba parte esencial del quehacer literario. Es de allí de donde surge ese héroe locuaz, transgresor, antinormativo por definición, que es Macunaíma.
El Fondo de Cultura Económica volvió a poner en circulación un libro del cual había hecho su primera edición en español hace treinta años."EL sertanero" de José De Alencar. Otra de las destacadas figuras en la conformación de eso que hace tiempo hemos dado en llamar la constitución de una nacionalidad. Romántico por excelencia. Alencar jamás permitió que el espíritu analítico sometiera a su imaginación creadora.
Un caso muy diferente, una verdadera excepción a este ostracismo de que han sido víctima los escritores brasileños, es el de Jorge Amado. Tal vez el único que desde siempre contó con una amplia difusión en nuestro medio. Novelista del nordeste, la literatura de Amado es vivencial, gocetas -a riesgo de escandalizar académicos y militantes- impregnada de todo aquello que constituye elemento esencial de la región: la sensualidad, el ritmo, la comida, la música. A través de un elemento central, recursivo, que hace su aparición en todas sus obras -el chisme- genera la acción de sus personajes y buena parte de la truculencia de sus novelas.
En las generaciones actuales se perfilan nuevos nombres que también encontramos publicados por nuestras editoriales. Es el caso de Rubém Fonseca, Darcy Ribeiro, Autran Dourado y Clarice Lispector. No se trata de jóvenes talentos que se encuentren en estos momentos dando los primeros pasos. Son escritores con una trayectoria consolidada, que de unos años para acá empiezan a sobrepasar las fronteras nacionales. Pero sus primeras obras, como en el caso de Clarice Lispector, datan de 1941. Su más célebre libro, el que viene a confirmar lo señalado en el comienzo de esta relación, "Cerca del corazón salvaje", apareció por primera vez en 1944. Ciertos movimientos de los últimos días han pretendido hacer de ella una bandera, afortunadamente a pesar de esas aviesas intenciones ella conserva su talento y su calidad.
Este breve y superficial recuento -están por fuera los poetas- más enunciativo que cualquier otra cosa pretensiosa, se cierra con "Manolón y Miguelín", dos breves novelas publicadas en un volumen por Alfaguara desde 1981, pero que sólo ahora tenemos la posibilidad de adquirir en las librerías bogotanas. Como en el caso de Graciliano Ramos. Su novela "Angustia" se encuentra publicada por el mismo sello editorial desde 1978, pero aquí se desconoce todavia. "Manolón y Miguelín" constituye junto con "Urubuquaquá" y "Noches del Sertón", otros dos volúmenes aparecidos hace poco más de un año en Seix-Barral, una trilogía que el mismo Guimaraes Rosa llamó "Corpo de baile". Serie de relatos y novelas breves que redondean, para el lector hispanoamericano, el universo narrativo del más connotado escritor brasileño. Al fin y al cabo, "Gran Sertón: Veredas" es la obra más importante que se ha publicado en este siglo, en este "continente mestizo", sin excluir a las famosas novelas del boom latinoamericano.
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