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| 5/12/2015 4:00:00 PM

“Tenía que buscar que quien me leyera sintiera calor”

Con su trilogía ‘Pídeme lo que quieras’, Megan Maxwell se convirtió en un ‘bestseller’ de la novela erótica en español. ¿Quién es ella y cómo logra ser tan exitosa en este género?

Megan Maxwell no tiene pelos en la lengua, por eso habla y escribe sobre sexo como si estuviera contando un chisme. Esta española nacida en Alemania y de padre americano es la autora de las novelas eróticas más populares de habla hispana, sabe que tiene atrapados a sus lectores y con su trilogía Pídeme lo que quieras les da lo que buscan.

Su nombre de pila es Carmen y, a pesar del éxito que ha tenido con ese género, no olvida que inició con la literatura romántica. Por eso, en esta ocasión presenta Sígueme la corriente, que cuenta la historia de Ruth, una joven de 20 años que se emplea como mesera para sostener a sus hermanos menores y que en el camino, y sin saber que está embarazada, se cruza con compositor de música.

Semana.com: ¿Cómo llegó a escribir novelas eróticas?

Megan Maxwell:
En todas mis novelas, sean o no eróticas, hay sexo. Pero nunca me había planteado hacer una erótica porque pensaba que no sabía hacerlo. Un día, mi editora me llamó y me lo propuso, yo le respondí que creía que lo iba a hacer muy mal. Lo pensé y dos días después le dije sí y ahí nació Pídeme lo que quieras.

Semana.com: Usted dice que no sabía hacerlo, entonces, ¿de dónde ha sacado los insumos para escribir?

M. M.:
Para escribir una novela tenía que buscar que quien me leyera sintiera calor, que le ardiera el cuerpo. En ese momento lo erótico que se estaba escribiendo eran de sumisión y de dominación y yo decidí hacer otra cosa. El día que resolví escribir la primera entrega, era el cumpleaños de mi hija, estaba toda la familia y algunos amigos en casa, les comenté y todos me dijeron: “Mírala, ¡qué guarrilla (vulgar)!”. Empecé a preguntarles a los chicos sobre el tipo de cosas que los excitaba y me decían: “A mí, estar con dos mujeres” y a las chicas igual. Entonces supe de qué iba a ir la novela: de tríos, orgías y todas esas cosas.

Semana.com: ¿Ha experimentado personalmente alguna de estas cosas que narra en sus libros eróticos?

M. M.:
Todo el mundo piensa que yo hago tríos y orgías, pero no. Realmente todo es fantasía e imaginación. También he hecho libros de viajes en el tiempo y no he viajado he viajado en el tiempo, pero cuando se trata de sexo, ya sabes cómo se pone la gente. Hoy tenemos una gran ayuda que es Google y con la información que he sacado de ahí, más mi imaginación, es que he logrado escribir las novelas. También hablé con personas del mundo swinger, sus vidas son tan normales como la de cualquiera, pero a la hora del sexo tienen sus propias normas.

Semana.com: Con toda esta información, ¿cómo moldea los personajes?

M. M.:
Antes de escribir una novela, elijo el título. De hecho, en el primer libro, la chica se tatúa Pídeme lo que quieras en el pubis porque yo quería que se hiciera ese tatuaje y entonces el libro se tenía que llamar así. Cuando tengo el título, empiezo a pensar los personajes, para esa, creé al hombre como el típico alemán: serio, alto y rubio y a la chica como española, que es un poco parecida a mí, que vivimos vitoreando. Quería que los protagonistas fueran muy diferentes. Luego iba creando el resto de los personajes según avanzaba.

Semana.com.: ¿Los crea pensando en algún ‘muso’?

M. M.:
¡En muchos! Cuando escribí Pídeme lo que quieras era súper fan de Paul Walker y cuando murió se me colapsaron las redes sociales con mensajes de pésame porque todo el mundo sabía que yo había escrito pensando en él. Para hacer la chica, me inspiré en Anne Hathaway. Lo curioso del tema es que a los meses de morir Walker, Hathaway casi se ahoga en la playa. Mis amigas me decían: “No se te ocurra meterme en una de tus historias”, menos mal que no le ha pasado nada grave.

El ‘muso’ de esta novela (Sígueme la corriente) es el cubano Rubén Cortada. Esto lo hago porque antes, cuando empezaba a escribir, el protagonista era rubio de ojos verdes y al final, resultaba que era moreno con ojos negros. Ahora estoy escribiendo una nueva novela de la serie de Pídeme lo que quieras y ahí estoy perfilando los personajes nuevos, uno de ellos va a ser como William Levis. ¡Ay, me da un calor!, pero por la premenopausia, sudo a chorretones.

Semana.com.: ¿Cuando escribe también siente ese calor?

M. M.:
Cuando estoy escribiendo una escena de sexo, me meto tanto, que lo disfruto. Mi marido me dice que siempre sabe cuando la termino, porque enciendo un cigarrillo y me echo para atrás en la silla para leerlo de nuevo. No me había dado cuenta de ese detalle. A veces, me entran unos calores y tengo que parar. Igual lo paso muy bien.

Semana.com.: ¿Qué le dicen sus familiares y amigos por el tono de los libros?

M. M.:
Se parten de la risa. Mi hijo tiene 14 años y a veces me dice: “Mamá, no escribas eso”. Mi madre es una súper lectora de todo lo que escribo y cuando hice la primera novela erótica le dije que no la leyera, que no le iba a gustar, me daba mucha vergüenza con mi familia; total, la leyó y me sorprendió mucho porque me dijo que le había encantado y que le daba lástima ser tan mayor, porque si no, hubiera probado todo.

Semana.com.: ¿Por qué después de su éxito con las novelas eróticas regresa a la romántica?

M. M.:
Es que yo soy escritora de novela romántica. Antes de Sígueme a la corriente hice una medieval, porque tengo una serie de ese estilo. Entonces, le voy dando a mis guerreras un poco de todo.

Semana.com.: ¿Cómo es eso de las guerreras?

M. M.:
Hace años abrí un grupo de Facebook y solo éramos tres amigas, mi hija y yo, se llamaba Las Guerreras Maxwell porque todas las mujeres de mis novelas, si se caen, se levantan y siguen, tienen un carácter muy fuerte porque yo soy así, porque mi madre es una guerrera también. Ella siempre me ha dicho que en esta vida o me espabilo o me espabilan. Entonces, se empezaron a sumar chicas a ese grupo y hoy somos más de 37.000, desde los 15 hasta los 80 años; entre ellas se reúnen a tomar un café y a compartir, esto emociona mucho a las que son mayores porque tienen un grupo para salir y hablar. Algunas me han dicho que han vivido una segunda juventud.

Semana.com.: ¿Cómo ha hecho para publicar tantos libros en tan poco tiempo, cuando hay escritores que se toman muchos años para hacer uno solo?

M. M.:
Sí que es cierto que en siete años que llevo publicando, 24 libros son muchos, pero no los he escrito todos ahora. Llevo 22 años escribiendo y durante los primeros 15 nadie me quiso publicar, precisamente por el carácter de los personajes femeninos. Mientras trabajaba como secretaria escribí para mi mamá y mis amigas, sacaba unas 10 copias, las encuadernaba y se las regalaba a cada una con un CD de musiquita. Aunque he escrito libros nuevos, no soy tonta, también he abierto el cajón con la docena que ya tenía y de ahí el volumen de lo que he publicado. Sin publicar solo me quedan dos de reserva.

Semana.com.: Entonces, ¿por qué entregar todo tan rápidamente?

M. M.:
Normalmente, las secuelas de las series salen cada año y creo que no hay nada peor para un lector que esperar hasta un año para seguir la historia. Lo conversé con mi editora y quedamos en que el siguiente libro de una serie lo haría a los cuatro o seis meses. Los he acostumbrado a que al año saco tres o cuatro novelas.

Semana.com.: ¿Cómo hará cuando se le acaben las reservas?

M. M.:
Creo que puedo seguir haciéndolo, en cuatro meses me ventilo un libro porque tengo mucha imaginación. En mi casa, cuando era pequeña, me llamaban Antoñita La Fantástica, porque me inventaba unas mentiras tan buenas que podían ser hasta verdad.

Semana.com.: De hecho, en julio sacará un libro nuevo...

M. M.:
Sí, se va a llamar Hola, ¿te acuerdas de mí?, es muy especial porque la primera parte de la es la historia de mi madre. Ella es una madre soltera, que tuvo una bonita historia de amor con mi padre, que es americano. Ese romance quedó a la mitad cuando él tuvo que irse a Vietnam. La primera edición tendrá un CD de música de los años 60.

Semana.com.: ¿Qué tal fue para usted escribirlo?

M. M.:
Un poco duro. La primera persona que lo leyó fue mi madre, antes que mi editora. Cuando lo estaba escribiendo pensaba en que algunas cosas le iban a hacer daño otra vez y efectivamente lloró mucho, pero está muy contenta. Yo también lloré mientras escribía escenas como aquella en la que se tienen que separar, hay momentos muy emotivos.
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