Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1985/02/04 00:00

MEMORIAS DEL 84

Los aciertos y los lunares en la actividad plástica colombiana que se habían quedado entre el tintero.

MEMORIAS DEL 84

En Medellín se generó la retrospectiva más importante del año pasado: Débora Arango, quien durante muchos años fue relegada a una posición insignificante, no tanto (como se ha querido hacer creer) por parte de estamentos moralizantes de su ciudad, como de vanguardistas que dirigieron la cultura visual con el criterio de difundir las voces que surgían de centros hegemónicos internacionales desde donde emanaban las últimas modas. Durante años Medellín padeció la fiebre de Bienales de acuerdo con las cuales la única que no interesaba era la de Medellín. Por el contrario, la obra de la Arango insistía en visualizar y discutir la realidad local, enfocando su dimensión más terrible. Sólo ahora cuando el arte internacional ha dado un viraje radical para tomar en cuenta los lenguajes locales y los eventos puntuales, se vuelve a aceptar el gusto por lo violento y pictórico del expresionismo para evaluar adecuadamente la obra de esta pintora; organizada inicialmente por el mismo Museo de Arte Moderno de Medellín, uno de los antiguos baluartes del más acendrado no-objetualismo, la importante retrospectiva ha venido a la Luis Angel Arango de Bogotá. Con su obra, la pintora se perfila como una gran creadora colombiana que tendrá que ser tenida en cuenta en cualquier tipo de intento antológico con el que se quiera explicar la fenomenología de la creación artística en el país.
También significativa como retrospecto fue la muestra de otra pintora, Beatriz González, quien durante más de dos décadas ha calificado la consciencia artística de Colombia a través de una actitud irreverente que revela la visión y percepción provinciana del arte: se celebró en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, ocupando todos los espacios disponibles y correspondió, de manera bastante paradójica y nunca bien explicada al público, a las últimas actividades de la artista en el Museo, después de más de diez años de asociación con el mismo.

LA COOPERATIVA
Otra disidencia de personajes del Museo, tampoco oportunamente explicada a la opinión, ha resultado en la fundación de la Cooperativa de Artistas. Esta entidad parece destinada a manejar una serie de preocupaciones gremiales para conseguir logros a los cuales nuestros artistas nunca habían tenido acceso, porque habían trabajado de manera aislada sin relación profesional los unos con los otros: la Cooperativa seguramente podrá atraerlos a sus filas y conformar un grupo lo suficientemente fuerte como para incidir de manera positiva sobre las políticas gubernamentales en cuestiones que tienen que ver con la seguridad social, la importación de materiales, las condiciones de vida y trabajo, etc.

MUSEO DE ANTIOQUIA: BOTERO ESCULTOR
Todavía en el plano institucional debe mencionarse la remodelación y nueva inauguración del Museo de Antioquia en Medellín, ya con su nombre definitivamente cambiado a exigencia de Fernando Botero. Su donación más reciente de esculturas, corresponde a un grupo muy considerable tanto en número como en tamaño y calidad, en bronce y mármol, con las que se completa la más grande colección boteriana de pintura y escultura de cualquier lugar del mundo; además, esta presencia del Botero escultor constituye uno de los golpes más duros dados últimamente al resto de la escultura colombiana, porque aunque el antioqueño ha sido objeto por parte de otros escultores del país de comentarios negativos porque dizque las suyas "son apenas objetos", "porque no tienen espalda", "porque no dan la vuelta como se debe", "porque las formas del frente no se relacionan con las de atrás", etc. Lo cierto es que al entrar en el salón poblado por los grandes personajes de la imaginería boteriana, a uno se le olvida cualquier consideración académica y siente sólo la tremenda presencia estética y emocional de estas omniscientes figuras ante las cuales no hay reserva posible y con respecto a las cuales muchas otras cosas de la escultura reciente colombiana aparentan ser, apenas, juguetes ingeniosos.

INDIVIDUALES
Las hubo muchas y buenas aunque de entre ellas, y por razones de espacio, es preciso sólo mencionar unas pocas. Puede recordarse la muestra de Ana Mercedes Hoyos, quien retomo el tema de los girasoles para con ellos hacer una gran instalación en la pared de remate. Asímismo, en la Galería Garcés y Velásquez, la exposición de Becky Mayer, fotógrafa exquisita, y la de Víctor Laignelet, figurativo y deformante, constituyeron hitos, Jim Amaral mostró individualmente en la Galería Diners, dando una visión refinadísima de la magia de los objetos y frutas que parecen madurar con la realización de las mesas inútiles de su reciente producción. Por otra parte, dos figuras jóvenes que hasta ahora comienzan a conocerse entre nosotros, fueron objeto de la atención de una parte del público. Ezequiel Alarcón hizo su muestra individual en la sala de proyectos del Museo de Arte Moderno para ponernos en contacto con objetos de extraña apariencia, fabricados con recursos artesanales pero con una gran capacidad para volar libremente en la imaginación. Por su parte, Carlos Salazar fue sin duda alguna el pintor joven más interesante de entre los que aparecieron durante los últimos doce meses; desde su regreso de Europa, ha hecho tres participaciones significativas: en una colectiva de gente joven en el Museo de Arte Contemporáneo del Minuto de Dios, en el Salón Regional de Tunja donde obtuvo, apenas, el Quinto Premio, y en una exposición compartida con otros dos pintores en el Centro Colombo Americano de Medellín. La complejidad de los temas de Salazar, la articulación sensible de su sistema poético y la excelente ejecución narrativa, lo convierten en figura que tendrá que ser tomada en cuenta.

EL LIBRO DE RAMIREZ VILLAMIZAR
El año se cerró con la publicación de este texto, del crítico brasileño Federico Moraes y editado conjuntamente por el Museo de Arte Moderno de Bogotá y la Flota Mercante Grancolombiana. De excelente factura, la mencionada publicación recoge nociones significativas sobre el desarrollo de la estética del escultor nortesantandereano, quien es una de las presencias más interesantes y valiosas en el panorama nacional.

LO MALO Y LO FEO: LOS ENGAÑOS DEL ARTE
Pero no todo en el arte en Colombia anda a pedir de boca: la enumeración de lo que no se ha hecho, de lo que se ha hecho mal y de lo malo que se ha permitido hacer, llenaría muchísimas páginas. Como si la destrucción sistemática de zonas enteras de patrimonio urbanístico y aquitectónico ante los ojos indiferentes de instituciones como Colcultura fuese poco, esas mismas instituciones siguen ignorando las grandes manifestaciones y expresiones populares, y por omisión promueven ideas de cultura que poco tienen que ver con las intensas realidades del país. Además, y últimamente, a los mismos artistas les ha dado por convertirse en agentes de la contaminación visual en ciudades y campos a través de mal entendidas intervenciones con esculturas en espacios públicos y museos viales. Pero el gran acto pictórico de Colombia en 1984, fue el embadurnamiento colectivo a costo incalculable de galones de buena pintura, con palomas y más palomas de todos los tamaños y gestos, que ahora se vuelven decrépitas ante nuestros ojos sin que haya quedado muy claro, nunca, exactamente, para qué ni a quién sirven. Son así, a veces, los engaños del arte.

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