Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/03/04 00:00

Memorias de una geisha

Una producción impecable para una adaptación cinematográfica que pronto se queda sin aire.

Una enigmática japonesa que habla en inglés

Titulo original: Memoirs of a geisha.
Año de producción: 2005.
Dirección: Rob Marshall.
Actores: Ziyi Zhang, Ken Watanabe, Michelle Yeoh, Kôji Yakusho, Kaori Momoi, Youki Kudoh, Gong Li, Kenneth Tsang, Suzuka Ohgo.

John Williams ha creado una banda sonora sublime (ya que hablamos de bandas sonoras) que se sostendrá sola cuando olvidemos este melodrama de segunda con una producción de primera. No es la primera vez que Williams, autor de la música de casi todas las películas de Steven Spielberg, se roba el show de un largometraje: las trilogías de La guerra de las galaxias y la serie de Indiana Jones les deben mucho a sus composiciones. Tanto como Memorias de una geisha, la esperada (y decepcionante) adaptación cinematográfica del best-seller de Arthur Golden, se lo debe todo a esas melodías fascinantes que el violonchelista Yo-Yo Ma y el violinista Ithzak Perlman han interpretado con una precisión que produce escalofríos.

La música, la escenografía, el vestuario, el maquillaje, las actuaciones, todo funciona en la puesta en escena de Memorias de una geisha. Resulta misterioso, pues, por decir lo menos, que semejante aventura épica (el tortuoso viaje de Sayuri, en el Japón de comienzos del siglo XX, desde la aldea en donde es raptada hasta el corazón del hombre que la elegirá como su geisha) se quede sin aire tan temprano. Tal vez la culpa la tenga lo falsos que nos suenan hoy, en la era de La pasión de Cristo en arameo, los diálogos en inglés. O el desprecio por lo dramático, de director de Broadway que piensa que el espectáculo es más que suficiente, en el que ha caído el cineasta Rob Marshall. El caso es que aburre. Y que el despliegue de recursos parece, así, un desperdicio.

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