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| 11/25/2006 12:00:00 AM

Menores de 35

El arte joven bulle en Colombia. Bienales y salones regionales ofrecen un panorama con un denominador común: reivindicar el compromiso de los artistas con su sociedad y su tiempo.

Cada rato se oye decir que los jóvenes de hoy no piensan sino en rumbear y divertirse. Que sólo los jóvenes de los años 60 asumieron una actitud política. Y entonces, ¿quiénes son esos artistas, esas decenas de artistas menores de 35 años que se cuestionan el estado de cosas en Colombia y el mundo, que se bajan de la torre de marfil para adentrarse en barrios marginales para desarrollar obras conjuntas con las comunidades?

En estas semanas de fin de año y de comienzo de 2007 están abiertas al público varias exposiciones que dan cuenta del trabajo de decenas de jóvenes creadores que se valen de técnicas muy diversas para aproximarse y cuestionarse el mundo que los rodea.

En el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MamBo), se inauguró el sábado pasado la Bienal de Arte de Bogotá 2006. En el Museo de Bogotá, en el Planetario Distrital, se abrió el viernes el XIII Salón de Artistas Jóvenes. En Ibagué, Valledupar, Bucaramanga, Manizales y Popayán se llevan a cabo, de manera simultánea, las muestras Imagen Regional V, que cubren un gran espectro del país y que reúnen obras de jóvenes artistas de esas zonas del país.

Sin contar la colectiva Arte Joven 2006 que se presentó en el MamBo el pasado mes de octubre y el salón paralelo dedicado al arte joven en ArtBo, que está abierto al público hasta el lunes 27 de noviembre.

Con el fin de reflexionar acerca de los alcances de un país y un mundo polarizado, el comité encargado de la Bienal de Arte de Bogotá decidió enfocarla en el concepto de la cohabitación, que por un lado refleja la incomodidad que representa que dos personas diferentes y que no se entienden mucho compartan un mismo espacio, pero también la necesidad de abrirle un espacio a la tolerancia. Se escogió el nombre Cohabitar porque el verbo, a diferencia del sustantivo, refleja una acción. Y es que en esta Bienal no sólo se exponen obras ya terminadas. Muchas de ellas se desarrollan durante el evento e involucran otras disciplinas como la música.

A pocas cuadras de allí, en el Planetario Distrital, el colectivo Reciclash organizó el Salón de Arte Joven. Este grupo de cinco artistas, integrado por Paola Cardona, Carolina Jiménez, Mónica Eraso, Jorge Pachón y Santiago Monge, realizó una propuesta basada en el reciclaje a la que tituló Ctrl + Alt + Supr.

Esta muestra es el resultado de una propuesta que ellos presentaron y que, al ganar la convocatoria, adelantaron mediante un trabajo de campo en diversas ciudades de Colombia, donde convocaron a los artistas que componen la muestra. La premisa de Reciclash es muy simple. Esta es una sociedad marcada por el sampleo, la edición, el copy-paste y que propone una nueva estética del reciclaje que toma imágenes globales. "La información y la imagen se democratizan y se diluye el concepto de autor. La interactividad seduce e incita al espectador a jugar, decodificar, construir y deconstruir en un reino de Alicia en donde la pantalla es el espejo y lo virtual es el mundo de las maravillas".

Más allá de los detalles propios de la obra de cada artista, sus técnicas y sus circunstancias, de estas distintas muestras de arte joven se deduce un creciente interés por retratar la sociedad y para ello se valen muchas veces de técnicas propias de otras disciplinas como la fotografía, el video y la investigación.

Sin embargo, como señala María Elvira Ardila, curadora del MamBo, "la aproximación que hacen los artistas a la realidad es muy distinta a la de un sociólogo, un politólogo o un periodista".

Los resultados no sólo generan polémica (el ya tantas veces repetido "¿Esto es arte?"), sino que también pueden llegar a ser muy desiguales. Artistas que investigan pero son incapaces de rematar con una imagen contundente, creadores que confunden humor con chiste, un panorama donde es cada vez más válido experimentar. Pero esto también trae riesgos adicionales porque el oficio (saber pintar o dibujar, saber utilizar el óleo o el cincel) dejó de ser una finalidad. Como señala María Elvira Ardila, "el arte dejó de ser hegemónico". Y esto abre las puertas de la democracia, pero también del facilismo. Estos artistas jóvenes transitan por un jardín plagado de frutos y tentaciones, pero también de trampas traicioneras.

Pero más allá de los resultados individuales de cada propuesta queda la sensación de que el arte joven quiere participar de manera activa de los procesos de cambio, quiere involucrar a la comunidad.

Son artistas empeñados en cuestionar y subvertir un orden establecido, en dejar un testimonio de los tiempos convulsionados en que viven.
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