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| 1/3/1983 12:00:00 AM

MENORES DE 31 AÑOS

Abierto VIII Salon Atenas en el MAM para artistas jóvenes que representen tendencias de vanguardia.

Las polémicas despertadas por el VIII Salón Atenas carecerían de interés o explicación si el evento fuera apenas una vitrina de lo producido por un sinnúmero de jóvenes a quienes se escogiese por concurso o por consenso. Pero como el Salón se organiza bajo un estricto criterio personal, su inmediato éxito o fracaso debe abonarse al curador (Eduardo Serrano) y a la institución promotora (Museo de Arte Moderno de Bogotá). Fracaso o suceso, la postura progresista del Salón se mantiene incontestable en la actividad plástica nacional.
El Salón Atenas, caballito de batalla del político conservador Alberto Casas y su socio Eduardo Vargas (directivos de Atenas Publicidad), acoge solamente artistas menores de 31 años que de algún modo propongan o representen tendencias vanguardistas. Así, el Salón ha producido artistas de la talla de John Castles, Miguel Rojas, Antonio Caro, Alicia Barney, Jorge Ortíz y Ronny Va y da entre otros. Y siempre reune para su inauguración la plana mayor de la política nacional este año asistieron el presidente Betancur, el designado Gómez, el expresidente López y el alcalde Ramírez quien leyó el discurso de apertura. Ellos, y un público ávido, trataron de encontrar el por qué de las obras expuestas.
Ricardo Gómez (Bucaramanga, 1954) muestra ensamblajes de madera de un agresivo contenido sexual; sus objetos sugieren órganos genitales de ambos sexos y obtienen riqueza crómatica con los colores fuertes en que se hallan pintados. Algunas veces las formas son algo confusas pero el mensaje mucho más violento es la obra de María Evelia Marmolejo (Pradera, Valle, 1954) quien utiliza su cuerpo y materias orgánicas (sangre, orín, placenta) para elaborar acciones que se encuentran ahora en documentación fotográficas; a pesar de la agresividad feminista del contenido y el asco producido por el shock ante ciertos materiales, la actitud de Marmolejo no deja de ser un poco pasada de moda e ingenua históricamente. Las fotografías de David Izquierdo (Bogotá, 1959) son misteriosas y muy bellas visualmente pero no se liberan de la facilidad cromática que produce el cibachrome, y aunque quieren ser descontextualizantes (son fotos de charcos sucios) no dejan de ser aburridas por su proliferación en revistas y ejercicios de estudiantes.
Beatríz González debe sentirse muy contenta pues su huella se percibe en los trabajos de Jorge Pachón (Bogotá, 1954) y Daniel Castro (Bogotá, 1960). De los dos, el más interesante es Pachón quien traspasa la fotografía social de revistas populares a cajas hechas de plexiglas; las figuras pintadas con esmalte de colores fuertes proyectan sus propias sombras como si se encontraran en el lugar real de la fiesta o coctel. Castro es una especie de desastre ya que en ningún momento se aparta ni del concepto ni de la ejecución de la obra de González; sus gigantescos papeles de colgadura nos recuerdan la cortina de Beatríz y sus títulos ("Murió intoxicado o papel de colgadura para un salón de té") son apenas variaciones débiles de los de la artista.
Luz Elena Castro (Armenia, 1955), reportera gráfica de "El Mundo" presenta una excéíente serie de fotos en color sobre detalles de los buses urbanos de Medellín que reunidas en grupos forman frases o sugieren extrañas asociaciones; otras de sus fotos en blanco y negro muestran, en secuencia, robos callejeros o personajes en actitudes cándidas. Los extraordinarios muebles de Santiago Uribe (Medellín, 1958) son producto de una investigación de la relación entre diseño industrial y la pintura contemporánea; de corte absolutamente postmodernista, usan formas retorcidas y colores fuertes para convertirse en objetos esenciálmente decorativos (o contra-decorativos?). Karen Lamassone (New York, 1954) exhibe dibujos inspirados en la velocidad de la imagen fílmica (24 cuadros por segundo) y de un humor inmediato, haciendo burlas a la pintura de Botero o Darío Morales, en cuya secuencia la modelo permanece impávida mientras la escenografía va destruyéndose. Lamassone presenta también los storyboard de la película "Pura Sangre" y un video, que a pesar de su complejidad temática permanece, como los dibujos, algo intrascendente.
Consuelo Gómez (Bogotá, 1955) expone una serie de brillantes esculturas en madera que se sostienen en equilibrio sobre un pequeño pedazo de vidrio o con varillas delgadas de bronce. Estas increíbles y excelentes piezas son acerca del balance y el espacio, ya que bocetan un dibujo de líneas rectas pero dinámicas que enfatizan su carácter aéreo. Nadin Ospina (Bogotá, 1960) elabora exquisitas y diminutas piezas en madera y cartón-paja, pintadas de colores vivos y contrastantes, que se colocan sobre superficies amplias logrando así una cualidad festiva, puramente lírica e inocente que recrea un universo sencillo, fantástico y alegre.
Aún con los ejemplos débiles, el VIII Salón Atenas es un escenario que demuestra que la imaginación de los artistas jóvenes del país está lejos de agotarse. Los trabajos de Nadin Ospina, Consuelo Gómez, Santiago Uribe y Luz Elena Castro son un muestrario del eclecticismo y de la inteligencia de algunos colombianos que, aunque inspirados en los trabajos de otros, pueden llegar a desarrollar un lenguaje personal definitivo. José Hernán Aguilar
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