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| 11/7/1994 12:00:00 AM

MENTIRAS VERDADERAS<BR>ASESINOS POR NATURALEZA




MENTIRAS VERDADERAS
Una película de acción y comedia con suficientes argumentos para hacer pasar un buen rato.

HABLAR DE una producción de James Cameron y Arnold Schwarzenegger y agregar que es costosa, es casi un pleonasmo. Desde Terminator, estrenada en 1984, la pareja compuesta por el director canadiense y el actor austríaco ha generado algunas de las películas de acción más taquilleras de la historia y también las más costosas. Con un presupuesto de 100 millones de dólares, Terminator 2, en 1991, fue en su momento la cinta más cara de Hollywood. Ahora, con Mentiras verdaderas, la pareja vuelve a treparse a la cima de los topes presupuestales, con un costo que superó los 120 millones de dólares.

Mentiras verdaderas narra las aventuras de un agente secreto estadounidense en su intento por interceptar a un grupo de terroristas árabes. La acción se da por descontada. Lo novedoso de este nuevo filme es la mezcla de tres géneros distintos: acción, comedia y espionaje tipo 007.

La introducción, que muestra a Schwarzenegger en su nueva presentación de agente secreto, no es otra cosa que una parodia de dos famosas películas de James Bond: De rusia con amor (el buzo que oculta un impecable smokin debajo de su traje) y Al servicio de su majestad (la balacera en esquíes sobre la nieve). Parodia o burda imitación, lo cierto es que esta secuencia está bien hecha y bien interpretada; tanto que, incluso, son muchos los que piensan que Schwarzenegger puede haber dejado sin empleo a Pierce Brosnan, el nuevo 007.

La segunda parte es una historia de celos entre el agente secreto y su esposa (Jamie Lee Curtis), que desvía la atención central de la cinta por varios minutos. Como dato curioso, este relato interno es en realidad la base de todo el filme. Se trata de la versión de Cameron de la película francesa La Totale, de Claude Zidi, una comedia de engaño e infidelidad entre un agente encubierto y su ingenua pero audaz esposa.

Cameron agregó a la comedia un comienzo emocionante y un desenlace espectacular. Y le funcionó. El descrestante final es un bombardeo de efectos especiales que incluyen la utilización de un Harrier, nave de la Fuerza Aérea estadounidense que tiene la capacidad de despegar en forma vertical. Independientemente de los demás efectos, las escenas del avión son capaces de dejar boquiabierto al espectador más exigente.

Sumado este final, la película tiene la virtud de no tomarse en serio y de no pretender otra cosa que la diversión del público. Y a pesar de la distracción que genera el cruce de una comedia en medio de una cinta de acción, en este género, que suele explotar exclusivamente la violencia, Mentiras verdaderas posee suficientes ingredientes adicionales como para hacer pasar un buen rato.



ASESINOS POR NATURALEZA
Aunque excedido, como es su costumbre, Oliver Stone presenta una escalofriante visión sobre la violencia social contemporánea.
TAL VEZ DESDE La naranja mecánica no había aparecido una cinta que enfrentara tan descarnadamente el tema de la violencia social. Si la de Stanley Kubrick levantó polvo durante toda la década de los 70, la nueva película de Oliver Stone ha levantado ampolla por donde pasa.

Los que conocen a Stone saben que no tiene reparos a la hora de hacer cuestionamientos en sus películas. La trilogía sobre Vietnam y su reconstrucción del asesinato del presidente Kennedy, en JFK, lo confirman.

Ahora, con Asesinos por naturaleza, Oliver Stone explora las raíces sicológicas y culturales de la demente violencia social y la monstruosa relación que tienen los medios informativos .

La película es la historia de una pareja de amantes (Woody Harrelson y Juliette Lewis), golpeados por una niñez miserable, cuyas acciones harían palidecer a Bonnie y Clyde, famosa pareja de asaltantes de la década de los 30 -esta sí real- que los medios de comunicación y el cine se encargaron de mitificar.

A esta relación entre los crímenes atroces y su explotación periodística apunta toda la crítica de Stone. La cinta, surrealista y sicodélica, explota al máximo los elementos visuales y auditivos para impresionar al espectador con escenas y secuencias escalofriantes. Ha sido catalogada de demencial y abominable; da la impresión de que Stone quisiera producir repugnancia con ella. Y la verdad es que cualquier espectador sale aturdido al verla.

Aunque para algunos se trate de una descarada apología del delito, Stone toca las fibras más sensibles de la crisis social contemporánea. Esta visión, atrevida como pocas, unida a una excelente edición y una cinematografía cuidada hasta en el más mínimo detalle, la rescatan de una simple impresión intimidadora. Es el retorno al cine negro de antaño, pero actualizado, con todas las consecuencias que tal actualización conlleva.

No cabe duda de que es una película excesivamente fuerte, durísima de asimilar. Tal vez este exceso es el que mayor rechazo produce. No obstante, su realización es brillante, y en última instancia, tiene el poder de causar la reflexión entre el público sobre la subversión de los valores y sobre la alarmante destrucción social del mundo moderno.
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