Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1992/07/06 00:00

Mi alma se la dejo al diablo

Con un sobresaliente trabajo escenógrafico y bajo la dirección de Ricardo Camacho, el Teatro Libre de Bogotá presenta "Las almas muertas", del escritor ruso Nicolás Gógol.

Mi alma se la dejo al diablo

ADEMAS DE SER el máximo representante de la literatura realista rusa, Nicolás Gógol tuvo en su poder el don de servir de piedra angular en el desarrollo artístico de los grandes escritores de su país que le sucedieron. Detrás del genio creador de Dostoievski, Tolstoi y Gorki, la influencia de Gógol se dejó sentir con toda su fuerza en cada uno de ellos. A tal punto que dejó su nombre inscrito en la lista de los más importantes escritores de la historia de la literatura rusa.
Inspirador de un extremo realismo en sus obras, Gógol tuvo que soportar la persecución de la censura zarista, en una época terrorífica para Rusia. Su obra "Las almas muertas", publicada en 1845, fue una de las más controvertidas de su tiempo. Los organismos de control estatal obligaron al autor a cambiar el título de la obra por el de "Aventuras de Chíchicov", para lo cual Gógol tuvo que idear una estratagema en aras de camuflar en arabescos el verdadero título de la novela en la carátula.
Y no era para menos. La obra de Gógol, que narra las aventuras de un estafador dedicado al oscuro negocio de almas muertas, desnudó la corrupción burocrática de los altos funcionarios rusos y la ambición voraz de los terratenientes, en el período de mayor esclavitud en Rusia. Su protagonista, un ex funcionario civil que se presenta siempre con una tarjeta de consejero colegiado, posee la astucia suficiente como para enriquecerse fácilmente por medio de "estafas legales" que sólo le representan por riesgo unos cuantos días en una cárcel provinciana. Detrás de sus aventuras, Gógol logra exponer fielmente las características típicas de la sociedad rusa de su época.
Adaptada al teatro por el dramaturgo Arthur Adamov y bajo la dirección de Ricardo Camacho, "Las almas muertas", que por estos días se presenta en el Teatro Libre de Bogotá, intenta retratar ese espíritu satírico pero crudamente realista de Gógol. Con un espléndido y delicado trabajo escenográfico (diseñado por Gabriela Menéndez) y la participación de actores de la talla de Héctor Bayona, Jorge Plata, Nicolás Montero y Carlota Llano, el montaje de la obra sobresale por su brillante manejo de la escena y del decorado, y por la agilidad en la narración. Sin duda, es un trabajo maduro, aunque con pequeños tintes deslucidos, como es el hecho de reemplazar la expresividad (en la que no sólo participa la voz) por estruendosos e innecesarios gritos -más bien desordenados e inadecuados- en algunos pasajes de la obra.-

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