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| 1/17/2000 12:00:00 AM

MI ESPACIO

Arreando estaño, infidelidades y controladores.

Encontrar que el reducto en donde operan los controladores de vuelo es un lugar tan caótico
y bullicioso como cualquier feria de ganado y que los mensajes tierra-aire y viceversa son tan crípticos
como las apuestas mudas en una gallera puede ser una noticia no muy alentadora para muchos, pero no por
eso se puede descartar como tema para una buena película. Sin embargo el contrapunto que el director Mike
Nivell (Cuatro matrimonios y un funeral) intenta establecer entre lo que ocurre dentro de la torre de control
del aeropuerto congestionado de Newark y en las salas de las casas en los suburbios de clase media de
Nueva York, en donde viven dichos controladores, en último término no parecen más que dos retazos de tela
cosidos de manera que se ven demasiado las costuras. De acuerdo, se trata más de una comedia de
costumbres que de un docudrama de acción lleno de efectos especiales que dan cuenta de las proezas de
la alta tecnología, pero el comportamiento de los personajes involucrados (dentro y fuera de la torre de control)
se reduce a esa especie de compinchería a la vez tierna y patana, más propia de un campus universitario
en donde jóvenes de ambos sexos (en este caso sobre todo el masculino) descubren cosas como la
amistad y el amor y sus posibles abismos, que de un grupo de profesionales rayanos en los 40 que hace
mucho tiempo pisaron por última vez su alma mater. Casi todos los personajes de Mi espacio (pushing tin,
algo como 'arreando estaño') ya cargan con dos, tres y hasta cuatro matrimonios a cuestas pero se siguen
comportando con esa desfachatez de adolescentes eternos tan común en el cine gringo. Uno de los
controladores de vuelo, Nick Falzone (John Cusack), le es infiel a su esposa Connie (Kate Blanchett) con la
esposa de un colega, Russell (Billy B. Thornton), una trigueña harto apetitosa y alcohólica que parece
mucho mayor que los 19 años que le atribuyen, (Angelina Jolie) y, luego, los dos machos proceden a
resolver el impasse con gracia juvenil bien actuada pero demasiado mayores para el papel que juegan ya sea
como compinches, esposos o controladores de vuelo: el contrario de niños metidos a grandes. Algunos de los
efectos especiales que ocurren dentro de la torre de control muestran esas descomunales ballenas
flotantes de estaño que hoy circundan el globo en el famoso approach a tierra darían para un excelente
documental con voz en off (ocho kilómetros es la distancia mínima para que la turbulencia de un 747 no
afecte a otra aeronave) y, sin embargo, Falzone y Russell se meten debajo de las 16 o más llantas para
que dicha turbulencia les peine los mutuos cuernos en un acto de epifanía y reconciliación. Hay algo en este
cine de fórmulas que hace que, a pesar de sus pasajeros méritos, siempre sea mejor verlo después, en la
cama, con cinco videos a bordo y cuando no importa si da sueño. n Toy Story 2 uando se habla de los
alcances de la animación en el cine el director John Lesseter se convierte en referencia obligada. Los más
de 360 millones de dólares de recaudo en taquilla que logró con su película Toy Story en su primera
versión, los 22 millones de videocasetes que se vendieron de la misma en Estados Unidos y el despliegue
técnico que también ofreció con Bichos así lo demuestran. La calidad de estas producciones es un buen
antecedente de la segunda versión de Toy Story, también protagonizada por Woody, el vaquero, y Buzz
Lightyear, el juguete intergaláctico, quienes ya se disputaron la preferencia de Andy, su dueño. En esta
ocasión el dilema que mueve a los personajes es la posibilidad de que llegue el día en que Andy crezca y
ellos pierdan su razón de ser, para terminar en un baúl de objetos inservibles. Todo empieza cuando Al
McWhiggin, un coleccionista de juguetes, rapta a Woody, impresionado por encontrar un ejemplar de sus
características. Woody no sabe cuál será su futuro y la tentación de dejar de hacer sonreír a un niño para
convertirse en pieza de un museo lo invade ante lo inevitable: Andy algún día lo dejará de querer. Es allí
donde sus compañeros de habitación, el invencible Buzz Lightyear, el señor 'cara de papa', 'Slinky Dog',
'Rex' y 'Mamm' intervienen para que Woody entienda su destino, no sin antes superar todo tipo de aventuras.
Bajo una impresionante muestra de tecnología el guión de Toy Story 2, al igual que el primero, está
destinado a todos los públicos, en especial para quienes buscan el entretenimiento y no para quienes
defienden las historias complejas con el pretexto de que sólo ellas son el sinónimo del buen cine.
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