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| 9/16/2006 12:00:00 AM

Miami Vice

La serie de televisión de los 80 le sirve a su creador para explorar la tragedia de dos policías infiltrados en la mafia.

Título original: Miami Vice.
Año de estreno: 2006.
Dirección: Michael Mann.
Actores: Colin Farrell, Jamie Foxx, Gong Li, Luis Tosar, Naomie Harris, John Ortiz, Barry Shabaka Henley, Ciaran Hints.

Ninguna película realizada por Michael Mann, ni siquiera esta, con todos sus disparos al aire, puede darse por sentada. Estamos hablando, a fin de cuentas, del director que en 1995 presentó una de las obras fundamentales del cine de los 90: Fuego contra fuego. Estamos hablando del cineasta que, por medio de guiones ambiciosos, manejos de cámaras brillantes y montajes cuidadosos, hizo memorables largometrajes como El último de los mohicanos, El informante y Colateral, que eran, en el papel, obras menores. Mann nos acostumbró, en suma, a trasformar relatos simples, cargados de buenos personajes, en hipnóticas aventuras épicas. Y Miami Vice, vagamente inspirada en la célebre serie de televisión de los 80, tiene las virtudes de siempre, la ambición, las cámaras y el montaje, pero, como sus protagonistas no pasan de ser un par de maniquíes que pronuncian frases muy serias, se ve ridícula siempre que trata de convencernos de que nos está contando una legendaria tragedia sobre policías que consiguen infiltrarse en el peligroso mundo del narcotráfico.

La ausencia de sentido del humor produce risa. Y Miami Vice, tan grave, tan enfática, está plagada de chistes involuntarios: los lamentables diálogos amorosos, las escenas de sexo que no vienen al caso y los erráticos bailes de salsa son sólo algunos de estos. Ciertos espectadores colombianos, los patriotas energúmenos de siempre, dirán que Hollywood ha vuelto a ofender a este hermoso país que es mucho más que un par de delincuentes, pero los demás, los que sabemos que este país es mucho más que un par de delincuentes (de hecho todos los países lo son), también nos moriremos de la risa cuando veamos los falsos planos de Barranquilla, las montañas frondosas de La Guajira y los gestos malévolos de aquel mafioso colombiano llamado Arcángel de Jesús Montoya. Será decepcionante comprobar, eso sí, que ni siquiera Mann, uno de los grandes realizadores de estos años, está más allá del provincianismo norteamericano. Pero mucho peor será la desilusión que producirán esos planos grandilocuentes, supuestamente poéticos, que tratarán de convencernos, sin fortuna, de que esto es mucho más que una película de policías.

Mann ha declarado, en diferentes entrevistas, que no le interesaba revivir la famosa serie de televisión que inventó en 1984. Cuesta comprender, por eso, que haya conservado el título de aquella producción o que haya insistido en que los dos detectives protagonistas se llamaran (como en la serie) James 'Sonny' Crockett y Ricardo 'Rico' Tubbs. Lo más probable es que estuviera buscando un pretexto, una idea en apariencia rentable, para volver a esa épica del mundo criminal que nos deja sin palabras cuando vemos Fuego contra fuego. Es una verdadera lástima que esta vez la prosopopeya de la forma ponga en evidencia todos los caprichos de la historia.
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