Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2010/10/16 00:00

Micmacs

Jean Pierre Jeunet vuelve con una película que es prueba, para bien y para mal, del tamaño de su ingenio. Conozca las películas del momento.

El desamparado Bazil (Dany Boon) consigue la ayuda de una familia callejera, para vengarse de los fabricantes de las minas antipersonales que mataron a su padre.

Título original: Micmacs à tire-larigot
Año de estreno: 2009
Género: Drama
Dirección: Jean Pierre Jeunet
Guión: Jean Pierre Jeunet y Guillaume Laurant
Actores: Dany Boon, Julie Ferrier, André Dussolier, Dominque Pinon, Jean-Pierre Mariella, Nicolas Marié

En fútbol se llama “una de más”: engolosinarse con la pelota. En humor se habla de “arruinar el chiste”: exprimirlo, alargarlo, explotarlo cuando la gente ya ha terminado de reírse. En narrativa, desde las novelas hasta las películas, se discuten los peligros de caer en el “exceso de ingenio”: los españoles, que en estos años han dado al mundo tantos cineastas retorcidos, lo han llamado “rizar el rizo”. Quien vea Micmacs, el nuevo largometraje del francés Jean-Pierre Jeunet, necesitará todas estas expresiones para entender qué está sintiendo. Siempre, desde el principio de una carrera que comprende producciones tan apabullantes como Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos y Amélie, Jeunet ha hecho del barroquismo su marca de estilo. Sufre lo que los historiadores del arte han llamado “horror al vacío”. Todos sus encuadres están cargados de detalles. Todas sus secuencias le apuntan a la originalidad.

En Micmacs hace todos los pases de taquito, repite la broma porque tuvo éxito y llega al clímax por el camino más largo.

La verdad es que muchas veces le había funcionado la estrategia: no he vuelto a ver Amélie desde que fue estrenada, por puro y físico miedo a la decepción que suele producir enfrentarse a las películas que años antes nos gustaron tanto, pero la recuerdo como una historia conmovedora que tenía que ser contada precisamente de esa manera.

Todo en Micmacs, en cambio, parece innecesario. Desde el arranque, en el que vemos cómo el protagonista, Bazil, se convierte en un hombre con una bala en la cabeza, nos damos cuenta de que todo será narrado de la manera más astuta posible: con ángulos de cámara novedosos, con primeros planos inesperados, con diálogos caricaturescos que sean de paso un homenaje al cine negro de Hollywood. Desde el comienzo, cuando Bazil descubre que los fabricantes del proyectil que le dejó semejante cicatriz en la frente son los mismos que produjeron la mina antipersonal que acabó con la vida de su padre, sentimos que la película se sostendrá gracias a la manera como va a estar contada, pero al tiempo nos asalta la sospecha de que no va a tener mucho que contar.

Micmacs es forma sin fondo. O mejor: forma que desconfía profundamente en el fondo, forma que sabe, aquí entre nos, que no carga a cuestas fondo alguno.

Sin casa, sin trabajo, sin nadie que lo quiera, el tal Bazil encuentra una familia callejera que le ayuda a planear su venganza contra esos traficantes de armas que engordan las guerras y se lavan las manos con la frase “son solo negocios”. Ver a ese grupo de vengadores, que parece un homenaje a Freaks (1932), de Tod Browning, tiene su gracia, pero es un placer a medias: la contorsionista, el inventor, el anciano sabio, la madre con cara de gallina, el negro de voz honda, el hombre bala y la adolescente tímida son buenos personajes que han escapado de una película mucho mejor.
 
 
Películas del momento
 
Ciudad de vida y muerte ***
El cineasta Lu Chuan escribe y dirige esta película épica sobre la “violación de Nanjing”, filmada en un hermoso blanco y negro.

La carretera **
La adaptación de la gran novela de Cormac McCarthy es una pintura lúgubre de una hora y media.

Madre e hija **
El prestigioso cineasta Rodrigo García presenta un drama tan conmovedor y tan desconcertante como sus primeras películas.

Camino **
Una fábula española, ganadora de seis premios Goya, que reflexiona sobre el sentido del dolor en nuestras vidas.

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