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| 5/12/2003 12:00:00 AM

Mirada a la Guerra de los Mil Días

Adela Donadío, directora de "Los infortunios de la Bella Otero y otras desdichas", habla del montaje y acerca del legado literario del dramaturgo José Manuel Freidel

SEMANA: ¿Cuál es el principal aporte de Freidel al teatro colombiano? ADELA DONADIO: José Manuel Freidel plantea un rompimiento en el Teatro Colombiano. Cuando todos hacíamos teatro de denuncia él, con una voz muy singular y propia, introduce elementos poéticos tanto en el lenguaje como en el estilo de puesta en escena. Sus obras, un cuerpo de más de 30 textos escritos en sus 39 años de vida, recrean situaciones dramáticas que se enmarcan en momentos que son claves para la historia de Colombia. Ese es para mí uno de sus grandes aportes, la ficción histórica, por decirlo de alguna manera, y un teatro comprometido con darle voz al dolor de la realidad. SEMANA:¿Cuáles momentos de la historia recreó en sus dramas? A.D. "Amantina o la historia de un desamor" narra la historia de tres mujeres en la violencia de los años 40. "Las tardes de Manuela" recrea la vida de Manuela Sáenz. En "el monólogo "Ay, Días Chiqui", trata el problema de la limpieza de travestis y homosexuales que en los años 80 afectó a ciudades como Pereira y Medellín. En todas sus obras se cuela un trozo de historia y realidad, con personajes que a veces nos resultan hasta familiares. SEMANA:¿De qué se nutría Freidel para trabajar sus textos? A.D. Su obra reúne voces poéticas y voces populares, en ellas combina estilos y registros de habla de una manera singular. A nivel de las estructuras dramáticas sus obras son muy clásicas porque siempre hay una progresión dramática clara, pero la narrativa no es lineal y en este sentido es muy contemporáneo. En términos generales podría decir que se trata de un autor prolífico, complejo, original y transgresor. SEMANA:¿Cómo fue la adaptación que realizaron Ana María Vallejo y usted del texto original? A.D. Para hacer la adaptación tuve en cuenta una definición que el mismo autor había resumido en una vieja libreta de apuntes y es la idea de la comarca como ese lugar rural alejado de los centros de poder, solitario y desolado ( y esto se traduce en el espacio escénico, diseñado por Philippe Legler, que alude al territorio de pedruscos, a la aridez, a la carencia y al derrumbe que deja la guerra) al que la guerra llega, dejando en sus habitantes hambre, necesidades, tristeza y muerte. SEMANA:¿Por qué escogió esta obra en particular que trata sobre la guerra de los Mil Días? A.D. Quise hacer una obra sobre La Guerra de los Mil Días de una manera más comprometida. En muchos aspectos esta guerra es como las guerras de ahora, pero en otros no y esto quise resaltarlo en el montaje. Aquella fue una guerra muy satanizada por los curas (en la obra sólo hay un sacristán que resume este aspecto) ellos y los conservadores tenían el poder y los liberales fueron a la guerra con fervor y convicción (cosas que uno duda que ahora exista) porque la tiranía de la regeneración había sofocado las libertades elementales de los ciudadanos. Ese fervor, que visto desde aquí resulta romántico, está resaltado en escenas como la conspiración en la barbería. En la escena de la cantina hay una adaptación de la versión original porque dado que ella evoca a los guerreros, pensamos con Ana María Vallejo que era importante incluir los testimonios de los soldados de ambos bandos. SEMANA:. No es fácil abordar en hora y media un tema tan complejo? A.D. Sabemos que de la complejidad de toda una época no puede dar cuenta el teatro, pero en esta versión de la obra me propuse darle peso histórico a cada personaje. El sacristán, como representante del poder religioso y del control de un pequeño pueblo a todo nivel. El Mendigo de Andares, el informante de la época que lleva noticias de los movimientos de ambos bandos ( pues el telégrafo era lo primero que destruían los combatientes). En esta guerra hubo postas y espías pagados. Las mendigas resumen al pueblo necesitado y sin esperanza. Los conspiradores resumen la actividad clandestina de los liberales y su discurso de avanzada (seudocientífico). progresista). El general Galindo, ebrio como la mayoría de los combatientes. El político liberal, arrepentido de algo que fue real, la imprevisión con que se lanzaron a la guerra, sin armas, sin mayores estrategias. De esta manera a cada personaje se le buscó ese peso histórico. SEMANA:¿Cómo manejaron semejante cantidad de símbolos? A.D. La obra está dividida en tres partes. Las dos primeras son más colectivas y la última es más íntima, aunque la guerra se introduce a la alcoba con cada uno de los visitantes. La escena de la guerra, cuando el abanderado cruza la escena, es un homenaje que quise hacer a ese fervor romántico de los liberales que daban la vida por ocupar este rol, aún sabiendo que podían morir. Las banderas llegaron a ser cualquier trapo rojo. En este momento del montaje trato de sintetizar muchos testimonios de los combatiente y de transformarlos en imagen. Uno de los soldados aparece con el pantalón a la rodilla. Era la forma de identificarse los liberales, que nunca tuvieron uniforme. SEMANA: En el montaje a ratos se perciben ciertas escenas alegóricas, como las de esas postales de comienzo de siglo sobre la Democracia o la Justicia representadas por mujeres-cuasiestatuas rodeadas de banderas y otros símbolos. A.D. Puede ser? Las escenas de la iglesia con las tentaciones del ángel y el demonio están propuestas por el autor así como el cuadro final de La Muerte de La Bella, que se inspira en la iconografía popular que se llama "La muerte del Justo" y es la imagen de un moribundo y la disputa por su alma, entre el ángel y el demonio. Estas imágenes están recreadas muy sutilmente pero buscan que se reconozca esta alusión a la iconografía popular. El entierro de los niños, lo introduje como otro homenaje a la pintura colombiana.. El cuadro inspirador de la imagen escénica es de Ramón Torres Méndez, "Entierro de un niño en el Valle de Tenza" (1878) . SEMANA:¿Cuál fue el aporte de los historiadores Jaime Jaramillo Uribe y Aída Martínez? A.D. Jaime Jaramillo Uribe fue un colaborador invaluable para el proyecto. Con el consulté todas mis dudas, me ayudo a entender las mentalidades de los partidos enfrentados y de los ideales liberales. Me dio la bibliografía básica que me permitió estudiar sobre todos los aspectos de la época. Aída Martínez estuvo reunida con todo el grupo y nos habló de tantas aspectos de La Guerra de los Mil Días que hasta nos quedó sonando hacer otra obra con todo lo que en esta ya no tenía cabida. Nos resolvió inquietudes y nos confirmó otros aspectos que ya habíamos trabajado, por ejemplo el papel de las mujeres en la guerra, tanto el de las beatas conservadoras que multiplicaban el discurso político religioso,(Juana de la Concepción en al obra) como el de las mujeres liberales que sirvieron de espías y lucharon en la guerra directamente ( en la obra, esta guerrillera es la Jofaina la del Carmelo). Ella nos confirmó lo de la embriaguez de los generales y soldados, el uso de los santos y señas y las consignas. De igual manera nos dio un registro de todos los epítetos con los que se calificaba entre sí los liberales y los conservadores. Con ellos enriquecimos algunas partes del texto. SEMANA:¿En esa época había policía secreta? Eso suena más A Laureano Gómez, a Rojas Pinilla? A.D. Hay referencias en la obra a La Secreta y Aída piensa que este dato no corresponde a la época exactamente, porque no existía la Policía Secreta. Quise dejarlo porque la obra no tiene como objetivo el rigor histórico y La Secreta es importante en la historia dramática y hace parte de una referencia colectiva de otras épocas de violencia.
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