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| 9/18/1989 12:00:00 AM

MIRAR ATRAS

George Rudé pone la Revolución Francesa al alcance de todos.

"La Revolución Francesa" George Rudé
Vergara-Tercer Mundo Editores 306 páginas. Bogotá, 1989.

Son la celebración del bicentenario de la Revolución Francesa aparecen por estos días en las librerías una serie de publicaciones sobre este tema histórico, que no ha dejado de renovar sus puntos de vista a la luz de las diversas disciplinas. De hecho, la bibliografía al respecto es abundante, pero no para el lector común, quien busca, más que estudios especializados, una visión panorámica de la Revolución, el retrato de los personajes que fueron sus protagonistas bajo una comprensión general de los hechos. Como iniciativa editorial, Vergara y Tercer Mundo han preparado una serie de seis títulos, de los cuales dos ya han sido publicados: "La Revolución Francesa", de George Rudé, y "Los hombres de la Revolución", de Louis Madelin. Estos volumenes, si bien no son tratados históricos referidos a consideraciones teóricas, son obras de importancia, escritas por historiadores de un saber, una cultura y un vigor que los acredita entre los más relumbrantes autores dentro de la reciente historiografía.
Rudé, por ejemplo, es autor de otros 14 volúmenes sobre este período y lo que ha hecho con "La Revolución Francesa" es presentar un cuadro general, que abarca desde los años que precedieron al estallido de la revolución hasta la conformación de la historia europea modificada por los cruciales sucesos que tuvieron lugar en la Francia de Luis XVI.

El hecho que Rudé haya escrito su libro recientemente tiene algunas ventajas. Esto significa que se ha nutrido de los más recientes estudios que aportan a la historia de la revolución nuevas y renovadas perspectivas. Y es que en la historia, los hechos y sus interpretaciones tienen tan cambiantes relaciones que su visión particular está sometida a las leyes de la óptica de quien los describe. Es la tarea del historiador, en su diferencia con el cronista, pues el primero ha de descubrir, tras los hechos, las fuerzas sociales, individuales, políticas, religiosas o económicas que los producen. Como presentación del tema el autor ofrece, en los primeros capítulos, un esbozo de las obras de los más destacados historiadores de la revolución. Burke, a quien impugna por atacar a la revolución "en su cuna" y por ignorar su origen social; luego pasa revista por las obras de Taine, Cochin, Madame de Stael, Michelet y Tocqueville para luego entrar en el siglo XX con la historia social de Jaures y las teorías políticas de Marhiez y Lefebvre, que funda la concepción marxista de la historia de la revolución, para culminar con los aportes de Saboul, continuador de Lefebvre.

Esta pequeña reseña histórica de los historiadores de la Revolución Francesa es uno de los más apasionantes capítulos del libro--el libro entero sin duda lo es--porque en pocas páginas Rudé resume, con las distintas tendencias intelectuales que han interpretado de una u otra manera la Revolución Francesa, las teorías generales de la historia. En la posición particular de George Rudé se concilia la visión de los liberales, como Mignet, quienes vieron en la revolución un movimiento político "desde arriba" promovido por las clases más respetables, como la aristocracia liberal y la burguesía, conciliándose este punto de vista con el enfoque social de Jaures quien, sin ignorar el papel representado por las crisis políticas en el seno del alto gobierno, considera la revolución como la consecuencia necesaria, tras una larga acumulación de tensiones de fuerzas sociales que producen un choque en el momento en que la explosión era inevitable. Y es precisamente a partir de los interrogantes acerca del origen del movimiento revolucionario que George Rudé inicia su discurso histórico.
¿Por qué en Francia--se pregunta- y no en otro lugar de Europa estalló la revolución? La respuesta de Rudé es cautelosa: porque en ninguna otra nación se dio la combinación de elementos, tal como apareció en Francia.

A partir de 1775 esos elementos de la crisis social, política y económica se fueron encajando como en una auténtica máquina revolucionaria, que cuando echó a andar tuvo el poder de "trasladar el peso de la autoridad política a la nación en general", haciendo avanzar el movimiento, político y revolucionario, en las etapas que lograron la formación de una sociedad, como no se había visto jamás.
El panorama de la Francia prerevolucionaria y los episodios de la revolución, la toma de La Bastilla, la Comuna, la monarquía constitucional y luego la lucha por el poder, el ascenso de Napoleón, el consulado y el imperio han sido relatados por el autor con la objetividad de quien ha sopesado los hechos y conocido las teorías de la historia, sacando a luz las diversas interpretaciones para enseñar los sucesos en su cadena compleja de causas y efectos. Sin dar un uso político o un sesgo ideológico a su exposición en función de posiciones actuales, y alertando acerca del peligro que los historiadores corren al leer retrospectivamente la historia para hacerla hablar el lenguaje de sus prejuicios o sus satisfacciones intelectuales, Rudé legitima la explosión revolucionaria como la protesta política que una sociedad configura ante un régimen caduco, enlazando el acontecer social con las ideas de quienes sembraron la semilla revolucionaria: Voltaire, Rousseau, Mirabeau.

Es interesante comprobar cómo el autor al no limitarse a la constatación narración de los hechos, va siempre en busca de las causas profundas, las próximas y remotas, para conformar la relación de la historia con los hombres que la producen. Tras el estallido de la revolución sus consecuencias fueron impensables, pues que el hecho capital que arrastró al continente europeo por caminos impredecibles. Sin duda, "La Revolución Francesa", de George Rudé, corresponde a las expectativas exigencias del lector de hoy, reclama nuestra tención por su envolvente forma exositiva, pero también arranca a cada ágina nuestra admiración por la omprensión y el rigor histórico, que son, en definitiva, sus mejores tributos. -
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