Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1999/05/17 00:00

MIRE Y COMPARE

Los cambios que hizo Gabo a su último cuento son contundentes. Doble columna.

MIRE Y COMPARE

Los hechos El 18 de marzo pasado Gabriel García Márquez leyó un cuento suyo, titulado En
agosto nos vemos, durante el Foro de la Sociedad General de Autores de España, que se realizó en la Casa
de América de Madrid. La publicación El Remolino consiguió para sus lectores la exclusiva de esta versión
original. Veinte días después la revista Cambio, en su edición #303, publicaba el mismo cuento y explicaba
que, luego de la lectura en España, "Gabo cayó en la cuenta de que muchos de sus apartes podían mejorar.
Como en efecto hizo, luego de trabajarlo a fondo durante un día más". Y el trabajo fue en verdad a fondo, pues
los cambios realizados son notables. Vale la pena señalar que la primera versión es más local, con
detalles que ubican claramente el desarrollo del cuento en Colombia; en la última se suprimen de manera
masiva esos detalles. El argumento Para quienes no hayan leído el cuento, se lo echamos en grandes líneas:
la protagonista es una mujer cincuentona casada y de buen ver, quien cada año en agosto visita la tumba de
su madre, muerta 28 años atrás. Ella está enterrada en la isla de una ciénaga en cuya orilla hay un pueblo
triste y pobre y allí hay un hotel más triste y más pobre. La mujer se instala en el hotel y en la noche va al bar,
donde coquetea con un tipo, a quien casi a rastras se lleva a la cama. Cuando despierta al día siguiente el
hombre se ha ido ya, pero le ha dejado una sorpresa. Fin.
Primera versión La mujer se llama Marisol Perico Bell. El hombre es un narcotraficante: "Se dio cuenta de
que... era un papacito y un narcotraficante". "Vestía de lino blanco, como en los tiempos de su padre, con el
cabello teñido y el bigote de narcotraficante terminado en puntas". Además tenía "un reloj de cuarzo de 2.000
dólares...". Ella mira la ciénaga a media noche y ve "las avionetas aleteando sin glifosato en la borrasca".
Marisol "había fornicado y dormido por trigésima sexta vez en su vida con un hombre que no era el suyo".
Luego del acto amoroso, Marisol le dice al hombre: "Uy papito (...) ¿No le gustó?". Ella ha leído el Lazarillo de
Tormes, Ven amada mía y Aeropuerto. Ahora se interesa por "las novelas de autosuperación". Marisol tiene
reloj Hello Kitty, marca las páginas del libro que lee con una lámina de chocolatina Jet, se echa desodorante
Rexona, su cuarto huele a Baygón, usa pintalabios Labirette y Crema S de Pond's, suele hacer mercado en
Carulla, estudió en la Universidad del Atlántico, el último aliento de su padre fue un 'aliento Halls'. Por su parte,
él usa colonia Denim "para el hombre que no necesita esforzarse demasiado". Y, finalmente, hay un cambio
singular en la última frase del cuento, que se transcribe íntegra: "Sólo cuando cogió el libro de la mesa de
noche para guardarlo en el maletín se dio cuenta de que él le había dejado entre sus páginas de horror el último
ejemplar de la revista Cambio". Segundaversión La mujer se llama Ana Magdalena Bach. Ella "se dio cuenta
de que era un hombre bueno y cobarde". "Vestía de lino blanco, como en los tiempos de su padre, con el
cabello metálico y el bigote de mosquetero terminado en puntas". El reloj es ahora sólo "de leontina".
Desaparecen las avionetas de los narcotraficantes y aparecen "las garzas azules aleteando sin aire en
la borrasca". Ana Magdalena lo había hecho "por primera vez en su vida con un hombre que no era el suyo".
Ana Magdalena dice: "Me pareció muy hombre (...) ¿no fue un placer?". Ella ha leído el Lazarillo de Tormes, El
viejo y el mar y El extranjero. Ahora se dedica a "las novelas sobrenaturales". Ana Magdalena usa un reloj de
hombre; la lámina de la chocolatina se convierte en un cortapapeles de marfil; usa simplemente
desodorante, el Baygón es el olor a insecticida, el Labirette, un lápiz labial de "vaselina simple" y la crema
Pond's, un cosmético. Carulla es solo un mercado; no se sabe dónde estudió y al último aliento de su padre
le desaparece el toque de Halls, así como desaparece también la colonia Denim del hombre con su mensaje
publicitario y en cambio flota "un fuerte olor a agua de lavanda". "Sólo cuando cogió el libro de la mesa de
noche para guardarlo en el maletín se dio cuenta de que él le había dejado entre sus páginas de horror un
billete de 20 dólares".

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