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| 7/30/1990 12:00:00 AM

MISION POSIBLE

Lo que no han podido hacer las autoridades colombianas, coger al capo del narcotráfico, lo logra el equipo de Misión:Imposible en un capítulo de la serie.


"Bogotá, Colombia fue conocida como la Atenas de Suramérica. Ahora, está sitiada por los narcotraficantes. Su misión Jim, si decide aceptarla, es evitar que Esteban Magdalena derroque al gobierno de Colombia, y traerlo a los Estados Unidos para que sea juzgado. Como siempre si usted o alguno de su colaboradores es capturado o muerto, la Secretaría negará cualquier conocimiento de sus actividades. Esta grabación se autodestruirá en cinco segundos. Buena suerte Jim". Con estas palabras se inicia un capítulo de la famosa serie Misión: Imposible, que esta vez no recoge ni problemas de dictadores tropicales, ni episodios de la guerra fría, sino el tema de los capos de la droga en Colombia.

Cuando Jim Phelps, el canoso y bien plantado jefe del grupo escucha las instrucciones de su misión, el disco óptico láser va mostrando las escenas del asesinato de Luis Carlos Galán, el carro destruido en que viajaba Antonio Roldán Betancur y los destrozos causados por la bomba al edificio del DAS. Según la voz de la grabación, la muerte de un juez, Juan Silvero, se presenta como el golpe más rudo que ha recibido el pueblo colombiano, razón por la cual se hace necesaria la presencia de la IMF (Imposible Mission Force).

El capítulo, que se transmitió hace algunas semanas en los Estados Unidos, no ha sido doblado al español y ni siquiera se sabe si se permitirá su emisión en Colombia. Comienza con las dramáticas imágenes que muestran cómo los hombres de Magdalena, el "padrino del narcotráfico colombiano", arrojan desde un helicóptero el cuerpo del juez Silvero, un hombre conocido por su rectitud y firmeza ante la mirada angustiada e impotente de su familia y de un periodista que esperaban que el rehén fuera entregado sano y salvo.

Los guionistas de la serie echaron mano de todos los ingredientes de la realidad del narcoterrorismo y del narcotráfico colombiano, para armar una de las misiones más apasionantes. Por un lado, a la bella Casey Randall, la mujer del grupo, se le encomienda el papel de una cantante que debe lograr un contrato para actuar en la discoteca "La orquídea azul", que pertenece al clan Magdalena. Por su parte, Max Harte, el atlético rubio australiano, se infiltra en la organización al hacerse pasar por un mercenario que da entrenamiento al ejército privado del "padrino". Y Phelps es, nada más ni nada menos, un traficante de armas que hace contacto con los criminales para venderles unos sofisticados misiles.

Pero en esta ocasión, la suerte le juega una mala pasada a los "duros" del espionaje. Casey, que ha logrado a través de Luis Magdalena, sobrino del capo, un contrato para cantar en la discoteca, sufre un accidente. Cuando viaja en compañía de Luis en uno de los jets privados de la organización, son víctimas del mal tiempo que reina a la entrada de la sabana de Bogotá. Un rayo toca el ala derecha de la nave, que se va a tierra. Los compañeros de misión deben arreglárselas para llegar hasta el hospital donde se encuentra la herida y allí descubren la dura realidad: a raíz del golpe, Casey ha quedado amnésica.

A todas estas, los televidentes ven imágenes de un Bogotá tropical, tal vez porque para los guionistas todo lo que está al sur del río Bravo no baja de 30 grados centígrados a la sombra. Pero a pesar de que la capital tiene un ambiente más Caribe que andino, la música de fondo y de la vestimenta de los extras es más de altiplano que de costa. En el hospital, los letreros están en inglés y la camioneta que lleva un ramo de flores para la herida pertenece a la firma "Santa Clara Florista", en lugar de a la Floristería Santa Clara, que sería mucho más colombiano. En realidad, los exteriores fueron filmados en México y sobra decir que nadie del equipo pasó por Colombia para el rodaje. Claro está que en otros aspectos, la ambientación es casi perfecta. Por ejemplo, las distintas tomas juegan con los contrastes entre construcciones modernas y viejas casas. Los carros lucen las tradicionales placas negras y los protagonistas tienen tiempo para disfrutar un delicioso café colombiano, "el mejor del mundo", según Phelps.

Sin poder recordar nada, Casey cae en brazos de Luis Magdalena -su compañero de accidente. Se enamoran y Luis le propone matrimonio. La misión está a punto de fracasar y es necesario actuar pronto. El supuesto mercenario se las arregla para alejar de la mansión de los narcotraficantes a todo el mundo y es así como Jim logra entrar para auxiliar a su compañera. Con la ayuda de los sofisticados aparatos que le suministra Grant Collier, el negro experto en electrónica, logra establecer que no hay una lesión cerebral y que la amnesia es sicológica, lo que se soluciona rápidamente con otro mágico instrumento.

Pero las cosas no son fáciles. Pese a reconocer a su jefe y a recordar la misión en la que está trabajando, el corazón de la bella Casey ha sido flechado por Luis. Entonces llega el momento decisivo, ella afirma que el deber está por encima de los sentimientos y planean seguir con la farsa del matrimonio para capturar a Esteban Magdalena, el capo que conjuga características de Pablo Escobar y de Gonzalo Rodríguez Gacha.

Lo cierto del caso es que, aparte de que las víctimas del accidente del jet privado apenas sufren unas pocas magulladuras -hecho a todas luces inverosímil-, el capítulo mezcla de manera acertada elementos de la vida real con la ficción que caracteriza a la serie. Las escuelas de entrenamiento de paramilitares, los lujos y el derroche, la discoteca que se queda sin luces cada vez que Magdalena entra o sale para que nadie sepa por donde lo hace, las bolsas llenas de dólares, las conocidas camionetas y en fin, todos los factores de poder que rodean al capo, corresponden al perfil de los narcotraficantes colombianos. A ese mundo alucinante pero real, se suman los avances tecnológicos de los genios del espionaje norteamericano, para lograr así un episodio con todas las de la ley.

En ningún momento el guión cae en el recurso facilista de denigrar de las autoridades colombianas. Sin embargo, al comienzo del capítulo, el objetivo de la misión se fija precisamente porque las autoridades locales "han sido incapaces de capturar y extraditar a Magdalena".

La boda de Luis y Casey es el momento de la verdad. Collier, el negro electrónico, entra a la mansión haciéndose pasar por mensajero de una floristería. Nicolás Black, el experto en disfraces, el hombre de las mil caras, suplanta al sacerdote que debe oficiar la ceremonia. Phelps no tiene inconveniente, pues está en plena negociación de los misiles y Max Hart, el instructor, se parapeta en las afueras de la propiedad para respaldar a sus compañeros y cubrir la huida. A la hora de la ceremonia, el supuesto cura va hasta la habitación de la novia para darle los últimos consejos. En ese momento, llega Esteban Magdalena a desearle suerte a la futura esposa de su sobrino. Y es ahí cuando Nicholas le dispara un dardo con somníferos. Novia, cura, vendedor de armas y mensajero de floristería huyen por una ventana trasera con el capo al hombro, mientras dejan una grabación en la habitación para despistar al enemigo.

Pero el novio sospecha que algo raro ha ocurrido y, pese a la advertencia del padre que le dice que es de mala suerte ver a la novia antes de la boda, llega hasta la habitación y descubre la patraña. De inmediato, un ejército de hombres armados sale rumbo a un helicóptero que debía servir para perseguir la camioneta de "Santa Clara Florista" en la que huyen los otros. Es ahí cuando entra en acción Max quien, de un certero disparo de misil, hace añicos la nave. En la escena final, en uno de los jets ejecutivos del clan, los miembros de la IMF vuelan rumbo a Estados Unidos con un Esteban Magdalena dormido y esposado, mientras la bella Casey mira con ojos nublados la foto de Luis. Lo que las autoridades no han podido hacer en la vida real, Phelps y sus muchachos lo lograron en uno de los capítulos más apasionantes de esta serie, que se rueda en un estudio que la Paramount construyó en Australia a un costo de 945 millones de dólares.-
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