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| 10/24/1983 12:00:00 AM

MODELO PARA ARMAR

"La virgen y el fotógrafo", una película con muchas historias y un sólo punto de unión: el fotógrafo

Es posible que no exista en Colombia un pueblo así, como lo describe Luis Alfredo Sánchéz en "La virgen y el fotógrafo", pero existe en la película y esto es lo importante en cine, que la obra construya un universo propio y coherente.
No una copia de lo real. En este sentido no estoy de acuerdo con el apelativo de costumbrista que se le ha aplicado a esta película.
UN MOSAICO MUY ESPECIAL
¿Qué tiene "La virgen y el fotógrafo" que sin contar un argumento logra interesar tanto? No es la película que coge un conflicto, hace converger en él todas las situaciones, lo complica y luego lo resuelve. Todo lo contrario, es un conjunto de fragmentos que van contando pequeñas historias simultáneamente, historias que no tienen relación entre sí. Lo único que las une es que todas en algún momento tienen algo que ver con Pacho, el fotógrafo.
Por eso la película se puede armar de muchas maneras: la historia de un fotógrafo que descubre un robo, o que se enamora de la muchacha virgen del pueblo (amor que evidentemente no culmina en ningún matrimonio), o que quiere ser un gran fotógrafo y quizá se quede para siempre en ese pueblito tomando fotos de matrimonios, primeras comuniones y señoras extrañas, o que pelea contra los políticos y gamonales del pueblo y logra propinarles una derrota.
Pero puede ser también la historia de la fotografía, o mejor de una cámara fotográfica que ha retratado la violencia, la pobreza, el poder, la riqueza y hasta las ilusiones secretas de las gentes, que ha conservado elementos para la memoria y que ha captado aspectos que la simple mirada no descubre.
Y en medio de estas historias están otras pequeñas, más cotidianas como la de Lucio, el peluquero y su matrimonio con peluca, la de María y el fuego que esconde tras su porte digno, la del hippie, la del teniente y su espejo, la de Chucho el revoltoso y la del cura que aprende a fumar marihuana. Y otras más turbulentas: la de doña Soledad con su oculta colección de médicos y la de William, el hijo del gamonal, el perseguidor de muchachas y el rebelde con causa.
La sola enumeración de historias puede hacer pensar que el resultado debe ser una película caótica. Este peligro se ve crecer cuando a medida que avanza la película comienza a tener la impresión de que el personaje de Amparo Grisales, la prostituta que le sirve de modelo a Pacho, es un simple elemento de taquilla que aparece ocasionalmente, se desnuda, posa ante la cámara y se va. Pero lo interesante es que no es un caos. Como decía al principio, sin tener un argumento unitario, sin siquiera preocuparse por crear suspenso alrededor de la búsqueda de los autores del robo, "La virgen y el fotógrafo" logra interesar y dejar una sensación unitaria. Lo logra dándole fuerza a cada fragmento. Como un mosaico en el cual cada pedacito tiene vida propia. Lo que sucede en cada escena y la forma como la imagen pone en relieve los elementos que contribuyen a la creación del ambiente, son los factores que hacen interesar por fuera del suspenso tradicional o del clásico desarrollo de un conflicto.
Entre estos elementos hay que resaltar el uso de la música popular internamente ligada a las situaciones dramáticas y el cuidado que tiene la imagen de vincular a los personajes con su propio espacio (las fotos en la casa de Pacho, las de la oficina del Teniente, los cuadros en el cuarto de la amiguita de Lucio, todo el ambiente en que se mueve doña Soledad). Esto es lo que permute que pasen inadvertidas algunas fallas técnicas y de edición: desniveles de sonido, planificación que en varias escenas rompe la continuidad visual, problemas de actuación en personajes secundarios (William, el médico) y en Amparo Grisalés (la escena de "besame mucho" y la del burdel de la despedida de Lucio).
NUEVAS PROPUESTAS
En el comentario sobre "Aprendí a matar" analizaba cómo la película estaba estructurada sobre la necesidad de que ocurriera lo que ocurre para conducir al protagonista a tomar determinadas decisiones. En la película de Luis Alfredo Sánchez es todo lo contrario, su fuerza radica en que nada es necesario: podría no haber robo, podría no haberse realizado el encuentro final entre Maria, Pacho y la prostituta, podría no existir el matrimonio de Lucio. Sin embargo todo tiene su puesto preciso en la película. Nada en ella es absolutarnente necesario pero nada sobra para que quede conformado ese pueblo que quizá no exista pero que interpreta a los pueblos que sí existen.
Ya habíamos visto en "Pura sangre" un cine que no sigue moldes externos ni se aferra a los que han tenido éxito comercial en el cine cólombiano. "La virgen y el fotógrafo" es otra propuesta de cine colombiano propio, donde todo es nuestro, distinta de la que hace "Pura sangre" y como ésta digna de tenerse en cuenta. Eso es un iritangible para los que atacan a Focine porque no ha recuperado el dinero invertido o prestado. Es más fácil, y más escandaloso, sumar cifras y mostrar balances deficitarios.
¿Quién convence a estos señores de que estas rupturas con los modelos y estas búsquedas de lo nuestro no pueden entrar en los estados de pérdidas Y ganancias? ¡La demagogia es tan fácil!-
Hernando Martínez Pardo -
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