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| 7/17/2000 12:00:00 AM

Modelo para armar

El experto en teatro Gilberto Bello analiza uno de los montajes más promovidos por estos días: ‘Crónica de una muerte anunciada’.

Las adaptaciones teatrales y cinematográficas de obras escritas por Gabriel García Márquez casi siempre son vencidas por la fuerza de la estructura literaria. Por su tono resultan irreales, desangeladas, arbitrarias.

Con ocasión del estreno en Colombia de la adaptación para teatro de Crónica de una muerte anunciada, reaparece la narración del escritor encerrada en sí misma y niega cualquier espacio de teatralidad al conjunto irregular que se esfuerza por interpretar el texto literario.

Jorge Alí Triana, el director, muestra una clara tendencia por llevar al teatro y al cine obras de García Márquez. Quienes siguen con cuidado su sistema de montaje, las imágenes y la organización de la puesta en escena saben que la variación de las formas narrativas es mínima. Se evidencia un premeditado y muy razonable estilo que podemos llamar “Lo Márquez en el teatro”, cuyo origen se remonta a grupos como Rajatabla, de Venezuela, que descubrió para el teatro una materia de alta calidad interpretada con talento y creatividad.

El director colombiano se ha convertido en cómplice de sus propias imágenes hasta llevarlas al peligroso lugar del modelo: “Cartilla para llevar a escena cualquier obra de García Márquez sin que pase nada durante el proceso”. Triana es hábil mas no creativo, su estilo, con respecto al escritor, es reiterativo, se concentra en la ambigüedad y omite los énfasis que en la obra del escritor conceden densidad, dramatismo y poesía a los personajes y a los eventos de los que son protagonistas.

Crónica es un drama familiar que afecta a un pueblo, y cada uno de sus habitantes principales cuenta su propia historia, tejida de la permanente combinación entre realidad y ficción. La materia narrativa se alimenta de sensaciones, prejuicios, tradición, memoria que en manos de García Márquez forman el centro de su ficción.

Una adaptación teatral supone más que una mirada al documento y, obviamente, después de conocer las claves de los sucesos fundamentales, conducir el texto hacia el campo de la teatralidad que es, y se sabe, una imagen directa cuya fuerza permite alejar la reiteración y los momentos elípticos. Fabio Rubiano, encargado de la adaptación, sometió el texto a una lectura literaria que, claro, al verse desnudo en el escenario carece de ritmo y atmósfera.

En la Crónica se revela el hecho central primero y luego la génesis y las motivaciones del acontecimiento, es decir, se reconstruye el suceso en sus múltiples determinaciones. Recurso literario de gran inteligencia que en la adaptación de Rubiano se vuelve episódico, oscuro, cerrado y evasivo. Por lo que la pieza viaja al continente de la repetición y gira sobre un eje que termina por destruir el mecanismo al que está atado.

Los actores, un conjunto irregular, muestran su falta de entrenamiento teatral y los típicos actos gestuales cuyo origen es lo audiovisual. Así que durante la pieza el manejo del espacio teatral se va empobreciendo a tal punto que el núcleo de la tragedia alcanza la rigidez de una obra indefinida y vaga. Muchos actores del conjunto matizan sus personajes con materia nacida de su propia cosecha, es decir, se interpretan a sí mismos y abandonan a su suerte el personaje o los personajes que intentan elaborar.

Con todos estos elementos, Crónica es la obra literaria que, por una vez más, clava sus lanzas sobre el cadáver de un Santiago Nassar plural empeñado en convertir en teatro sus desconciertos.
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