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| 2/23/1987 12:00:00 AM

MONITOS EN DECANDENCIA

De la gloria de las películas animadas de Walt Disney, hoy sólo quedan migajas

Vienen de dos mundos diferentes. Ella es una pura raza de temperamento sereno y de costumbres refinadas. El es un gozque de maneras ordinarias e ideas radicales Se conocen a través de unos amigos y se enamoran, y él hace hasta lo imposible por introducirla a su mundo "Vamos, niña, comienza a construir algunos recuerdos", le dice. Pero ella aspira a una vida estable y convencional, mientras él desea libertad y rumba.
¿Podrá ella comprometerlo?
¿Será capaz él de cumplirle? ¿Importa que sean solamente unos perros? No, no importa. Porque "La dama y el vagabundo", después de 32 años de su estreno, continúa siendo tan fresca y entretenida como al comienzo. Y se ha conservado como uno de los más importantes clásicos de Walt Disney a través de todo este tiempo, por su capacidad de comunicarse con el público de todas las edades.
Es una película infantil, llena de personajes y situaciones reconocibles, descritos en ágiles términos antropomórficos que de ninguna manera disminuyen su realismo. Es entretenida e instructiva. Es dulce y tierna, pero sin llegar a los niveles de la sacarina. Presenta un mundo que puede ser problemático, pero a la vez un mundo en el que el orden puede descubrirse y en el que se enfocan de manera fundamental el hogar y la familia. Es, en resumidas cuentas, la clase de película infantil de las que ya no se hacen en estos días.
CERO EN CREATIVIDAD
La conclusión, por desgracia, es la de que está en terrible declive la producción de dibujos animados para niños. Aunque la animación, en sí misma, continúa evolucionando como una forma más sofisticada que nunca del arte, la dedicada a los niños parece ser cada día menos y menos creativa.
En contraste con las peliculas infantiles animadas de ayer, cuyos personajes -hablemos de un Pinocho, por ejemplo- cobraban vida en la pantalla, los monitos de hoy parpadean y mueven sus cabezas, pero constituye una proeza que hagan las dos cosas al tiempo.
Más importante aún es el cambio de contenido. Las películas de Walt Disney se concentraban en la necesidad de los niños por sus padres, por sus hogares, por el afecto. Los monitos animados de hoy traen la aventura de un guerrero espacial vestido en tonos pasteles, con la misión de salvar la galaxia. Sus premisas son mesiánicas, y desde luego, han alterado profundamente el interés de los niños: ¿que gracia puede sacarse de ver a un títere como Pinocho, cuando se puede tener a He-Man o a She-Ra, la princesa del poder?
Estas navidades una película animada infantil, "Un cuento americano", puso la pauta en los EE.UU. sobre cuán bajo ha descendido la creatividad en esta especialidad cinematográfica. Dirigida por Don Bluth y presentada por Steven Spielberg, la película constituye un avance tecnológico en cuanto a su animación, pero sus personajes carecen de los distintivos de la personalidad de un Dumbo o de cualquiera de los 101 dálmatas que encantaron a niños y grandes en la película animada del mismo nombre. En esta cinta, el ratón Fievel vuela de Rusia a Norteamérica, se separa de su familia y hace amistades en el Nuevo Mundo. Asiste a eventos políticos y se embarca en algo así como una guerra en la que los ratones de Nueva York planean ahogar a todos los gatos en el río Hudson. Eventualmente se vuelve a reunir con su familia, pero ni eso ni ninguna otra cosa en "Un cuento americano" tiene mucho impacto emocional.
Nada de los monitos animados de hoy supera los de ayer. Ni los colores (los de las películas animadas de hoy son furiosamente primarios, como en las escenas que describen batallas cósmicas, o enfermizamente dulces, sin estaciones intermedias); ni las técnicas de la animación (por más avances tecnológicos, ninguna película de monitos contemporánea ha superado aquella escena de Pinocho, en la que más de 20 relojes de cucú funcionaban al mismo tiempo, en un alarde de imaginación que maravilló en su época y todavía maravilla); ni los temas que plantean (o bien epopeyas de conquistas espaciales, o algo tan bobalicón como otra película animada de moda en EE.UU., que narra el esfuerzo de unos ositos por ayudarle a todo el mundo a compartir sus sentimientos con los demás.
Las películas infantiles animadas de hoy no son, definitivamente, como las de antes. Su temática es tan simple, los problemas que plantean tan fácilmente solucionables, las emociones tan sencillas, que no dejan nada en la audiencia infantil. Pero la vida no admite alternativas tan limitadas. Ni siquiera tratándose de monitos animados. Y la prueba está en que así como "La dama y el vagabundo" todavía se deja ver, con la misma fuerza de hace 25 años, es muy poco probable que He-Man esté contando el mismo cuento dentro de los próximos 25.
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