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| 11/3/1986 12:00:00 AM

MORIR DE AMOR

Presentada por el Teatro Nacional, "La dama de las Camelias" vuelve a poner de moda un drama que conmueve al mundo desde hace un siglo y medio

Cuando la compañía de marionetas Pesebre Espina, que funcionaba en el antiguo teatro Maldonado de la carrera octava con calle novena en Bogotá, solicitó a la junta de censura del teatro el permiso para presentar por primera vez en la Bogotá de 1881 la historia de Margarita Gautier y Armando Duval, la pieza no sólo fue descalificada por considerarse "altamente inmoral" su argumento, sino que se condicionó la autorización al cambio de cierto detalle en el final del último acto: Armando llega a tiempo, no para recoger el último suspiro de la amada, sino para casarse con ella.
Ciento cinco años después de ese primer intento, "La dama de las Camelias", el drama de Alejandro Dumas hijo, publicado en París con gran éxito en 1848, se estrena este martes 7 de octubre en Bogotá, en una producción del Teatro Nacional, dirigida por Ricardo Camacho. Jorge Plata, autor de las versiones al castellano de "El rey Lear" y " Macbeth" para el Teatro Libre de Bogotá, creó una adaptación que concilia aspectos de la novela con el texto teatral que el mismo Dumas escribiera un año después, acosado por urgencias económicas.
El suceso, que relata don José Vicente Ortega Ricaurte en la "Historia crítica del teatro en Bogotá", es el único antecedente en nuestro país de la obra, señalada como el punto de partida del realismo en el teatro universal. No es este, sin embargo, el único ni el más pintoresco incidente en la larga vida universal de Margarita Gautier como personaje novelesco. Durante cuatro años la pieza teatral permaneció bajo censura en Francia, hasta el 2 de febrero de 1852 cuando se presentó con tal éxito que rebasó en su primera temporada el centenar de funciones.
Basada en la vida real de la cortesana Rose Alphonsine Plessis, más conocida con el nombre de Marie Duplessis, "La dama de las Camelias" es indudablemente una de las obras literarias más frecuentemente llevadas a la pantalla desde los primeros años del séptimo arte. Antes, en 1853, Giuseppe Verdi, en Venecia, estrenó su decimonovena ópera--"La Traviata"--que en su trama es la misma obra de Dumas. Hacia 1906, en momentos en que la crisis de los temas filmados hizo pensar a muchos en la cercana muerte del cine, los productores volvieron su mirada sobre los argumentos literarios y teatrales para conquistar nuevamente a un público harto de historias sin imaginación y de persecuciones con nodrizas, tullidos y gendarmes. Fue así como nació la primera versión cinematográfica de la novela de Dumas, realizada en Dinamarca.
Tres décadas más tarde, en 1937, la actriz sueca Greta Garbo, tras haber encarnado en el cine a Ana Karenina y a Mata-Hari, personificó a la heroína de Dumas en un filme del director George Cukor titulado "Margarita Gautier". Aquella interpretación, junto con su papel de Ana Karenina, fueron los dos trabajos que le valieron la exaltación por parte de la crítica neoyorquina a la labor de una actriz a quien nunca se llegó a otorgar el Oscar.
Por su parte, la ópera de Verdi también ha llamado la atención de los cinematografistas. El director italiano Luchino Visconti, en 1955, realizó una aclamada producción con María Callas en el papel de Violeta Valery (Margarita Gautier) que se filmó enteramente en La Scala de Milán, y más recientemente otro italiano, Franco Zefirelli, hizo una nueva y espectacular película con Plácido Domingo y Teresa Stratas como protagonistas, la cual se proyectó hace dos años en las salas colombianas.
Hoy sabemos que el rol de Margarita Gautier fue siempre motivo de rivalidades entre las dos grandes figuras femeninas del teatro en el siglo XIX: Sara Bernhardt y Eleonora Duse. También, como anécdota que nos da la dimensión de aquellas actuaciones, se ha recogido la exclamación de la futura reina Alexandra a la Bernhardt, al finalizar la representación de "La dama de las Camelias", en 1882: "Madame, madame, cómo me alegra verla viva otra vez luego del quinto acto".
También el ballet ha visto el montaje de esta pieza. Creada por Frederick Ashton, fue presentada en los Estados Unidos en 1963 con dos astros de la danza, Margot Fonteyn y Rudolf Nureyev en los papeles centrales.

QUIEN ERA LA DAMA
Pero, quizá tan importante como hablar del recorrido del personaje por otros campos del arte, es recordar a la encantadora, codiciada y lánguida cocotte que lo inspiró: Marie Duplessis, la verdadera Margarita Gautier.
Hija del portero de una mansión, quien la empujó a prostituirse cuando sólo contaba con 16 años, la Duplessis fue en la vida real amante del conde de Guiche, a quien dio un hijo. Al igual que en la novela, el padre del conde, el duque de Gramart, llego hasta ella para forzarla a abandonar a su amado, y Marie, efectivamente, así lo hizo, para luego morir de tisis al cabo de una vida que concluyó alocada y desordenadamente a causa de su amor frustrado. A los 20 años, por la época en que el joven Dumas la conociera, era una mantenida exquisita --árbitro de la elegancia en los salones parisienses--, que contaba entre sus haberes con seis criados a su servicio y con la fama de haber arruinado a muchos de los hombres más adinerados del París de su tiempo.
Amante de Dumas hijo y del compositor Franz Liszt Marie Duplessis ha venido a convertirse, sucesivamente, a través de casi siglo y medio de la aparición de "La dama de las Camelias", en el prototipo de la ramera virtuosa, de la mujer sacrificada por amor, de la mujer que defiende su independencia afectiva aun a costa de su propio dolor, como también en el símbolo y la patrona de las prostitutas de París, quienes mantienen hasta hoy la fachada de su tumba en Montmartre siempre llena de flores.
"Yo me pongo en el lugar de Margarita y pienso que amando a Armando como ella, y teniendo que dejar trunco ese amor por él, difícilmente podría ser de nuevo una cocotte. Su tisis se estaba curando durante su estadía en el campo con él, así que sin ese amor no tenía mucho sentido su vida", dice Fanny Mikey, quien siempre sono interpretar el personaje de Dumas, ya había perdido las esperanzas de hacerlo, y ahora alternará en este papel con María Eugenia Dávila .
Todo parecería indicar que este nuevo montaje de una obra tan trillada y aparentemente anacrónica obedeciera a una vuelta del teatro colombiano a las viejas grandes obras del repertorio universal, pero, particularmente, cada uno de los integrantes del enorme elenco que pondrá en escena "La dama de las Camelias", tiene sus razones para estar allí.
Para Ricardo Camacho, experimentado director del Teatro Libre de Bogotá invitado por el Teatro Nacional en esta ocasión, más que traer a cuento el folletón decimonónico que arrancaba lágrimas al público, que él nunca vio con muy buenos ojos, la cuestión del montaje radica en hacer una lectura contemporánea --"escueta, desnuda y directa"--de la pieza, que le reste su sabor sentimental, guardando el respeto por la obra y por el autor, para así mostrar lo que a su modo de ver es esencialmente la obra: una crítica social aguda a la institución de las prostitutas respetuosas del siglo XIX, que marcaron una época del mundo cultural francés. "Se trata de ver qué puede significar la obra, hoy, que los afanes de liberación de la mujer son tan sentidos, ver qué produce una pieza así en la confrontación de una época como la nuestra", explica Camacho.
El pintor David Manzur, creador del vestuario y la escenografía, cree que, aunque la historia nunca regresa, se está dando de dos décadas para acá una revaloración de ciertos artistas del siglo XIX relegados al desván, los cuales cobran importancia hoy cuando son vistos por el hombre de finales del XX. Tal es el caso de Dumas. Por eso, fue él personalmente quien convenció a Fanny Mikey y luego a Camacho, de que se embarcaran en la aventura de realizar un proyecto cuyo costo ya supera los 16 millones de pesos, para producir por primera vez en Colombia una obra virtualmente desconocida en su versión teatral en nuestro tiempo.
María Eugenia Dávila y Fanny Mikey, encuentran que en un país como el nuestro, estremecido por una etapa sangrienta, antes que dialogar sobre la paz mientras contamos los muertos, es necesario oponerle los valores del romanticismo al caos, hablar de "un poquito de amor" contra el odio, contra la soledad, contra la violencia, de la cual "ya hay bastante en la calle".
Más de 20 actores, entre quienes hay veteranos de televisión como Gaspar Ospina, Fabio Camero, María Eugenia Dávila, Dora Cadavid, Victor Muñoz Valencia y Gonzalo Ayala, que regresan a las tablas para este montaje, estarán en los próximos tres meses ofreciendo un trabajo cuidado en todos sus detalles, como pocas veces puede lograrse.
¿Otra vez el amor? Cabria preguntarse.
¿"Morir de amor"? --responde Fanny Mikey--: "¡ Todavía morimos de amor!".
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