Domingo, 22 de enero de 2017

| 2009/03/07 00:00

Morir con dignidad

Los diarios del escritor Sándor Márai durante los años previos a su suicidio

Morir con dignidad

Sándor Márai
Diarios (1984-1989)
Salamandra, 2008
219 páginas

El escritor húngaro Sándor Márai abandona su patria en 1948 cuando llega al poder un gobierno comunista prosoviético. Un liberal como él, un burgués en el sentido más noble de esa palabra, no podía resistir un régimen que iba a acabar con un proyecto político y cultural de mucho años, con el que se identificaba, y que ya había sido herido de gravedad en la reciente ocupación nazi. "Al lado del conde insolente, del judío parásito, del noble católico empobrecido, del campesino zurrón, había una burguesía cultivada e ingeniosa, principalmente en Las Altas Tierras y en Transilvania, que fue masacrada por Benes y sus sepultureros. Ahora los comunistas, antes los nazis".

Empezó entonces un largo y penoso exilio que lo llevaría a Ginebra, Florencia, Nueva York, Salerno y, finalmente, San Diego, California, donde se suicidó el 21 de febrero de 1989, irónicamente meses antes de la caída del comunismo.

Como es sabido, el furor por sus obras, "el fenómeno Márai", es póstumo -empezó 10 años después de su muerte por iniciativa del editor italiano Roberto Calasso- y está lejos de acabarse porque aún queda por publicar una gran parte de su obra. En el ámbito español, la editorial Salamandra, propietaria de sus derechos, ha decidido -con buen tino comercial- publicarlo a cuentagotas como si se tratara de un escritor de los de ahora que lanza un libro cada año.

El turno esta vez fue para sus diarios. Márai, escribió diarios desde muy joven, pero los que decidió publicar la editorial Salamandra, van de los años de 1984 a 1989, es decir, los que corresponden al período final de su vida. Ciertamente los más duros y desgarrados: "Estoy esperando el llamamiento a filas; no me doy prisa, pero tampoco quiero aplazar nada por culpa de mis dudas. Ha llegado la hora". Esa es la última entrada, del 15 de enero de 1989 y escrita a mano (las demás fueron escritas en máquina de escribir). El 15 de enero: 37 días antes de disparar contra sí mismo el revólver que había comprado sin problemas en una tienda, como cualquier gringo hijo de vecino.

En la primera anotación, del 15 de enero de 1984, hay una referencia al famoso libro de Orwell. Reflexionando sobre vaticinios incumplidos, Márai, un personaje que nació en el umbral del siglo XX (1900), hace un balance del siglo monstruoso. ¿Quiere esto decir que vamos a leer los diarios de un intelectual? De cierta manera, Márai es un gran lector y hombre interesado en el mundo que reflexiona sobre su oficio de escritor (ese año ha empezado a escribir una novela policíaca). Hay, por supuesto, lúcidos pensamientos sobre política: "El comunismo es una tragedia, pero el enemigo real son siempre los hipócritas mezquinos, disfrazados de 'nacionalistas': la derecha". Y sobre literatura: "En la literatura no existe la democracia; sólo hay solistas. El escritor que decida cantar en un orfeón descubrirá que su voz no se distingue del coro".

Sí, hay abundantes y memorables frases sobre la religión, la historia y el sentido de la vida. Claras, sabias, honestas. Sin artilugios ni vanidosas pretensiones como corresponde a un hombre que se encuentra ad portas de la muerte y que se aferra a lo esencial. Las lecturas de siempre, los poetas húngaros -malos y buenos- que le mantienen viva su lengua materna. Sí, hay muchas frases para subrayar. Pero a mi juicio el gran valor de estos diarios es el testimonio humano, no el intelectual. Antes que un escritor, aquí Márai es un hombre viejo, un simple hombre viejo que se enfrenta con el proceso de morir. El problema no es la muerte -a la que no le teme- sino el lento deterioro, la pérdida de la vista, de la memoria, la fragilidad al caminar, la dificultad para valerse por sí mismo, la insoportable viudez, la humillación diaria. ¿Cuál es el límite? ¿Dónde termina la vida humana y empieza la vida vegetativa? ¿Hasta cuándo esperar antes de quedar, como su esposa, postrada en manos de los médicos? Sándor Márai supo morir con dignidad; lo demás fue literatura.

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