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| 4/1/2006 12:00:00 AM

Mrs. Henderson presenta

El director británico Stephen Frears vuelve a cine con un divertimento pacifista inspirado en hechos reales.

Título original: Mrs. Henderson presents.
Año de producción: 2005.
Dirección: Stephen Frears.
Actores: Judi Dench, Bob Hoskins, Kelly Reilly, Will Young, Thelma Barlow, Christopher Guest.

Tres verdades quedan comprobadas cuando se ve la encantadora Mrs. Henderson presenta: que las buenas comedias inglesas, con sus tramas leves, sus actuaciones impecables y sus bromas certeras, siguen siendo las más reveladoras que se encuentran en las carteleras del planeta; que jamás sobrarán, en el mundo en que vivimos (se trata, claro, de una verdad triste), esas sátiras "inspiradas en hechos reales" que nos recuerdan que "no vale la pena que ningún joven muera por ninguna guerra", y que su realizador, el deslumbrante Stephen Frears, que ha dirigido obras tan diferentes como Mi bella lavandería, Relaciones peligrosas y Alta fidelidad, es capaz de sacar a flote lo mejor de cualquier guión que le pongan sobre el escritorio.

La trama, estructurada en capítulos que más bien parecen números musicales, avanza como un sueño feliz. Todo comienza cuando la octogenaria señora Henderson, una viuda reciente con aburrimiento, tiempo y dinero de sobra (la actuación de Judi Dench dará siempre en el blanco), toma la decisión de empezar una nueva vida. Bordar carpetas requiere ciertos talentos que jamás le fueron dados. Y tener un amante joven no parece apropiado en el Londres de finales de los años 30. Así que lo mejor que puede hacer -le dice su simpática mejor amiga- es dedicarse a la noble tarea de comprar lo que le dé la gana: puede ser, por qué no, un viejo teatro en el West-End de la ciudad, el teatro Windmill, que bajo la dirección del severo, controlador, arrogante Vivian Van Damm (Bob Hoskins compone, sin dar un paso en falso, uno de los mejores personajes de su carrera) se le convertirá en un trabajo que la ayudará "a cruzar el día", una familia que la apoyará en la soledad de los malos días, y un esperanzador refugio, para todos, en los peores días de la Segunda guerra.

La mejor escena de la película, un divertidísimo almuerzo campestre que la señora Henderson le ofrece al Lord Chamberlain de la época (el censor oficial de las presentaciones teatrales) para convencerlo de que le permita montar un par de números con mujeres desnudas dentro del alegre show del Windmill ("pero tendrían que quedarse quietas", aclara el funcionario interpretado por el genial Christopher Guest), le abre paso a una serie de episodios que no nos dejan olvidar que la única manera de ganar una guerra es dándole la espalda: las imágenes de archivo de los nazis marchando por París, la pequeña tragedia de la estrella de ese elenco de desempleadas sin ropa y el secreto que la protagonista confiesa en un discurso en medio de los bombardeos, revelan las buenas intenciones de este divertimento.

Y prueban que el cineasta Stephen Frears lo puede todo, incluso poner en escena un espectáculo musical perfecto para épocas tensas, una comedia "para toda la familia" llena de actrices desvestidas, como esos directores del viejo Hollywood que al final resultaron ser artistas verdaderos.
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