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| 8/21/2016 12:00:00 AM

Muchas ferias y libros, poca lectura

Colombia produce 23 millones de libros al año, vende 37 millones y organiza más de diez ferias al año. Aun así, los colombianos leen menos de dos libros anuales.

"Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña”. Así parece entenderlo el sector editorial colombiano que impulsa cada vez más eventos para fomentar y llevar la lectura a diferentes puntos de Colombia. Muy contados países en el mundo pueden darse el lujo de tener una gran feria internacional del libro, como la de Bogotá, y otras en casi todas sus ciudades principales e intermedias.

Solo en este segundo semestre se harán las ferias de Bucaramanga (22 al 27 de agosto), Cúcuta (24 de agosto al 3 de septiembre), Manizales (30 de agosto al 3 de septiembre), Medellín (9 al 18 de septiembre), Cali (20 al 31 de octubre) y Pasto (27 de septiembre al 1 de octubre).

¿Pero sirve realizar tanta feria? Nadie discute su utilidad, pero aún no es suficiente para subir los bajos índices de lectura en el país. Hay distintas formas de ver este fenómeno. Por ejemplo, Marianne Ponsford –directora del Consejo del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc)– cree que una de las razones que impulsan este boom ferial es la aparición de nuevos escritores, el nivel de preparación de los organizadores de eventos culturales, como el Hay Festival, y la buena respuesta del público. Ponsford subraya que “hay una conciencia cada vez mayor de los gobiernos locales de la importancia de la lectura y la cultura en los procesos del desarrollo nacional”.

Y los números de la Cámara Colombiana del Libro ayudan a este auge de ferias y eventos literarios: el sector editorial y de publicaciones –que había dejado de producir cerca de 10 millones de libros entre 2008 y 2013– se recupera paulatinamente. En efecto, en 2014 se editaron más de 23 millones de ejemplares, unos 400.000 más que en el periodo inmediatamente anterior.

Ese crecimiento se refleja en los más de 37 millones de libros vendidos en 2015 (3 millones más que hace cinco años), de los cuales las ediciones nacionales ocupan un 73 por ciento, los ejemplares importados comercializados en el mercado nacional un 14 por ciento y las ediciones nacionales hacia el mercado externo otro 13 por ciento.

En contraste con esa explosión literaria, los hábitos de lectura en el país continúan siendo muy bajos frente a otros países de Hispanoamérica. Mientras los argentinos leen en promedio 4,6 libros al año, los chilenos 5,3 y los españoles 10, en Colombia esa cifra no superan los 2 libros anuales. Las razones que explican esta desproporción –una amplia oferta cultural y literaria, pero un bajo nivel de lectura– van desde la falta de canales de difusión hasta el poco interés que ha despertado este hábito entre los colombianos.

Contradictoriamente, uno de los motivos que permite que Colombia se convierta en un referente del mundo editorial en América Latina es el éxito de los festivales y ferias del libro que se desarrollan en el país. Por ejemplo, en la última edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo) asistieron más de 500.000 personas, se desarrollaron cerca de 2.000 eventos (charlas, foros y lanzamiento de libros) y se generaron ventas por 50.000 millones de pesos. Además, hubo conversatorios con la nobel de literatura Svetlana Alexiévich, y con otros escritores renombrados. Todos con lleno total.

El atractivo del país en este tipo de eventos no solo tiene que ver con su capacidad de organización, sino también en el interés que tiene el mundo editorial colombiano por promocionar nuevos autores y llevar los libros a la mayoría de la población.

Enrique González, presidente ejecutivo de la Cámara Colombiana del Libro, explica que los festivales del país tienen muy buena acogida entre el público que no está familiarizado con la lectura porque “cuando acuden a ellos no se sienten juzgados por libreros cultos, sino que encuentran un equipo logístico dispuesto a guiarlos en los libros que realmente les gustan. Desafortunadamente, ese mismo público no se acerca a las bibliotecas y librerías durante todo el año”.

González también cree que la promoción de la lectura no es una tarea exclusiva de estos eventos, pues, aunque son un espacio para desmitificar la idea de que los libros solo son para unos pocos, hace falta que se continúen produciendo ejemplares de calidad que respondan a los gustos de la población y que los colombianos tengan acceso a ellos sin importar su estrato socioeconómico. “Hay que acercar los libros a la gente”, dice.

Justamente ese es uno de los objetivos de ferias como las de Cúcuta, Manizales y la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, a las que se espera que acudan este año 30.000, 20.000 y 350.000 asistentes, respectivamente. Aunque sus organizadores saben que estos eventos no aumentarán de la noche a la mañana la lectura del país, sí creen que estos espacios son indispensables para fomentarla.

Por otro lado, algunos de ellos también coinciden en afirmar que si bien es importante mirar los niveles de lectura en el país, este no puede ser el único indicador para medirlos. Juan Diego Mejía, director de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, dice que es riesgoso interpretar los hábitos de lectura en Colombia por medio de métodos exclusivamente cuantitativos. “Ese afán por aumentar el promedio de lectura nos puede llevar a perder el norte. Podemos empezar a hacer atajos, es decir, preocuparnos por las cifras aunque el contenido de los libros sean basura”.

Otras voces regionales, como la de Carolina Guacaneme, productora general de la Feria del Libro de Manizales, también aseguran que más que contabilizar lectores, el objetivo de estos eventos es transformar culturalmente las ciudades y darles la posibilidad a las personas de conocer una oferta de entretenimiento diferente a las que están acostumbradas.

De igual modo, las editoriales inciden directamente en los hábitos de lectura en el país. Algunas de ellas también protagonizan el crecimiento de la oferta y el consumo literario en Colombia. Muestra de ello es que las ventas del Grupo Planeta en Colombia aumentaron en el último año hasta un 30 por ciento, y en las más recientes ferias de Bogotá y Medellín crecieron 22 y 40 por ciento, respectivamente.

Según Bayardo Henao López, director general para el área andina de esa editorial, la oferta literaria en el país supera a la demanda, lo que hace necesario buscar un equilibrio y crear canales de difusión para llegarle a más públicos: “Las ferias son tan solo uno de esos mecanismos de fomento”. A pesar de ese panorama, Henao es optimista y espera que en los próximos cinco años Colombia aumente los índices de lecturabilidad gracias al interés que despierta hoy la literatura en jóvenes y niños.

Bajo esa premisa, los ministerios de Educación y de Cultura esperan que en los próximos años el promedio de lectura de los colombianos suba a 3,6 libros anuales. Aunque las ferias, editoriales y algunas librerías del país están contribuyendo para alcanzar esa meta, hace falta invertir en equipar bibliotecas, conocer los gustos literarios de las personas que no están familiarizadas con la lectura y facilitar el acceso a los títulos.

Sin duda, un buen síntoma es que Colombia se haya convertido en un país de ferias literarias y en un ejemplo para la región en esta materia. Ahora, la tarea del mundo editorial nacional es mantener vivos estos eventos y lograr que los colombianos aprovechen la enorme oferta que tienen ante sus ojos. 

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