Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1998/08/17 00:00

MUERE UNA DIVA

Desaparece Lucía Valentini-Terrani, la cantante lírica considerada como la reencarnación de la musa de Rossini.

MUERE UNA DIVA

Alos 52 años, víctima de leucemia, murió una de las más grandes mezzosoprano lirico de la segunda mitad del siglo, la italiana Lucia Valentini-Terrani. Figura habitual y respetada de las grandes casas de ópera de Europa y Estados Unidos, la Valentini-Terrani hizo de las óperas de Rossini el terreno natural de su repertorio.
Nacida en Padua en agosto de 1946, la Vallentini-Terrani hizo su debut en el teatro grande de Brescia en 1969 con La Cenerentola rossiniana, para tres años más tarde resultar vencedora en el primer premio del Concurso Rossini de la RAI, premio que la puso en la mira del medio musical italiano, que vio un año más tarde su triunfal debut en la Scala de Milán, de nuevo en Cenerentola, dirigida por Claudio Abbado en una producción que llevaba la firma de Jean-Pierre Ponelle. Inmediatamente se inició su deslumbrante carrera internacional, que la llevó a cantar en todas las grandes casas de ópera del mundo.
A pesar de que su nombre se asociaba de inmediato con la interpretación de los grandes personajes del corpus musical rossiniano, como la marquesa Melibea de Viaggio a Reims e Isabella de L'Italiana in Algieri, entre otras cosas porque los expertos la consideraban como la reencarnación de Isabella Colbran, la mismísima esposa de Rossini, para quien el 'Cisne' de Pesaro escribiera buena parte de su producción operística, Vallentini-Terrani se reveló como una voz versátil, igualmente hábil en el repertorio de concierto que para incursionar los grandes dramas de su tipo vocal de corte lírico de la ópera francesa, como Werther, de Massenet y, algo más sorprendente aún, la ópera rusa con Marina de Boris Godunov, de Mussorgsky.
En medio de una serie de representaciones de Falstaff, de Verdi, la cantante manifestó sentirse extrañamente agotada; rápidamente fue sometida a exámenes de rutina, los cuales revelaron una gravísima leucemia. Luego de ser tratada en Roma se tomó la decisión de llevarla al Centro Hutchinson de Seattle para que, al igual que a su colega y contemporáneo José Carreras, se le sometiese a un transplante de médula ósea. Valentini-Terrani no tuvo la suerte del tenor catalán, horas después de la intervención murió en Estados Unidos.
Deja un legado amplio en discografía, con el mejor resumen de una carrera abiertamente triunfal, dirigida por maestros de la talla de Claudio Abbado, Maurizio Pollini y Carlo María Giulini.

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