Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2000/12/11 00:00

Mujeres arriba

Varias exposiciones y hasta la publicación de un calendario han puesto sobre el tapete los aportes que las mujeres han hecho al arte nacional en el último siglo.

Mujeres arriba

Por estos días en Bogotá la fuerza femenina se siente. En el Planetario Andrea Echeverri, solista del grupo de rock Aterciopelados, dispuso una singular muestra. El calendario Pro-pal del próximo año tiene como eje central a las mujeres en la pintura. El Club El Nogal de Bogotá, con la colaboración del Museo de Arte Moderno, seleccionó 18 obras bajo el rótulo de ‘Mujeres en el arte colombiano del siglo XX’. La artista Nijole Sivickas está exponiendo en la Galería La Cometa mientras que Ana Patricia Palacios lo hace con su obra en la galería Diners. Incluso el Hotel Capital de Bogotá también tiene su propia exposición con Susana Díaz y Fabiola Romero Gaitán.

Semejante despliegue es apenas un reconocimiento a una verdad casi absoluta: el siglo XX fue el de la mujer. Sus conquistas no caben en los dedos de las manos. Todos sus triunfos, sin embargo, tienen que ver con un punto clave: la educación. Las mujeres lentamente demostraron que los oficios de la casa no eran su único fuerte. Su participación en la vida intelectual fue más decidida y no hubo duda de que las diferencias con los hombres eran cuestión del pasado.

Antes del siglo XX también hubo pintoras, escritoras y poetas, pero eran casos aislados, acaso excéntricas, locas o visionarias desenfocadas para su época. Safo, Sor Juana Inés de la Cruz, Artemisa Genteleschi, sin contar con varios personajes femeninos que definieron el destino del planeta. Pero fue durante el siglo que acaba de concluir que su poder intelectual y artístico tomó un impulso definitivo.

No es posible repasar los últimos 100 años sin nombrar a Virgina Woolf, a Gertrude Stein, a Simone de Beauvoir, a la poeta Alfonsina Storni o a Emily Dickinson.

Las artes plásticas en América Latina no serían lo mismo sin la presencia de la mexicana Frida Kahlo o de la brasileña Tarsila do Amaral. En Colombia sucede lo mismo. En las primeras décadas se consolidaron nombres como Rosa Ponce de Portocarrero y Margarita Holguín y Caro. Más tarde serían Débora Arango, Beatriz González, Ana Mercedes Hoyos, Feliza Burztyn, Lucy Tejada o Fanny Sanín, entre otras, quienes empezarían a forjar la historia del arte nacional, y eso que todavía, salvo Feliza, no han terminado de escribir su historia. Por otro lado, y como si fuera poco, viene una joven generación liderada por Doris Salcedo, María Fernanda Cardoso, Patricia Bravo, Ana Claudia Múnera y Delcy Morelos que, incluso, como sus antecesoras, superaron el rótulo de mujeres artistas y se les denomina como se les debe llamar: artistas a secas.

Buena parte de los museos del país también se deben a las mujeres. Entre Marta Traba y Gloria Zea nació el Museo de Arte Moderno de Bogotá, Maritza Uribe ha sido fundamental en La Tertulia de Cali, mientras que Elvira Cuervo dirige el Museo Nacional y trajo la exposición de Picasso, uno de los eventos culturales más importantes del año que está por terminar.

Sin duda las mujeres están de moda. Artistas de gran reconocimiento y que ya tienen su lugar propio en la plástica nacional, ajenas al trajinado debate de género. Sus obras ya hablan por sí solas. Y las menciones, como las siguientes, siempre se quedarán cortas.

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