Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1990/11/05 00:00

MUNDO PROPIO

Por primera vez se publican en castellano las reflexiones de Leopardi, el pesimista italiano.

MUNDO PROPIO

Cuando el poeta Giacomo Leo pardi comenzó a perder la vista, en su juventud, comprendió que debía forjarse un mundo interior sólido, vasto, múltiple, pues si ese era el ámbito visible que le había reserva do el destino, en el que tendría que habitar, era preciso entonces que fuera tan amplio como para hacer surgir de allí una compleja arquitectura, en donde se diera la construcción de su pensamiento. Entonces comenzó a escribir en 1817 "Zibaldone de pensamientos", cuya redacción sólo abandonó cinco años antes de su muerte.

Con "Zibaldone" Leopardi aspiró a construir un sistema filosófico, propósito que se fue transformando a lo largo de la escritura en una biografía intelectual. Sin embargo, se trata de un libro inclasificable. Como diario, da cuenta de la evolución de su pensamiento, estético, literario y filosófico, en el desarrollo de su experiencia espiritual. Como reflexión teórica se presenta como una fragmentación de opiniones e ideas que poseen la solidez de un enunciado moral. Como tratado filosófico, discute tesis fundamentales en el horizonte de la historia del pensamiento europeo de la primera mitad del siglo XIX.

Es, pues, una larga exploración del mundo de las ideas y de la cultura, pero también es la expresión de su mundo interior. Su vasta y honda cultura le permitió reflexionar sobre temas tan variados, que prácticamente abarcó la totalidad de la historia de la cultura desde Grecia hasta el tiempo de sus contemporáneos. La ética y la religión, la estética y la moral, la filosofía y la literatura, son temas que van y vienen, entrelazándose, tantas veces, en este bello texto que por primera vez se pública en castellano, bajo el sello de Tusquets Editores. La edición estuvo a cargo de Rafael Argullol, quien había escrito una biografía de Leopardi, discreta y transparente, titulada "Hacia el infinito naufragio". Ante la imposibilidad de publicar la edición completa de los pensamientos de Leopardi, Argullol realizó una selección para presentar lo más universal del célebre autor de "Canti".

Como filósofo, a Leopudi se lo puede situar próximo a Shopenhauer. El pesimismo del poeta italiano está basado, como el del alemán, en la constatación de la infelicidad del mundo, de la que es casi imposible escapar. Y esta desdicha esencial está relacionada, desde el tiempo de la Grecia antigua, con la pérdida de la capacidad de sostener los valores de la "ilusión" (pues sólo creando la ilusión, para habitar en ella, el hombre superaría su desdicha, al contrarrestar el sentimiento universal de la nada).

Aquel sentimiento de nadería que se refleja insistente en la vida cotidiana bajo la forma terrible del tedio, Leopardi, igual que Baudelaire, lo identifica como un síntoma de esa enfermedad mortal de la existencia: la pérdida de vitalidad y la consecuente ausencia de la incitación a la actividad. Y esto no hace sino denunciar la fractura, la escisión del hombre, perdido en la frontera entre la actividad y el conocimiento. Pues si el hombre crea un poderoso mundo de pensamiento, entonces abandona por él la acción. Y si se en trega a la primacía de los instintos, pierde su capacidad de goce intelectual. "En esta frontera, entonces, afirma Leopardi, el hombre reconoce sus límites". De ahí que para el poeta italiano, el placer sea una trágica quimera, que tan sólo puede ser superada por la facultad imaginativa ya que "el placer infinito que no puede encontrarse en la realidad se halla en la imaginación".

Sin la vehemencia del pensador dogmático y aleccionador, Leopardi entrega con su miscelánea de pensamientos, más que una filosofía o un sistema, el testimonio de la relación entre su pensamiento y su vida, tan llena de insoportable dolor, tan lúcida y valientemente expuesta, en su poesía y en su prosa, como reflejo de un hombre que se interna por sus propios pasos en la exploración de sí mismo y del sentido o del sinsentido del mundo que lo rodea.

"Del Boxeo".
Joyce Carrol Oates.
Ensayo.
Tusquets Editores.

No son pocos los escritores que se han sentido atraídos por "la dulce ciencia del aporreo" como le gustaba llamar a Pierce Egan al boxeo. Desde las "No tas sobre el boxeo moderno profesional", escritas por Bemard Snaw a comienzos del siglo, hasta las meditaciones filosóficas de Joyce Carrol Oates, "Del boxeo" (Tusquets, 1990), la literatura sobre el deporte del cuadrilátero ha contado con nombres ilustres: Jack London, Conar Doyle, Emest Hemingway, W.A. Heinz, Irving Shaw, Nelson Agren y Norman Mailer, entre otros.
parten en su medio: ser un policía honesto ya no es rentable, ya no es respetable ni siquiera para sus superiores, sus compañeros y los políticos que su puestamente deben enfrentarse a los narcotraficantes.

La naturaleza de este policía recuerda un poco los personajes creados varios años atrás por realizadores como Samuel Fuller y Robert Altman: seres solitarios y nostálgicos para quienes matar no tiene sentido. Hombres desa justados, que no encajan en su medio y que tratan de seguir un código basado exclusivamente en su moral personal. Un parámetro que, por lo tanto, no es compartido por los demás.

El protagonista se llama Frank Daly, un policía recorrido que ha ascendido en los diversos grados de la institución. Cuando comienza la historia comprende que se ha convertido, en los últimos años, en una auténtica especie en vías de extinción. Su lenguaje no es comprendido por sus semejantes, sus señas para detener a los delicuentes pierden efectividad ante la corrupción y la complicidad que anima a los demás investigadores. La peor sorpresa, el más duro golpe para un agente que se ha ido que dando solo, viene cuando descubre las relaciones ilegales que existen entre los políticos y los narcotraficantes, y entre éstos y los propios defensores de la ley.

Resulta curioso que el actor Brian Dennehy (alto, robusto y con una apariencia que le ha permitido interpretar siempre el papel de policía y nunca el de delincuente) considere, en la vida real, que el trabajo y la figura del policía, por lo menos en Estados Unidos, ya no representa el atractivo y venerado símbolo de otros tiempos: "Antes los policías eran irlandeses y respetados y ahora se han convertido en juguetes de muchos".

La película sigue, paso a paso, el proceso de aislamiento del personaje. Narra cómo este hombre, al descubrir las dañinas conexiones de las altas esferas, se enfrenta a un comité de investigadores; cómo busca la verdad cuando le imponen una injusta sanción disciplinaria y cómo va llegando al punto clave de la historia: a sentir que estuvo mucho tiempo ciego, moviéndose con otros intereses en medio de la más repugnante corrupción.

La película parece construida con base en esa situación final, pero sin ánimo maniqueo, simplemente contando la historia a la manera de Fuller y Altman, con humor, violencia y rudeza...
Como antes.

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