Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/02/02 00:00

Munich

Steven Spielberg redefine otro género cinematográfico con esta mirada lúcida a la tragedia de la guerra terrorista.

Los cinco miembros del comando creado por el Estado de Israel se preparan para vengar a los deportistas judíos asesinados en las olimpíadas de 1972.

Título original: Munich.
Año de producción: 2005.
Dirección: Steven Spielberg.
Actores: Eric Bana, Daniel Craig, Ciaran Hinds, Mathieu Kassovitz, Hanns Zischler, Geoffrey Rush, Ayelet Zurer, Michael Lonsdale, Mathiew Amalric.

Lo más probable es que Munich sea otra obra maestra de Steven Spielberg. No sólo porque nos advierte que en la tras escena del mundo no hallaremos nada más que la lógica de la venganza, no sólo porque nos permite ser testigos de la tragedia de un hombre condenado por la historia del planeta a perder todo lo que le permite llamarse "un hombre" (o mejor: porque hace para nosotros algo que podríamos llamar "anatomía de la deshumanización") y nos da una lección de cine desde un guión que se toma su tiempo hasta un montaje en espiral que le impide al espectador dejar atrás la pesadilla. También porque, así como el realismo extremo de Rescatando al soldado Ryan redefinió la mirada de los largometrajes de guerra, la compasión constante de esta producción hará imposible que se vuelva a filmar un thriller político en el que una escena de suspenso sea una simple escena de suspenso. Con sus verdugos vacilantes y temblorosos, y sus víctimas con nombre y apellido, Munich le ha dado la vuelta para siempre a la famosa frase de La lista de Schindler: desde ahora "aquel que asesine a un hombre asesinará al mundo entero".

La historia comienza con una brillante reconstrucción de los hechos vividos en octubre de 1972 durante los juegos olímpicos de Munich. Los noticieros de aquellos días nos dicen, en todos los idiomas, desde todos los ángulos, que once atletas israelíes han sido acorralados, secuestrados y -tras una negociación sin salida- ejecutados por un grupo de terroristas palestinos llamado 'Septiembre negro'. Golda Meir, la primera ministra de Israel, da el paso siguiente en el relato: toma la decisión de crear un equipo de cinco agentes comprometidos con la tarea de asesinar a las personas que planearon la terrible muerte de los deportistas judíos. El comando secreto, conformado por un hacedor de bombas, un limpiador de escenas del crimen, un conductor impulsivo y un falsificador de primera, seguirá las órdenes de un patriota convencido de su causa que responde al nombre de Avner. Será el desgaste de ese cabecilla confundido, su dolor mudo cada vez que pueda reencontrarse con una familia que muerte a muerte se le sale de las manos, lo que nos prueba que la guerra terrorista es un callejón sin salida, un diálogo bárbaro, otra forma de vida de la que cuesta regresar.

El obsesivo Spielberg ha vuelto a filmar, en suma, una persecución incesante que pone en juego el futuro de una familia. Esta vez, sin embargo, no le ha señalado a nadie, ni a los personajes ni a los espectadores, el camino de la redención. Quien asiste a la violencia de Munich, quien se deja llevar por las actuaciones impecables, la estupenda fotografía que nos devuelve a los años 70 o el plano final de las Torres Gemelas, vuelve a su casa convertido en una persona menos segura de las cosas que piensa. Se trata, quizá, del más alto honor al que puede aspirar una película. n

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