Miércoles, 26 de noviembre de 2014

| 1993/01/25 00:00

Murió en su ley

Con la desaparición de Kenneth MacMillan, el ballet del siglo XX cierra una de sus páginas más gloriosas.

Murió en su ley

EL INTENSO DRAmatismo de sus coreografías siempre puso en evidencia que Kenneth MacMillan era ante todo un hijo del teatro británico.
Murió en su ley la semana pasada. Asistia al Royal Ballet en Covent Garden de Londres. Se hacía la reposición de "Mayerling", su creación coreográfica de 1978. En ella recreo la tragedia del suicidio del hijo del emperador Francisco José de Autria y Elisabeth de Baviera, el principe Rudolf.
Nacido en 1929, muy joven se inició en la danza. Tenía todas las condiciones del auténtico bailarín clásico de líneas elegantes. Sin embargo, la exitosa carrera fue extremadamente corta. Su retiro prematuro obedeció al "stage fright", terror por el escenario, que nunca logró superar. Cada presentación se le convertia en una verdadera tortura.
Se dedicó por completo a la coreográfia, que en 1955 le había reportado un gran suceso con el estreno de sus "Dances concertantes". Llegó al apogeo de su arte en 1965, en Londres, con "Romeo y Julieta". para música de Prokofiev. Margot Fonteyn y Rudolf Nurejev estrenaron su magistral coreográfia, aunque en realidad MacMillan no había concebido su ballet para ellos. La tensa política mundial de guerra fría de la época desembocó en la selección del exilado Nurejev y de la estrella británica.
Prácticamente la totalidad de su obra tiene corte trágico. Fue la expresión constante del hondo traumatismo que en su sensibilidad dejaron los duros años de la segunda guerra. A la tendencia abstracta y apolínea de los grandes coreógrafos de este siglo, MacMillan opuso su sentido dionisíaco, que hundia raíces en el gran ballet romántico del siglo XIX. Siempre fue un fiel de la técnica clásica del ballet narrativo. También con éxito incursionó en temas abstractos y estética neoclásica.
De su extensa producción tienen categoría de clásicos, al lado de "Maverling" y "Romeo y Julieta", su "Manon, Prince of Pagodas", "Requiem", con música de Lloyd Weber, y "Winter dreams", que basó en las hermanas de Chejov.
Los ballets de sus últimos años los concibió para Darcev Bussel, una de las grandes estrellas del Royal Ballet de Londres, a quien consideraba su musa.
Tuvo una vida de contrastes. Al lado del éxito enfrentó problemas de alcoholismo, una operación de corazón y cáncer en la garganta. La reina lo nombró sir de la corona británica. Fue director del Ballet de Berlín y Asociado del American Ballet Theater, por invitación de Mijail Baryshnikov. Sin embargo su carrera siempre estuvo enmarcada por el Royal Ballet de Londrés, al cual regresó en 1990. Allí murió viendo su propia obra, convertida en clásico del siglo XX.

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