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| 8/16/1982 12:00:00 AM

MUSEOS Y SNOBS

Comprar obras de arte es una manera de adquirir status.

Los museos de arte moderno, actual o contemporáneo, no influyen manera tan directa como las galerías, en el precio de las obras de arte, puesto que su subsistencia depende de los aportes de la empresa privada y no de las comisiones en las ventas. La necesidad de generar recursos para llevar a cabo sus programas, sin embargo, lleva en ocasiones a estas entidades a respaldar ciertos eventos, como las subastas, que también tienen ingerencia en la sobrevaloración de algunas obras.(Hay artistas especializados en donar trabajos a cuanto remate se realiza, con la exigencia, por presupuesto, de que se adjudiquen por un precio superior al que les corresponde en el mercado). Y en algunas oportunidades también los museos hacen concesiones en sus calendarios, las cuales -aunque menos frecuentes y flagrantes que las de las galerías- se prestan igualmente para cierto abuso comercial dada su autoridad y prestigio.
Es conveniente, no obstante, precisar que hay ocasiones en las cuales los museos, como las galerías, dan la impresión de haberse equivocado por el acento comercial de alguna exposición, pero que estas entidades ni pueden ni pretenden influenciar directamente a los artistas, por lo cual escapa a su dominio el hecho de que muestras que se esperan con determinados objetivos resulten diferentes. A este respecto es oportuno recordarr que inclusive un artista tan brillante y tan definitivo en nuestra historia como Pedro José Figueroa, pintó un retrato de Bolívar, con claro ánimo de venta, encima de otro ya bastante adelantado de Morillo, tan pronto supo con certeza la victoria del Libertador en las gestas de la Independencia.
Pero el público que compra arte en el país tiene asimismo parte de la culpa en la sobrevaloración de algunas obras, principalmente por su pasividad e indiferencia ante los avatares de la plástica. Pocos son en Colombia los coleccionistas enterados de lo que acontece en ese mundo que todavía, ingenuamente, califican de bohemio. Algunos compradores, por ejemplo, llegan hasta delegar en los decoradores (quienes generalmente adquieren piezas que concuerden con la alfombra y el sofá), decisiones tan definitivamente personales como la escogencia de las obras con las que han de convivir.
No faltan, desde luego, los snobs que compran arte por aparentar cierta cultura, y quienes contribuyen con su candidez a la sobrevaloración de algunas obras. Muchos de ellos, sin embargo, resultan a la larga genuinamente interesados en el arte, logrando colecciones relativamente meritorias a medida que se internan en el mundo de la plástica.
Al tiempo, finalmente, con todo lo anterior, hay compradores de tres tipos que han hecho más que nadie por la sobrevaloración del arte en nuestro medio (desde cuando Marta Traba estuvo en el país, dirán algunos) y quienes cargan con la mayor parte de la culpa en cuanto al rumbo absurdo de los precios y el mercado. Son ellos: los snobs que permanecen como tales hasta el final de su existencia, quienes adquieren arte por su status; y los inversionistas que realizan transacciones con las piezas de arte, no por placer o por necesidad intelectual, sino sencillamente para incrementar sus posesiones y dinero. Son estos compradores, por regla general, pasto propicio para el "marchand privado" o "dealer particular": esa especie de vendedores ambulantes experta en negociar durante almuerzos y comidas, quienes a diferencia de la galería (que se halla abierta al público y por tanto con los precios a la vista), cobran comisiones acomodaticias y por lo regular exageradas sobre trabajos de artistas de buen nombre, pero que no son los mejores sino los más obvios y los que presentan más rechinante colorido. No es un secreto para nadie, por ejemplo, que en la década pasada fue bastante el dinero producido por las drogas que fue "lavado" con pintura, y que esta demanda inesperada tuvo un reflejo en el mercado artístico cuyas funestas consecuencias sólo ahora comienzan a apreciarse en su justa dimensión.
En conclusión, así como hay medios y sistemas en la difusión del arte que en una u otra forma colaboran en la sobrevaloración de algunas obras, la pasividad e indiferencia de los compradores de arte, así como sus miras extra-estéticas, también son responsables por sus precios y por la orientación equivocada, en cuanto a calidad, que con frecuencia es perceptible en el mercado. Reflexiones sobre temas como estos o como la ingerencia de la crítica en el comercio artistico (motivo de la próxima y última nota de esta serie), pueden ser un buen principio para quien intente conocer o avaluar certeramente el arte del país.

DESDE MADRIS...
Como si ya se estuvieran borrando las últimas huellas de una guerra se podría parafraseando al Rossellinidé 1950, diciendo ahora "Madrid, ciudad abierta". Un bávaro con calzones de cuero abominando a los prusianos, veinti nueve hinchas ingleses menores de veinticinco años, ebrios y descamisados, y una juventud madrileña punk, para la que los Rolling Stones, son unos blandos ancianos son figuras en el paisaje de la capital española. El estadio "Visente Calderón", semi-vacío para el encuentro Irlanda del Norte-Francia y un mundial que nunca acabó de verse en el espejo y que culminó melancólicamente con el fin de la gira de verano del grupo musical de Mick Jagger.
La actividad pictórica y editorial se ablanda con temperaturas que bordean los 43° a las cinco horas de una tarde a la que le faltan cinco horas para declinar. Las guías de libros recomiendan llevar a la playa "El espejo del Mar", de Joseph Conrad y las novelas negras de Patricia Highsmith. Sin embargo, sin que las anteriores sean malas recomendaciones, se olvidan de tal vez, los dos más importantes libros del primer semestre 82: "Invitación a la ética" de Fernando Savater, premio Anagrama de ensayo, y "Aproximación al Origen", de Salvador Pánicker. Pánicker recaba en la necesidad de ser creativos cotidianamente, a ver si así nos escapamos a la más peligrosa de las alienaciones. Ia de las ideologias, que a finales del siglo XX es capaz de explicarnos el 97% de nuestro aqui y nuestro ahora. Infraestructura, subconsciente, repelencia al consumismo e inhibición sexual parecen los extremos de la cruz que clava y en la que es clavado el hombre. Creatividad con ese 3% recomienda Pánickec Madrid, ciudad abierta.
Si usted vive en Madrid, puede suscribirse a un periódico confidencial que se acaba de iniciar esta semana y esto le da derecho a recibir los balances de las trasnacionales, los discursos completos, pronunciados el día anterior en la Otan, el documento del arzobispo de apellido Amigo, pastor de Sevilla y, en general, lo que su imaginación haya considerado hasta ese momento deseable y semi-clandestino. Sin embargo, por el viejo correo de las brujas, se dice que Adolfo Suárez se desmembrará de U. C. D. y el socialismo se centrará, no se sabe si en sí mismo o en la línea menos celeste de U.C.D. Después vendrá el Papa, y las elecciones se celebrarán el 25 de noviembre.
Dedicado al Príncipe de Asturias y con prólogo de Laín Entralgo, acaba de salir al mercado, pero no al keynesiano mercado de las editoriales, sino al semi-público mercado de los institutos oficiales y las fundaciones, el curioso volumen denominado "Los estudios de un joven de hoy". Es regocijante asistir a este esfuerzo por ponerse al día-de ayer-, pretendiendo tender un puente de comunicación entre los ancianos sabios y los jóvenes Ignorantes. En el ensayo sobre sociología, se menciona a Max Weber, pero no se menciona a Carlos Marx. Y el ensayo sobre Hispanoamérica, preparado por Arturo Uslar Pietri, se desquicia dando por sobreentendido lo que en ningún caso lo es para esa juventud; desde el mañana de una Latinoamérica que rehusa su destino común con la Peninsula y el ayer de los estudios hechos con pretensión de monografia de la Escuela Normal de París de los años 20, este libro es justamente todo lo que no es o lo que no son, los estudios de un jovén de hoy.
Para terminar, Mallo, Palazuelo, Saura, Berlanga y Sert, merecidísimas medallas de oro de bellas artes en pintura, los 3 primeros, cine y urbanismo los otros dos. La imagen contemporiza mejor.
Manuel Hernández B.
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