Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/08/29 00:00

¡Música, ministro!

El salsero panameño Rubén Blades empieza a ejercer como ministro, y sigue el camino de Gilberto Gil en el Brasil.

Rubén Blades sacrificó su carrera musical, que se encuentra en un muy buen momento (prueba de ello son 'Tiempos'y 'Mundo', sus últimos trabajos), para dedicarse a su patria. 'No le estoy diciendo no a la música, le estoy diciendo sí al país', afirma. A la izquierda, Gilberto Gil, ministro de Cultura de Brasil.

En un gesto que muchos medios no han reseñado sino como nota de farándula, el nuevo presidente de Panamá designó al cantante Rubén Blades ministro de Turismo. La noticia parece un calco de otra que escuchábamos hace 20 meses, cuando Lula da Silva nombraba ministro de Cultura en Brasil a otro músico genial: Gilberto Gil. De hecho, como si se tratara de un presagio, el último disco de Rubén Blades incluía una versión libre del tema Oriente, compuesto por Gil.

Tal vez suene pesimista eso de llamar 'último' al más reciente disco, pero ya sabemos que tenemos que despedirnos del cantante por un quinquenio. A diferencia de su homólogo brasileño, que aprovecha cualquier visita oficial para ofrecer un concierto, Blades dijo que su carrera musical va a verse interrumpida. Y lo expresó de manera muy política: "No le estoy diciendo no a la música, le estoy diciendo sí al país".

Es una lástima, porque Rubén Blades estaba en un momento excelente como compositor. Sus dos últimos álbumes fueron arriesgados, innovadores y sonoramente pulcros. Se llaman Tiempos y Mundo. Son discos menos salseros, pero más ricos en ritmos y armonías.

Jimi Hendrix decía que la diferencia entre la política y la música es que en música no se pueden decir mentiras. Para él eran fuerzas opuestas. Lo cierto, sin embargo, es que esas fuerzas han sido cercanas en varios momentos de la historia: el ex presidente checo Václav Havel confesó haberse inspirado para su "revolución de terciopelo" de 1989 en las canciones del grupo de rock Velvet Underground. Hay también personajes políticos cuyo pasado de malos músicos los delata: Silvio Berlusconi era cantante en cruceros y Tony Blair, guitarrista de la banda Ugly Rumours, de la que nadie quiere acordarse.

El año pasado tuve la fortuna de hablar 15 minutos con Gilberto Gil. Era inevitable preguntarle en qué ayuda ser músico a ser ministro. Su respuesta fue emocionada y veloz: "Conocer el pueblo, haber estado por todas partes, saber cómo vive la calle, cómo actúa la gente, cómo sienten, cómo piensan. Cuarenta años de estar por Brasil, Suramérica, el mundo, de ver a la gente que llegaba para celebrar esos momentos de espiritualidad que se manifiestan a través de la música, todo eso me ha enseñado mucho sobre lo que son los pueblos, lo que quieren, lo que piensan".

'El pueblo' es una expresión que casi se ha vuelto muletilla de los políticos. Uno de los peligros que tiene el poder es que quienes lo ejercen van perdiendo sensibilidad, al punto de olvidarse, por ejemplo, de los pueblos que hay detrás de las palabras. Con la carrera política de Rubén Blades hay esperanza porque la sensibilidad está presente desde su primer disco. Al pueblo lo personificó en la figura de 'Pablo Pueblo', que según su canción...

"... llega hasta el zaguán oscuro / vuelve a ver las paredes con las viejas papeletas / que prometían futuros en lides politiqueras / y en su cara se dibuja la decepción de la espera".

Con una letra de esas en su hoja de vida, la responsabilidad de Blades en un puesto político es grande. Ya lo había intentado en 1994 cuando se lanzó de candidato a la Presidencia, pero la vida no le soltó ese caballo. Ahora por fin le da la oportunidad de un cargo público, ahora que tiene 'tiempos' y tiene 'mundo'.

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