Viernes, 20 de enero de 2017

| 2005/05/01 00:00

¿Música o reciclaje sonoro?

Aunque para algunos es una moda efímera, cada vez se hace más música electrónica en Colombia y Latinoamérica. Análisis de Juan Carlos Garay.

En música electrónica nunca existirá una interpretación definitiva, pues cada 'disc-jockey' rearma a su antojo la canción a base de fragmentos pregrabados y algún detalle propio.

En uno de los más recientes discos del sello Putumayo, llamado Blues lounge, hay un efecto de veras fantasmagórico. Uno está oyendo una pieza moderna llena de efectos electrónicos y de pronto se cuela la voz del músico de blues Robert Johnson. Lo escalofriante es que Johnson murió en 1938, por tanto es imposible que haya estado físicamente presente en esta grabación.

¿El truco? Recurrir a fragmentos pregrabados y hacerlos parte del nuevo sonido, convirtiéndolos en voces recién llegadas a la sinfonía electrónica. Esta práctica se ha vuelto de lo más común y se nombra con el neologismo 'sampleo', una palabra que no termina de gustar entre los paladines del castellano. Miguel Camacho, de la emisora Hjck, afirma que lo correcto sería decir "muestra", pero hasta ahora ningún disc-jockey le ha hecho caso. Más empírica es la expresión preferida por los músicos del grupo juvenil Cabuya: "Arrastrao, porque es una cosa que tú arrastras de un disco a otro".

Así que ahora hay versiones de versiones de versiones. En música electrónica nunca existirá una interpretación definitiva, sino que cada disc-jockey rearma a su antojo la canción a base de fragmentos pregrabados y algún detalle propio. La idea de que una música se pueda multiplicar en infinitas variaciones es tentadora, y la llegada de software de ingeniería sonora como el Pro-Tools ha democratizado mucho la producción de música. Pero son software peligrosos: no hace mucho Eric Clapton dijo que utilizándolos "llegué a pensar que era posible alcanzar la perfección".

Tan lejos ha llegado el reciclaje que a veces nos queda imposible saber cuál fue la grabación predecesora. En el nuevo álbum del productor uruguayo Luciano Supervielle aparece una nueva versión del tango Perfume. Al preguntarle por qué quiso remezclar una canción que ya habíamos oído hace tres años en el primer disco de Bajo Fondo Tango Club, respondió que aquella versión que nosotros creíamos original (por ser la que salió inicialmente) es en realidad la remezcla, y que ésta es la primera que se grabó. Luego explicó: "La cultura del 'remix' conlleva eso: cómo un mismo tema puede decir tantas cosas diferentes de una versión a otra".

En este universo infinito de mezclas y remezclas ha aparecido un proyecto colombiano muy interesante. Se llama Sismo, y su punto de partida es la búsqueda de una identidad sonora desde una perspectiva joven. La electrónica y la tradición se encuentran en un disco cuyos 'sampleos' son los pregones de un vendedor de pescados del Chocó, voces de niños que juegan y cantos de los indígenas embera, uitotos y guahíbos.

Uno podría proclamar que los muchachos de Sismo plantean un rescate de nuestras raíces, pero la búsqueda en verdad va por otro lado. Estas grabaciones nos enfrentan a otro tipo de armonías, afinaciones imprecisas y expresiones más espontáneas que medidas. Todo esto representa un reto para los músicos, que luego debían mezclar aquellas voces con el sonido más formal de un sintetizador. El resultado es mágico: el disco de Sismo va desplegando un coro de voces de pueblo en medio de una atmósfera serena. Así, estos músicos han sabido aportar algo humano a un género que a veces pareciera regodearse en sonidos demasiado mecánicos.

Quizás ahí esté la medida de lo que es rescatable y lo que es efímero en música electrónica: utilizar bien el Pro Tools no es garantía de ser buen músico, pero como dice Supervielle, "un pianista tampoco es forzosamente un buen compositor". El Pro Tools y el piano son apenas herramientas. La verdadera música siempre está dentro del intérprete.

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