Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1995/03/27 00:00

NELL

Jodie Foster se juega su tercer Oscar con la interpretación de una mujer que creció sin tener contacto alguno con la civilización.

NELL

DIRECTOR: MICHAEL APTED
PROTAGONISTAS: JODIE FOSTER, LIAM NEESON Y NATASHA RICHARDSON
HAY IMPERIOS que no pueden ser medidos en kilómetros cuadrados; mundos que escapan a la idea ambigua del progreso o al frágil concepto que en términos de desarrollo significa avanzar. Hay vidas que escapan a cualquier parámetro y, sin embargo, crecen en absoluta independencia. En fin, hay humanos que conocen más mundos que muchos navegantes y que forman en su interior rincones más sabios que los fomentados en las universidades.
De alguna manera la historia de Nell intenta sustentar todas estas premisas; o por lo menos ese parece ser el propósito del director Michael Apted con la realización de la película Una mujer llamada Nell. Basada en el drama Idioglossia, de Mark Handley, la cinta narra el encuentro con la civilización de una mujer que ha sido criada en mitad de un bosque sin ver a nadie más que a su madre.
Muchas de ellas simple leyenda, otras reales, las historias de niños criados por animales han corrido paralelas al desarrollo de la humanidad. En el cine las dos más famosas han sido la de Tarzán y la de Mowgli, el personaje de El libro de la selva. Fantásticos y reales, ambos casos apuntan a una sola obsesión científica: el estudio del hombre salvaje. El caso de Nell tiene su propia particularidad. Interpretada por Jodie Foster, dos veces ganadora del Oscar a la mejor actriz y este año nominada por este papel, Nell ha tenido la oportunidad de haber sido educada por su madre. Pero las razones por las cuales fue criada en un mundo totalmente apartado de la civilización y las consecuencias de esta crianza son -precisamente- las que interesan a un par de científicos que corren a examinarla una vez descubierta. Ellos son Liam Neeson, el de La lista de Schindler y Natasha Richardson; el primero haciendo todo lo posible por dejarla vivir en su hábitat y la segunda por convertirla en objeto experimental. Ambos penetrarán, a su manera, el extraño pero hipnotizante mundo de Nell; un mundo colmado de ritos, de cantos y de miedos.
Una excelente fotografía acompaña la historia, que se desarrolla casi en su totalidad en el bosque solitario de Nell. Sin embargo, en todo este relato aleccionador, hay elementos y situaciones que no alcanzan a compenetrarse con la narración ni con su ambiente. Tal vez porque el jurado de la Academia de Hollywood enloquece con papeles de discapacitados, Jodie Foster, quien hace las veces de productora, no podía faltar en las nominaciones por su interpretación de Nell. Pero a pesar de que alcanza momentos brillantes también los hay fingidos, acomodados, al mejor estilo de Hollywood, el cual responde a la fórmula de llamar toda la atención sobre el personaje al mismo tiempo que se le disminuye su naturalidad. A Al Pacino ya se le había criticado esta tendencia en Perfume de mujer, y este año se repite con la Foster.
Algo parecido sucede con el resto de la historia. Da la sensación de que la película no explora el fenómeno de esta sensible mujer educada al natural, sino que la inventa a ella para lograr una película efectista. Así, el artificio le resta credibilidad a una historia de tema interesante pero cuyo director prefirió transarse por la impostura en aras, tal vez, de la rentabilidad económica. Una cinta sobre la solidaridad y la compasión bien narrada pero con dudas en su resolución.

DE AMOR Y SOLEDAD
Una cinta sobre la solidaridad y la compasión bien narrada pero con dudas en su resolución.
DIRECTOR: GIANNI AMELIO
PROTAGONISTAS: ENRICO LOVERSO, VALENTINA SCALICI Y GIUSEPPE IERACITANO
GANADORA del Premio Especial del jurado durante el Festival Internacional de Cine de Cannes en 1992, esta cinta, cuyo título original es El ladrón de niños y que inexplicablemente fue traducido al castellano como De amor y soledad, se encargó de abrir hace algún tiempo un festival de Cine de Bogotá. Luego fue archivada y finalmente, sin mayores anuncios, se estrenó hace dos semanas en Colombia.
Curiosamente el tema es semejante al de El perfecto asesino, de Luc Besson, todavía en cartelera. Dirigida por Gianni Amelio y protagonizada por Enrico Lo Verso y Valentina Scalici, El ladrón de niños cuenta el trayecto de un accidentado viaje de Roma a Calabria. Sus protagonistas son dos menores que han quedado abandonados y un policía encargado de depositarlos en una institución de beneficencia.
En forma similar a la película de Besson, en la cinta de Amelio la relación del policía (Antonio) con sus niños reos en el transcurso del viaje desata toda la trama; un drama vestido de tragedias familiares, de frustraciones infantiles, de soledades y de búsqueda de felicidad. Por supuesto, el parecido entre las dos películas es sólo temático. En realidad El ladrón de niños carece de violencia física y su ritmo es considerablemente menor. La película está desarrollada más sobre las actitudes de los personajes que sobre sus acciones. Y por eso es probable que a algunos espectadores les parezca lenta y carente de trama.
Y la verdad es que es así. Lo que sucede es que, en este caso, la acción es un estorbo, puesto que todo está concentrado en el descubrimiento de las personalidades, en la asunción de la soledad por parte de los niños y en las reacciones de un confundido policía ante dos seres que están viendo ahogada su esperanza de libertad por cuenta de él. Pero, como en El perfecto asesino, Antonio también pagará su precio por permitirse el lujo de ser compasivo.
Independientemente de su lentitud, la película está bien narrada. Sin embargo posee un defecto: un final tal vez demasiado abierto que invita al espectador a desenredar él mismo lo que se supone que la cinta iba a desenredar por sí sola durante toda la trama.-

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