Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2008/07/26 00:00

No le digas a nadie

Esta premiada producción de suspenso se vuelve grotesca en su intento de no perder la atención de los espectadores. * (Mala)

El pediatra Alex Beck (François Cluzet) acaba de recibir un ‘e-mail’ de la esposa que le asesinaron hace ocho años

Título original: Ne le dis à personne.

Año de estreno: 2006.

Género: Suspenso.

Dirección: Guillaume Canet.

Guión: Guillaume Canet y Philippe Lefebvre.

Actores: François Cluzet, Marie-Josée Croze, André Dussollier, Kristin Scott Thomas, Nathalie Baye, Jean Rochefort, François Berléand.


Se podría decir, apenas se acaba esta película tan torpe, un dicho popular como el que sigue: "el thriller malo, si francés, dos veces malo". Se podría sugerir, mejor dicho, que el mundo tiembla cada vez que un realizador francés se atreve a filmar un género de Hollywood. Pero sería una gran injusticia. Porque ya es hora de que dejemos de echarles la culpa a los países. Y porque si se revisa la lista de los cineastas nacidos en Francia, ahora que estamos todos tan amigos, se encontrará que Louis Malle, François Truffaut y Claude Chabrol, por decir los primeros que vienen a la cabeza, filmaron algunas de las mejores películas de suspenso que se consiguen hoy día en DVD. O sea que la encumbrada No le digas a nadie, que abrió el festival de cine europeo de este año, y se llevó cuatro sonados premios Cesar en 2007, es simplemente una mala película: no es un sofisticado thriller francés que juega con las convenciones del género sino una tontería enrevesada a la que le perdemos la paciencia apenas queda claro que no sabe a dónde ir.

Sonaba fascinante: el médico pediatra Alex Beck recibe un e-mail de su esposa, Margot, ocho años después de haber sido asesinada, y entonces se sumerge en una investigación que pone en duda todo lo que sabía del mundo hasta ese momento. Sonaba bien en el papel, no hay duda, pero la puesta en escena, que en vano persigue el realismo del cine norteamericano de los 70, la vuelve larga, aburrida, grotesca e inverosímil. Y hacen falta palabras para decir todo lo que se siente viendo esta aparatosa obra que muy pronto logra convertir la tragedia de su héroe en una suma de pucheros.

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