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| 9/2/1985 12:00:00 AM

NO SOLO DE APLAUSOS VIVE EL HOMBRE

SEMANA habla con tres directores.

Hoy el teatro colombiano ha entrado en una etapa de definitiva madurez, parece ser una afirmación general de tres teatreros entrevistados a propósito de la realización o desarrollo de tres refrescantes proyectos para la actividad teatral colombiana. Sin embargo, la situación continúa siendo la misma. La mayoría de teatreros siguen llenando su estómago con aplausos, cada año se reporta la recuperación de por lo menos dos ruinas donde se radica la misma búsqueda y el presupuesto oficial para la actividad artística sigue siendo una miseria. SEMANA entrevistó a Carlos José Reyes del T.P.B., a Ricardo Camacho del Teatro Libre y a la directora del Teatro Nacional, Fanny Mikey. Actualmente, los tres buscan una mayor comercialización del teatro en Colombia por diversos medios.

HAY QUE SACAR LOS RATONES
"El T.P.B. no había podido funcionar sino en un 20 ó 25 % de sus reales posibilidades espaciales, lo demás era un hueco lleno de ratones...", es la afirmación de Carlos José Reyes, quien recientemente puso a disposición del Teatro Popular de Bogotá la sede de El Alacrán, grupo fundado por él que afrontando una dura crisis económica se vio obligado a cerrar sus puertas hace tres años.
El trabajo mancomunado del T.P.B. y El Alacrán está en marcha con la remodelación del antiguo teatro Odeón, sede del primero, con el proyecto de establecer en él una cinemateca, un set de televisión, una cafetería y un auditorio, que permitan financiar seis montajes por año en las dos salas.
SEMANA: ¿Cómo es que el teatro El Alacrán tras un largo receso puede resucitar en el proyecto conjunto con el T.P.B.?
CARLOS JOSE REYES: La historia de este teatro viene desde 1971, cuando a un grupo de antiguos integrantes del Teatro de Arte Popular, nos surgió la idea de hacer varios montajes que presentamos en, por lo menos, doscientos cincuenta barrios de Bogotá. Sábados y domingos teníamos presentaciones permanentes, para lo cual hicimos un trabajo de títeres gigantes con sonido en cintas pregrabadas, de modo que se pudiera amplificar el sonido y buscamos presentarnos en plazas públicas para dos mil o más espectadores. El proyecto de sacar el teatro al aire libre no se podía hacer sin las condiciones adecuadas. Uno puede tener las mejores intenciones para llevar el teatro al pueblo, pero si no lo lleva bien es esfuerzo perdido y nosotros queríamos trabajar con las mejores condiciones. Inclusive llevábamos nuestros propios equipos de luces. Nos presentábamos en el atrio de las iglesias, como el teatro del siglo XVII y llegamos a presentarnos en la Plaza de Bolívar sin mayor dificultad. De allí surgió la necesidad de tener una sede propia, porque no podíamos seguir trabajando en las casas de los actores. Buscando auxilios encontramos la casa que nos sirvió de sede y allí empezamos a realizar una labor permanente, pero la sala tenía apenas capacidad para ochenta personas y teníamos que presentarnos hasta dos semanas seguidas para poder pagar un solo anuncio de publicidad y progresivamente fuimos entrando en crisis. Para solucionarla decidimos integrar nuestra sede al T.P.B. para reforzar el proyecto cultural.
S.: ¿Existe alguna iniciativa de su parte para poder sacar los resultados de sus investigaciones en historia del teatro colombiano (con las cuales ingresó recientemente a la Academia Colombiana de Historia) dentro del proyecto del T.P.B.?
C.J.R.: Dentro del proyecto actual, tenemos en perspectiva sacar este material por medio de publicaciones. Consideramos que uno no puede ir hacia adelante sino tiene conciencia de sus raíces históricas. De lo que se trata no es de decir que se escribieron y se montaron unas obras buenas o malas, sino de buscar la forma de expresar nuestra identidad nacional y hay una línea especial que ya ha empezado a emerger. Por ejemplo, desde una obra como "La láurea crítica" del siglo XVII, pasando por las obras del siglo XIX de José María Samper, hasta los trabajos de Enrique Buenaventura y los últimos montajes realizados en Colombia hay una línea de humor. Generalmente en Colombia no ha prosperado la tragedia, aunque existan quienes la escriban. Entonces la búsqueda de raíces es fundamental, es decir, de rescatar las obras del siglo XIX y comparar el nuestro con el teatro bufo cubano, con el grotesco argentino, para lograr ciertas líneas de influencias internacionales, pero también ciertos esfuerzos por enraizarse de nuestro teatro, como ya lo consiguió y nadie lo discute en el caso de la novela.
S.: ¿Se da también algún avance hacia la estabilidad económica de los grupos de teatro en Colombia con este proyecto?
C.J.R.: El concepto de la economía para la vida de los grupos teatrales estaba basado casi única y exclusivamente en los auxilios oficiales, más una muy baja taquilla. Cuando se trata de la taquilla se va subiendo el precio de la boleta y por fuerza el teatro se va volviendo elitista, esa es una contradicción insalvable. Si se trata de hacer un teatro muy popular hay que sacrificar el ingreso, no pagarle a los actores o pagarles muy mal. Nosotros pretendemos crear un ente que se autofinancie con el set de televisión, la cafetería y el cine-club, para hacer menos doloroso el precio de entrada a teatro.

MAS LIBRE EL LIBRE
En 1983 se alcanzo a decir que el Grupo de Teatro Libre de Bogotá se había disuelto y al mismo se le auguraba un futuro oscuro. Ricardo Camacho parece desmentir la afirmación, pues se prepara para dirigir en Francia un intercambio con el teatro El Triángulo, mediante el cual Camacho monta en París "Un muro en el jardín", del colombiano Jorge Plata y Hervé Van Der Meullen dirige en Bogotá "El burgués gentilhombre" de Moliere. Preparando su viaje nos comentó:
SEMANA: ¿Diría usted que las condiciones para el Teatro Libre han cambiado de 1983 a 1985?
RICARDO CAMACHO: Por supuesto, hemos profesionalizado mucho más el oficio; desde el punto de vista de los actores se investiga muchisimo más, la escenografía, el vestuario, la iluminación son terrenos en los que hemos avanzado cualificando el oficio y estamos formando gente en ese campo. De un grupo que hacia todo de una manera voluntariosa hemos pasado a uno que lo hace de una forma mucho más profesional. Yo diría que en el 83 dimos un salto definitivo para convertirnos en un grupo auténticamente profesional.
S.: ¿Usted cree que, particularmente el Teatro Libre, ha avanzado en la búsqueda de la dramaturgia nacional?
R. C.: Yo pienso que si hemos dada pasos importantes en ese campo. Hemos montado alrededor de quince obras de teatro colombiano, en las cuales tres se han convertido en logros muy importantes, porque han obtenido reconocimiento no sólo en el país sino también a nivel internacional. Yo diría que casos como "Los inquilinos de la ira" de Jairo Anibal Niño, que se ha montado mucho en el continente, "La agonía del difunto" de Esteban Navajas, no hay obra colombiana que se haya montado más en el exterior (en Checoslovaquia el más reciente) y "Un muro en el jardín" que se estrenará el mes entrante en Francia. Esas obras, yo creo, constituyen un gran logro para los doce años que venimos trabajando, que es un periodo muy corto.
S.: ¿Cuál ha sido la respuesta del público durante esos doce años?
R.C.: Nosotros siempre hemos ido en un proceso de crecimiento. Vea usted que éste no corresponde al problema económico, porque las dificultades en este orden son cada día mayores, como lo es nuestro crecimiento artístico, hay una relación inversamente proporcional. Es curioso, pero es normal. Si usted mira este año, hacemos producciones con las exigencias de los clásicos y, sin embargo, las dificultades económicas son mayores. La taquilla no paga las producciones.
S.: Sin embargo, casi que es así. ¿Cómo subsiste el Teatro Libre si no es solamente por la taquilla?
R.C.: Por una razón muy sencilla, porque tenemos público. Tenemos un público que es fiel, que nos ha venido acompañando a través de toda nuestra historia. Nosotros hemos creado un público y podemos decir que este público es del Teatro Libre, por extensión es un público de teatro.

OLVIDEMONOS DEL OBRERO
Faltaba la mujer más controvertida del teatro colombiano: Fanny Mikey. Ella ha vivido las más recientes etapas del teatro colombiano en todos sus estilos, en los primeros años trabajó para el Estado, luego con el teatro político del TPB, hizo (y fue criticada por ello) café concert y por último dedicó todos sus esfuerzos a la idea de construir un teatro que fuera pilar del espectáculo en Colombia. A los trece años de fundación del Teatro Nacional, podemos evaluar con ella los resultados del experimento.
SEMANA: Cuando Fanny Mikey llegó a Colombia apenas se fundaba el Teatro Escuela de Cali, en 1960. ¿Qué ve entre la presentación de Edipo Rey en la Plaza de Bolívar ese año y el montaje de Los japoneses no esperan veintinco años después?
FANNY MIKEY: En esa época yo vivía en Cali, trabajábamos en el Teatro Municipal que tiene más de mil butacas y allí haciamos obras como La casa de Bernarda Alba, La fierecilla domada, Edipo Rey... que duraban mes y medio agotando localidades. Teníamos mucha ayuda, porque pertenecíamos a Bellas Artes, teníamos sueldo, prestaciones sociales y hasta vacaciones, fue la época dorada del teatro porque podiamos vivir de él. Después hubo el teatro político en el cual nos cortaron absolutamente todas las entradas a los grupos de teatro, aparecieron muchos grupos de teatro universitario. Entonces el teatro tenía que ser político para poder convertirse en voz de los estudiantes. Una vez se me acercó un estudiante y me dijo que la única manera de hablar que tenían los universitarios era por medio del panfleto o del teatro...

S.: En el momento en que se dio el teatro político se comenzó a hablar también de dramaturgia nacional.
F.M.: En ese sentido Colombia ha sido muy rica y ha sido puntal y vanguardia en América Latina, porque ha buscado una identidad en su lenguaje, más en las obras que en el actor. Obras como "Guadalupe años sin cuenta" y I Took Panamá hoy son clásicos latinoamericanos. Pero hubo una época en que el teatro político descuidó lo artístico y hoy en día el actor ya se dio cuenta de lo importante de su papel y por eso se preocupa mucho más por la actuación.
S.: Bueno, si estas etapas ya han sido superadas, ¿cuál estamos viviendo?
F.M.: Esta etapa me ha hecho. Yo hice café concert y no me arrepiento porque le quité el miedo a un público para ver teatro con la disculpa de tomarse un trago. Hoy en día tengo un ejemplo y es que obras como "El sexo mandamiento" y "Véanme" eran para café concert y yo las llevé a teatro popular y han agotado localidades. Ya el teatro es del gran público... Ojo que el gran público es el de clase media, un obrero, dejémonos de historias y de paternalismos baratos, no tiene plata ni para ir a cine, entonces no jodamos con eso, porque yo toda mi vida lo que hice fue vender funciones para empresas. El obrero, con ese sueldo tan miserable que gana en Colombia, no puede ir a teatro. Estadísticamente está comprobado que el público que va a teatro, en todo el mundo, es el de clase media baja, no el de clase alta.
S.: ¿Y el que viene al Teatro Nacional?
F.M.: Universitarios y profesionales, de veinticinco a cuarenta años. De repente, cuando tenemos un espectáculo internacional, también viene la gente esnob.
S.: ¿En el momento actual del teatro colombiano, que siente usted que ha hecho el Teatro Nacional?
F.M.: En esta etapa el Teatro Nacional ha avanzado. No es gratuito que en los últimos años haya tanto movimiento cultural en Bogotá. Me indigna profundamente que la gente que maneja este país no crea en la cultura. Hay una tendencia que a mayor cantidad de espectáculos, existiría menos violencia.
S.: ¿Qué validez le encuentra usted al trabajo del Teatro Nacional en el país?
F.M.: Bueno, pues yo creo que obras como "Los japoneses no esperan" para mí es definitiva, porque soy más colombiana que todos ustedes y lo digo sin jactancia, porque he recorrido el país palmo a palmo con el TPB, con el TEC y sé lo que quiere el público. Es una obra donde se muestra lo que es el machismo, don de la mujer no es persona, es revolucionaria socialmente como cualquier obra guerrillera o política. Ya si no se han presentado obras de autores colombianos, ha sido porque las que se han propuesto no han funcionado pero hay gente escribiendo un próximo montaje para el Teatro Nacional.
S.: ¿Piensa que en esta época la calidad del espectador también ha subido?
F.M.: Claro que sí, lo que pasa es esto: ésta que tú llamas tercera época no existe, es el equilibrio, la madurez. Al demostrar que los espectadores colombianos tienen necesidad de nosotros, eso dio mayor confianza a los grupos. Y lo más rico del momento es que ahora existen todo tipo de espectáculos, un espectáculo político, un espectáculo social, uno puramente humorístico, es decir, toda tendencia del teatro y del espectáculo y el publico compara, discute y dice lo que necesita.
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