Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1982/08/16 00:00

NO TAN INGENIOSO

Henry Arias, pintor primitivista, introduce en su obra un elemento poco usual, la sátira política.

NO TAN INGENIOSO

Su mayor aspiración fue ser torero; incluso practicó como muletilla durante tres años en el Parque Nacional. Frustrado en esta vocación, resolvió que la mejor opción era la pintura, para la cual parecía tener suficientes dotes. Hoy, a los 29 años, Henry Arias es uno de los pintores primitivistas más cotizados en nuestro medio.
Sus primeros pasos los realizó como pintor de retratos, trabajo que le permitió subsistir. Envuelto en el círculo nadaísta con los poetas Gonzalo Arango, Jotamario y Elmo Valencia, decoró, en noches de interminables rumbas, discotecas como la Mamut Rosa y El Templo. Pero, en medio de todas las tendencias op, pop y geométricas que le rodearon por esa época, Henry Arias pintaba paisajes. Paisajes costumbristas que parecían bombardeados, a pesar de la alegria de su color, pues no asomaba en ellos un ser humano. Después de estudiar durante cuatro años pintura y escultura, Arias fue definiéndose pictóricamente dentro del primitivismo costumbrista. Pero sus cuadros no encajan dentro de las características ingenuas que le son atribuidas a este estilo. En sus plazas de mercado, alcaldías, tiendas e iglesias está presente la sátira política y social, además, como tendencia permanente, Arias presenta en sus óleos y acrílicos, la ruptura del equilibrio y la perspectiva, pintando personas de igual tamaño que montañas o inmensas mariposas en primer plano. Los temas característicos de sus obras están relacionados siempre con las costumbres del altiplano y su hábil manejo del color las hacen inconfundibles, en medio de la explosión de primitivistas que tenemos actualmente en el país.
Quien verdaderamente desee identificar si un Arias es o no legítimo debe buscar en medio de las frutas, las flores y las casas una perra dálmata (Aretha) que se pasea muy oronda por la obra del pintor. Otro distintivo de sus cuadros es la ausencia total de aparatos mecánicos, o de cualquier elemento que pueda producir contaminación. Porque Henry Arias, aunque ya es un profesional disciplinado que vive de su trabajo desde hace varios años, aún conserva personal y pictóricamente un poco de esa filosofía de la naturaleza que inspiró el movimiento nadaísta. Y es precisamente una muestra de todas estas características de su obra la que está expuesta en los 24 cuadros que se encuentran colgados en la Galería El Callejón.

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