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| 1/9/1989 12:00:00 AM

NOTA EN FALSO

Los artistas soviéticos protestan por las trabas que les pone su gobierno para actuar en Occidente y para ganar dinero.

Para el hermético régimen soviético, los artistas han sido los mejores propagandistas de las supuestas bondades del sistema en el terreno cultural. Las figuras que Occidente conoce, todas de talla magistral como Heifetz, Mischa Elman, Guidon Kremer, Shlomo Mintz entre otros, han mostrado la seriedad y rigor de los métodos de enseñanza, así la mayoría de estos geniales intérpretes, una vez fuera de su país, haya hablado horrores de lo que fueron sus experiencias allí dentro, inclusive académicas, cuando debieron estudiar casi con mayor dedicación que la música, la teoría marxista y la historia de la economía política del Partido Comunista, materias que de no ser aprobadas, impedían el ascenso musical.
Para un músico soviético, inclusive hoy día en época de "apertura", una salida del país implica un trámite burocrático de pesadilla, y sólo puede lograrse a través de la agencia estatal "Goskoncert", que selecciona artistas, repertorio, consigue visas, cobra honorarios (de los cuales se queda con jugosa tajada) y organiza giras, estas últimas coordinadas con la KGB (policía secreta) para evitar fugas de sus clientes.
El pulpo burocrático de "Goskoncert" ha sido blanco de severas críticas por parte de los músicos soviéticos, debido a la paquidérmica e inoperante organización. Sin embargo, nunca ningún artista se había atrevido a contrariar, y mucho menos censurar públicamente a la empresa, por las repercusiones que pudiera sufrir su carrera en un futuro. Pero la hora llegó con el director de orquesta Gennadi Rosdestvenski, quien acaba de rebelarse a seguir trabajando fuera de su país teniendo como intermediaria a "Goskoncert". El artista, según una publicación londinense, ha exigido que se le conceda libertad total con el fin de negociar y manejar sus conciertos y obtener un pasaporte con visas múltiples para viajar cuando y donde lo desee. Mientras el permiso le es concedido, cumplirá los compromisos adquiridos, pero en el futuro se abstendrá de programar giras por el extranjero. Esta decisión fue tomada en vista de la ineficiencia de la empresa, que impedía al director y a su esposa, la pianista Victoria Postnikova, aceptar compromisos surgidos en forma imprevista. La lentitud en los trámites, en muchos casos los obligó a cancelar presentaciones al no llegar las visas a tiempo. Esto sin contar con la pésima imagen que se da a los artistas, pues "Goskoncert" les coloca en su hoja de vida ser expertos en repertorio inexistente.
El tiempo dirá qué suerte correrán el director Rosdestvenski y su esposa luego de tamaño desacato, pues otros artistas, por mucho menos, han sido vetados. Así ocurrió con el pianista Vladimir Feltsman, quien al pedir una visa para viajar a Israel fue puesto en la lista negra y desde hace años le está prohibido tocar públicamente.
Que la Unión Soviética sea un paraiso, nadie lo pone en duda. Pero el artista soviético de verdadero talento, que conoce las libertades de Occidente para programar conciertos, realizar giras, grabar y de paso ganar muy buen dinero, no medita dos veces la posibilidad de salir. En la primera oportunidad da el salto, aprovechando un permiso de "Goskoncert". Pero éste no se le da a cualquiera y la violinista Victoria Mullova, en reciente reportaje daba la explicación: "Goskoncert pone trabas a los artistas para salir a tocar al extranjero, por miedo a responsabilizarse de deserciones. Sólo aprueba el viaje de quienes sabe son totalmente fieles al régimen, a fin de evitarse problemas".
Vaya a saberse si la apertura de Gorbachov beneficiará también a los artistas y qué repercusiones tendrá la actitud de Rosdestvenski, a quien le quedan cuatro alternativas: que se apruebe su petición; ser vetado como Feltsman, caso poco probable dada su importancia, fugarse como la Mullova, o ser privado de su nacionalidad como Rostropovich. La decisión está en manos de las autoridades soviéticas y de "Goskoncert", que ven cómo la famosa Perestroika de su líder se hace necesaria para preservar uno de los mayores orgullos de la Unión Soviética: el arte.
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