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| 10/16/1989 12:00:00 AM

Notas destempladas

Luciano Pavarotti, el gran tenor italiano, ha cancelado 26 de las últimas 41 presentaciones y en cada oportunidad ha dado diferentes disculpas.

"No, nunca volveré a cantar aquí, porque esta sala me trae mala suerte", dijo el tenor italiano Luciano Pavarotti a las directivas de la Opera Lírica de Chicago, ante el disgusto que provocó que el cantante cancelara todas sus presentaciones concertadas para la temporada que se inició el pasado 16 de septiembre. Debía actuar Pavarotti en la ópera Tosca de Puccini y, a última hora, cuando la boletería llevaba meses de estar totalmente vendida para las seis funciones en las cuales cantaría el tenor, fue necesario salir a buscar un remplazo, ante la frustración de un público que quería, por sobre todo, escuchar la obra con la participación del divo italiano.
El argumento que expuso el cantante para romper el contrato es una "permanente inflamación del nervio ciático", que le impide desplazarse con agilidad por el escenario. La verdad, el gran Pavarotti jamás se ha movido con agilidad en escenario alguno, ni siquiera cuando se sometió a una rígida dieta que le permitió bajar 40 kilos ya que, después de tan heróica prueba, quedó todavía por encima de los 100. No creyeron las directivas del teatro las razones que dio Pavarotti pues, según Ardis Krainik, directora general de la compañía, desde 1981 hasta 1989 el cantante ha cancelado, siempre a última hora, 26 de las 41 representaciones convenidas, y en cada oportunidad ha dado diferentes disculpas. Que la voz, que el peso, que el corazón, que una momentánea gripa. Creyendo el teatro que en esta oportunidad todo se desarrollaría según lo planeado, se estudiaba un nuevo contrato con el cantante para 1991, pero tras la última cancelación el proyecto quedó totalmente enterrado.
Lo cierto del caso es que el incumplimiento de contratos por parte de los artistas es pan de cada día, debido, según algunos, a que este gremio de profesionales cree tener la vida y la salud compradas. Se dice que aceptan compromisos con cinco, seis y hasta ocho años por ver, cuando se trata de grandes figuras. Otras de menor relieve tienen copada su agenda hasta dos años por delante, sin sospechar ninguno que en tales lapsos muchas cosas pueden ocurrir. Los músicos de muy avanzada edad tampoco son la excepción. Andrés Segovia, a los 93 años, todavía hacía planes para el futuro y hasta último instante se le vio guitarra en mano. El gran director de orquesta Leopoldo Stokovsky, en abril de 1977, con 95 años a cuestas, hablaba del programa que interpretaría cuando cumpliera los 100. Tenía contratos para grabar nuevas obras, para revisar un cúmulo de partituras y ya había firmado con orquestas londinenses para trabajar con ellas en los próximos cinco años.
Caso similar fue el del también director de orquesta Herbert von Karajan, fallecido hace algunas semanas. Casi totalmente paralizado, el maestro insistió en seguir trabajando en Salzburgo, luego de su retiro de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Quería llevar a escena la ópera de Verdi "Baile de máscaras" y había anunciado que su carrera proseguiría dirigiendo algunos conciertos con la Filarmónica de Viena. Tenía aun contratos firmados con Deustsche Gramophon para completar su monumental discografía y, como si tuviera veinte años y una salud de hierro, recibía ofertas para dirigir en múltiples salas.
Pero los artistas no son los únicos responsables. Los teatros presionan a las grandes figuras para que estas firmen compromisos muchos años por venir, y los músicos, por su parte, los aceptan sabiendo muchas veces, como es el caso de los cantantes, que ya por esas fechas sus voces estarán totalmente arruinadas. Algunos observadores opinan que la moda actual es que, si quedan pocos años de oficio, hay que proceder a iniciar la etapa de las "despedidas". Se mencionan decenas de artistas que, en el ocaso de sus facultades artísticas, duran años paseándose por el mundo para decirle "adiós" a sus fans en cada escenario, hasta que los abucheos implacables les indican que ha llegado la hora del retiro forzoso.
¿Estará Pavarotti viendo que se avecina el momento de disminuír sus compromisos para no desgastar su prodigiosa voz, o será que adquirió la manía de las cancelaciones, que para ciertos artistas es una fórmula de éxito asegurado, pues cuando por fin cumplen producen noticia digna de reseñar?.
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