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| 2/5/1990 12:00:00 AM

NOVELA NEGRA

Para los amantes de la novela policiaca, acaba de aparecer una colección con lo novedoso del género.

Pocos géneros literarios tan populares como las historias de asesinos, ladrones, prostitutas y detectives solitarios: la llamada Novela Negra, que también incluye los relatos de pocas páginas que en los años treinta hicieron furor porque aparecían en revistas muy baratas, impresas en el peor papel, con tinta que se quedaba entre las manos e ilustraciones horribles. Sin embargo, millones de hombres y mujeres sublimaban sus propias carencias siguiendo las aventuras de esos detectives con gabardina, pipa, sombrero y gafas oscuras, siempre con hambre y enamorados de mujeres elegantes e inaccesibles.
Cada lector tiene su personaje y su escritor preferidos. Algunos se quedan con los investigadores creados por Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Patricia Highsmith y Jim Thompson. Otros prefieren los relatos de autores como Ed McBain, Mickey Spillane, James Hadley Chase y Ross McDonald. Pero en todos estos escritores, en todas estas historias permanece un elemento común: la mirada que se detiene sobre un mundo alterado por el mal, un universo destrozado por la ambición y la ceguera, mientras otros elementos, como el sexo, la religión, la política, las finanzas y las ciencias alimentan la trama de cuentos y novelas.
Para los aficionados a este género una buena noticia: la colección "Crim, Novela Negra", que intenta ocupar el lugar que varios años atrás, en este campo, ostentara la desaparecida editorial Bruguera.
Este libro recoge algunos de los más significativos relatos policíacos de los últimos años. La selección ha sido realizada por un autor del género, Edward Gorman, e incluye cuentos de Loren D. Estleman, Bill Pronzini, John Lutz, Jim Thompson, Harlam Ellison, Dennis Lynds, Max Allan Collins, Michael Sdie Seidman el mismo Gorman y Joe Gore, entre otros. Por supuesto hacen falta autores como James Cain, David Goodis y Charles Williams, pero no importa, porque esta antología es una muestra estupenda de ese mundo donde todos los personajes, o casi todos, son malditos, gozan desafiando la ley, golpean a las mujeres, disparan a la menor provocación, sueltan malas palabras, visten a rayas y jamás se acuestan antes de las diez de la mañana. Un mundo que, para decepción de algunos, existe todavía.
"La dalia negra"
Jammes Ellroy - Novela--Martinez Roca - 338 páginas.
"Era el cuerpo desnudo y mutilado de una mujer joven, cortado en dos por la cintura. La mitad inferior yacía entre los hierbajos, a unos metros escasos de la mitad superior, con las piernas bien abiertas. Del muslo izquierdo le habían amputado un gran trozo en forma de triángulo y tenía un corte largo y ancho que iba desde el borde seccionado hasta el inicio del vello púbico. Los faldones de piel que rodeaban la herida habían sido apartados; dentro no había órganos. La mitad de arriba era peor": esa descripción corresponde al cuerpo de una muchacha muy bonita, de pelo negro, encontrada vuelta pedazos en un solar de la zona de Hollywood, en Los Angeles.
Era la mañana del 15 de enero de 1947 y apenas nacía uno de los peores misterios que alimentan la turbulenta historia del cine norteamericano porque la víctima, identificada después como Elizabeth Short, aspirante a actriz y con un pasado que todos desconocían, se convirtió enseguida en "La dalia negra", y su historia oscura ha inspirado numerosos libros y películas. "Confesiones verdaderas" (la novela es de John Gregory Dunne y la película de Uru Grossbard, con De Niro haciendo de obispo vicioso), recoge parte del misterio y los que quieran contemplar la horrible foto con los restos en medio de la hierba pueden repasar las páginas de "Hollywood Babilonia".
La novela "La dalia negra" fue escrita por James Eilroy, quien, escapando a la droga y el alcohol tuvo que lograr primero seis libros policíacos antes de encontrar el lenguaje adecuado para narrar esta historia, una historia que tiene numerosos elementos comunes con su propia vida porque su madre murió en circunstancias similares.
Partiendo de su propia experiencia, revisando en los archivos de la policía de Los Angeles, buscando testigos que no querían recordar y convocando sus propios demonios, Ellroy ha conseguido una novela tortuosa y oscura que sigue los pasos de los dos detectives, ex boxeadores, encargados de la investigación a partir del descubrimiento de ese cuerpo hermoso, desnudo y mutilado una mañana de enero. El lenguaje nervioso, el tono periodístico, la dureza de las descripciones convierten esta historia en una auténtica provocación.
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