Jueves, 19 de enero de 2017

| 2008/02/16 00:00

Novela con tres pisos

En su última obra, con una novedosa estructura, el premio Nobel J. M. Coetzee combina el ensayo y la narración.

Novela con tres pisos

­J.M. Coetzee
Diario de un mal año
Mondadori, 2007
240 páginas


Cuentan que una vez, después de leer un texto suyo, el escritor cubano José Lezama Lima les preguntó a los asistentes, ¿qué tal de resonancias? Pues bien, acabo de terminar la última obra de J. M. Coetzee y puedo decir que estoy pleno de resonancias. Sobre el mundo que estamos viviendo y sobre mí mismo. Porque habla tanto de economía, de política, de ciencia, de arte, como de cuestiones íntimas y triviales. Demasiadas resonancias que, si me apuran, podría resumir en una frase: ¡La novela está más viva que nunca!

Un escritor de 72 años, reconocido mundialmente, vive solo en un apartamento de Sydney. Por cierto, se llama John, nació en Suráfrica y escribió un libro titulado Esperando a los bárbaros. El guiño autobiográfico es claro, aunque el autor tampoco quiere permanecer en un realismo al pie de la letra: la señora Sanders cree de verdad que su vecino es un escritor colombiano. Una editorial alemana ha tenido la idea de publicar un libro en el que seis eminentes escritores de distintos países expresen sus puntos de vista sobre los temas que ellos elijan, mientras más polémicos y más se pronuncien sobre lo que va mal en el mundo de hoy, mejor. Se llamará Opiniones contundentes y John, desde luego, es uno de los invitados al proyecto.

Las "opiniones contundentes" de John sobre el terrorismo, los torturados de Guantánamo, la invasión a Irak, la economía global, el papel del Estado, las universidades, Tony Blair, la pedofilia, la matanza de animales, la física cuántica y el diseño inteligente, son algunas de las numerosa reflexiones que leeremos. Pequeños ensayos, lúcidos y provocadores. Sin embargo, este es apenas el tercer piso de la novela. En el condominio de su edificio, reside Anya, una perturbadora y atractiva muchacha de origen filipino que John ha visto en la lavandería comunal. Como pretexto para acercarse a ella, le ha ofrecido una buena suma para que sea su secretaria: debe digitar las "opiniones contundentes" que él graba en un dictáfono. La relación que se irá desarrollando entre John y Anya es el segundo piso de la novela, que mostrará sus diálogos y cada uno de sus puntos de vista. Anya tiene una pareja, Alain, un pragmático y ambicioso financista, el polo opuesto de John. La vida de Anya con Alain constituye la tercera línea narrativa de la novela, su primer piso.

Las "opiniones contundentes" se podrían leer sin ningún problema de manera independiente, al igual que las otras dos historias. Todas van desarrollando su propio clímax, pero desde luego se conectan entre sí, lo cual le plantea al lector una interesante disyuntiva: hasta dónde debe avanzar en cada segmento, cuándo debe devolverse a retomar las otras narraciones. En principio puede leerse la novela completa, con sus tres secciones bien demarcadas. Aunque, termina siendo inevitable tomar un ritmo disparejo. Siete páginas de un piso, dos del otro. Una novedosa estructura que rompe la lectura convencional e invita a la simultaneidad.

Anya no es sólo una mujer sensual. Tiene carácter e inteligencia, y sus críticas a las "opiniones contundentes" incidirán para que los ensayos evolucionen hacia un tono más íntimo y subjetivo: "opiniones suaves" sobre la creación y las huellas del tiempo. La historia de John y Anya reitera el tema del hombre mayor y la mujer joven, la atracción y la repulsión de la vejez y la belleza. Anya y Alain hacen parte de un relato de sórdida intriga y final inesperado. Diario de un mal año es a la vez una novela de ideas, argumentos y personajes. Reflexiona y cuenta. Filosofa con personajes concretos, reúne la profundidad y el prosaísmo, como ha sido siempre la aspiración de la gran novelística. ¿Cómo unir esos extremos? La clave es una forma adecuada y Coetzee, con su edificio de tres pisos, encontró el difícil equilibrio. Siga invocando a sus maestros Tolstoi y Dostoievski, para que "le aclaren la visión y le fortalezcan el brazo".

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