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| 1/4/1988 12:00:00 AM

NUESTRA CASA

En Copenhague, Colombia mostró a los europeos cómo es una vivienda típica sabanera.


El diseño de viviendas en Colombia había recibido distinciones, pero ciertamente ninguna como esta. Por eso, cuando se vio en Copenhague una exposición reflejando el estilo de vida de la gente de varios continentes, fueron miles las personas que, con su asistencia, le rindieron homenaje a una arquitectura "típicamente" colombiana.

Todo tuvo lugar en el Museo Nacional de Brede--un suburbio de la capital danesa-- donde durante un mes largo se presentó la exposición Shelter, dentro de una serie de actividades mundiales que se llevan a cabo con ocasión del "Año internacional de la vivienda para las personas sin hogar", coordinado por las Naciones Unidas. La presentación, dividida en nueve grandes compartimentos, tenía por objetivo mostrarle a los asistentes cómo se vive en otras partes del mundo y el contraste con lo que sucede en Dinamarca .

Fue en ese contexto que la "muestra" colombiana jugó un papel clave. En la sección tres de la jornada, dedicada a la vida en el campo en países de Africa, Asia y Latinoamérica, los rubios daneses se encontraron de manos a boca con los enseres de la casa de Doña Adelaida, una campesina de edad avanzada que vive sola en cercanías de Chía (Cundinamarca). Al lado de una casa de Kenia y otra de Indonesia, cada una con su dotación completa, estaban las camas, las mesas, los cuadros, los almanaques, las herramientas, el carbón, el maíz y las tejas de barro, "exportadas" directamente de Chía a Copenhague. La muestra estaba complementada con diapositivas de la casa verdadera en el municipio sabanero y fotos de la región y de doña Adelaida, hechas con el fin de recrear de la mejor manera posible el modelo real. Con la excepción de la estructura de ladrillo (que no fue transportada por su peso) la ambientación era tan buena, que lo único que faltaba en las cercanías era un puesto de venta de morcillas y almojábanas.

Pero el aporte colombiano no llegó hasta ahí. En la sección seis, destinada a mostrar "la realidad de la ciudad" a través de las casas y estilo de vida de la gente corriente de Jakarta, Nairobi y Bogotá, los organizadores instalaron una tienda de barrio típicamente capitalina. Todo el contenido le fue comprado a Carlos y Celina Gutiérrez, jefes de una familia que habita en el barrio La Victoria, al suroriente de Bogotá, quienes poseen una tiendita y estaban en proceso de ampliar su casa, tal como es corriente en las urbanizaciones piratas, donde las viviendas se edifican progresivamente.

Si los daneses pudieron quedar impresionados con el realismo de la casa de doña Adelaida, la perfecta reproducción de la casa de los Gutiérrez era "atortolante", según comentara Julio Dávila, un ingeniero colombiano que asistió al evento. Dentro del pabellón bogotano estaban los ladrillos, el cemento, la carretilla, la madera y los demás elementos que estaban utilizando los Gutiérrez para construir el segundo piso de su casa. Adicionalmente, en el mostrador de la tienda estaban todos los detalles del caso. Desde el letrero de "elados a $35.oo", hasta el paquete de chitos, pasando por los chiclets Adams, los botones, los cortauñas, los huevos y los bocadillos. Si alguien tenía todavía dudas sobre la autenticidad, en frente del mostrador estaba la mesa con dos "polas" servidas, el tablero con los precios escritos en tiza, el almanaque, la foto del Papa y un recorte con el retrato de Belisario Betancur.

Para complementar el ambiente "típico", los organizadores del evento también se trajeron un carro de basura con todo su contenido. A través de las bolsas plásticas era posible ver la lata de cerveza Clausen, la botella de Aguardiente Cristal y el empaque de Yogurt hecho en Sopó. El toque final estaba dado con la música de fondo en la cual los ritmos vallenatos, llaneros y la cumbia, se alternaban con aquellos de Indonesia y Kenia.

Aunque es dudoso que la muestra sirva para incluir los rubros de "basura y casas populares" dentro de los renglones de las exportaciones no tradicionales hechas desde Colombia, el éxito fue completo. A pesar de las limitantes obvias, la exposición fue lo suficientemente buena como para permitirle ver a los daneses un nuevo ángulo del problema de la vivienda en el mundo.

La entrada de Colombia al evento se le debe primordialmente a Connie Dupont, una danesa quien con la ayuda de Carlos Morales, decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de los Andes, fue la responsable de la reproducción de dos "escenas" típicas de la Sabana de Bogotá y su instalación en un sitio que queda a 25 minutos en tren del centro de Copenhague.

Curiosamente, Colombia quizás fue el único país del Tercer Mundo que adicionalmente a sus propias cosas, contribuyó indirectamente con la muestra de otros expositores. Aparte de la cantidad de artículos llevados desde la Sabana de Bogotá, el país hizo también acto de presencia en la vivienda de Indonesia. Entre las cosas traídas de Jakarta se encontraba un almanaque con una foto a todo color de Amparo Grisales, lo cual demuestra que a los países del Tercer Mundo no necesariamente todas las cosas bonitas le llegan del norte.--
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