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| 6/16/2012 12:00:00 AM

Nuestra guerra en imágenes

La larga y triste historia de la violencia colombiana contada a través de un conmovedor e inquietante reportaje fotográfico.

Stephen Ferry
Violentología
Icono, 2012
183 páginas

Ahí está la prenda desenterrada. Pertenece al esposo de Teresita Meléndez, Marco Tulio Velásquez, quien salió un día en compañía de su hijo de 12 años a trabajar como jornaleros en una finca cercana y nunca más regresaron. Los mataron los paramilitares. Teresita se negaba a aceptar su muerte. Y la seguía negando incluso cuando frente a sus ojos tenía la prenda que le mostraba un investigador forense. Hasta que su hija le susurra: "Pero mamá, usted misma remendó estos calzoncillos". Ese instante inenarrable de la aceptación de la muerte y del llanto inconsolable es captado por el reportero gráfico Stephen Ferry. Una imagen que se nos queda grabada en la memoria como una experiencia vivida.

¿Será eso, una iconografía de la guerra, lo que necesitamos los colombianos para no seguir ignorándola? Ahí está, para no olvidar nunca, Teresita Meléndez con su dolor en el cementerio de San Onofre, Sucre, el 2 de abril de 2007. Ahí está Alejandro con su rostro borroso y, detrás suyo, el rostro nítido de Simón Bolívar en un cuadro, herencia de su padre, muerto en 1994 durante un fallido intento de secuestro por parte de las Farc. Alejandro retratado por Ferry en el momento de ser liberado por las Farc luego de ocho meses de suplicio y de haber pagado el rescate. El rostro nítido de Bolívar, un cuadro, la herencia de su padre: es lo poco que le ha quedado a Alejandro, sin rostro -y sin nombre: Alejandro es un seudónimo para protegerse-, pues su hermano también murió, en 1987, cuando el M-19 lo secuestró y, posteriormente, lo mató.

Ahí están el júbilo indescriptible de un soldado colombiano liberado del territorio controlado por las Farc en la Macarena, Meta, el 28 de junio de 2001; los mamos arhuacos recorriendo los sitios sagrados, la frontera del territorio ancestral de la Sierra Nevada de Santa Marta, para sanar el daño espiritual causado por grupos armados que penetran el territorio indígena. El libro contiene 101fotografías, todas conmovedoras, inquietantes. Me he referido a algunas, en el orden arbitrario que clasifica mi sensibilidad. Seguramente otro lector armará otro mapa, otro recorrido. Sus propios recuerdos. Porque de eso se trata la propuesta de Stephen Ferry: fotografías impresas en rotativa de periódico con un papel poroso para que la tinta penetre, "tan líquida como la sangre que sale de estos muertos". En un formato grande que nos recuerda que estamos ante un objeto físico.

Stephen Ferry cree en la pedagogía de las imágenes porque lo ha comprobado por sí mismo. Nació y se crió en Cambridge, Massachusetts, en plena efervescencia de las protestas contra la invasión norteamericana en Vietnam. Él seguía las noticias de la guerra en las páginas de la revista Life y no olvida una foto de una bebé vietnamita sentada en los escombros de su casa, con su piel quemada por un bombardeo aéreo. Tampoco olvida, cuando llegó a Colombia invitado por la Fundación Nuevo Periodismo, las fotos de Jesús Abad Colorado sobre el pueblo de Machuca, Antioquia, quemado por la inconsciencia de la guerrilla del ELN (murieron incineradas 84 personas) al dinamitar un oleoducto cercano. El poder imborrable de las imágenes que entra a formar parte de los recuerdos personales. Eso es lo primero, el punto de partida. Después, necesariamente, vendrá la comprensión de

los hechos. Y este libro, con textos de Gonzalo Sánchez y María Teresa Ronderos, es también una invitación a comprender el inacabable conflicto colombiano.
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