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| 5/28/2011 12:00:00 AM

Nueva y larga vida para el cómic

Pese a que la ley la pone al mismo nivel de la pornografía, la narración gráfica en Colombia ha crecido en los últimos años apoyada en Internet. Este género ya no es solo humor y superhéroes.

Para muchos en Colombia, las historietas son sinónimo de entretenimiento, chistes y superhéroes. También se cree que son para niños, jóvenes o, en últimas, para adultos que se niegan a crecer. Esto se debe a que durante mucho tiempo en el país circularon sobre todo cómics de consumo masivo como Supermán, Batman, Tintín, Lucky Luke e incluso Condorito. También pasaba que, desde las artes, el cómic era visto con algo de desdén. Prejuicio que, para Joni B, autor de la novela gráfica Parque del Poblado, aún está vigente: "Todavía se dice que las historietas son para niños, un género menor, para 'nerds' aficionados a los superhéroes".

Y esto es así, en buena medida, por las barreras que puso la Ley del Libro, aprobada en 1993. Al considerar que los cómics no aportaban nada ni a la cultura ni a la ciencia, estos quedaron al mismo nivel de la pornografía: solo una fuente de entretenimiento. En consecuencia, los libros de cómics están sujetos a impuestos de los que están exentos los de otros géneros. "Eso causó problemas a la hora de escoger qué leer. Se trae lo que seguro se va a vender. No se pueden tomar riesgos. Por eso, una novela gráfica puede valer 100.000 pesos", asegura Pablo Guerra, historietista y organizador del Club del Cómic de la Biblioteca Luis Ángel Arango, quien además no entiende cómo "desde el gobierno hoy se habla de promocionar la lectura desde la historieta cuando persiste esa exclusión".

Al tiempo que esto ocurría en Colombia, en el mundo la producción de historietas encontró nuevos caminos. En Europa y en Estados Unidos surgieron, a partir de la década de los setenta y en el ambiente underground, propuestas con historias y personajes que se alejaban de los superhéroes. Los temas también eran otros: parodias, críticas al sistema, autobiografías, asuntos de la vida cotidiana. Muchas también presentaban un trazo muy personal, dibujos que se escapan del estándar perfeccionista que se había impuesto. Lo importante era contar una buena historia y que el dibujo fuera una forma de expresar la subjetividad del autor. "Para un historietista de antes, yo dibujo horrible", asegura Paola Gaviria, PowerPaola, autora de la novela gráfica Virus tropical. Daniel Jiménez, de la revista Larva, lo explica así: "La historieta es sobre todo una amalgama entre la historia y el dibujo. Lo común hoy es que el autor explore un trazo personal, que no tiene que impactar, sino que tiene que ser útil para contar una historia. Es otra herramienta narrativa".

El camino que comenzó a recorrer el cómic underground en el mundo llegó a un público más amplio gracias a obras como Persépolis -historia autobiográfica de la iraní Marjane Satrapi, que se da durante el tránsito de su país al régimen islámico actual-, al trabajo de Joe Sacco -autor de novelas gráficas con un ingrediente importante de periodismo sobre el conflicto árabe-israelí- y al de Art Spiegelman -sobre las vivencias del padre del autor, un judío polaco, durante la Segunda Guerra y su posterior emigración a Estados Unidos.

En Colombia, esta corriente alternativa se asomó en los noventa a través de la extinta revista Acme. Por esos años también ocurrió el famoso episodio de la expulsión del pabellón de Diseño Gráfico y Caricatura de la Feria del Libro de los autores de unas historietas que contenían desnudos. Tras esto, no hubo mayor novedad hasta 2003, cuando apareció la gacetilla de cómics Robot en Medellín. Tres años después se creó la revista Larva, en Armenia, publicación que tras 14 ediciones ya está más que acreditada entre los creadores de historietas en Colombia. Gracias sobre todo a Internet, que permitió acceder, sin los obstáculos de la ley, a lo que se hacía afuera, el cómic revivió, y con fuerza. En los últimos años, a Larva se le han sumado numerosos fanzines y, sobre todo, novelas gráficas de calidad, como la ya mencionada Virus tropical, de Power Paola (publicada también en Argentina por el sello Editorial Común, del reconocido historietista Liniers); Parque del Poblado, de Joni B, 4 jinetes 2 ways of the heart, de Jean Paul Zapata, y Bastonazos de ciego, de Andrezzinho. Estas obras tienen en común no solo que se desarrollan en Colombia, en calles y escenarios familiares para muchos, sino que tratan temas como la disolución de los vínculos familiares o el miedo al compromiso y a la soledad, con los que fácilmente se puede conectar cualquier lector.

Al tiempo con la aparición de nuevos creadores y publicaciones surgieron espacios como el Club del Cómic en la Biblioteca Luis Ángel Arango y talleres para estimular la lectura a través de este género. "La historieta es un gancho para atraer lectores jóvenes, pero también para formar lectores integrales, íntegro en el texto y en la imagen", explica Guerra.

Para entender este auge hay que ver las virtudes de la narración gráfica. "Las palabras surgieron de las imágenes. El cómic las vuelve a unir -asegura Jiménez, quien añade-: A nivel literario se juega con las palabras; en cambio, la historieta entrega ya la imagen, pero una imagen que habla además del texto, entrega información que no está en el texto". Algo similar piensa PowerPaola: "En la novela gráfica no solo la palabra cuenta, sino que el dibujo tiene poder y no compite con la palabra, al contrario, ambos se ayudan. Además, tiene todas las posibilidades. Se puede hacer desde documental hasta novela. También periodismo".

También tiene a favor su bajo costo. "Las historietas le ofrecen al creador posibilidades ilimitadas. Solo se necesita lápiz y papel. Para hacer cine se necesita mucho dinero y un equipo de personas con tareas específicas; las historietas, en cambio, las puede hacer una sola persona, y todo lo que haga va a estar siempre bajo su control", explica Jean Paul Zapata.

Pero sin duda, Internet es el gran responsable. Por un lado, ha permitido crear redes, conectarse con lo que se hace afuera y unir a los autores locales para que juntos se abran un espacio y sean visibles. Por otra parte, ha ocurrido que, a diferencia del cine, la música o la industria editorial, la historieta no le ha temido a Internet. Para los historietistas en Colombia y en el mundo, la red ha sido una herramienta muy útil para que aumenten sus ventas en papel y así derribar las rejas del gueto. El ejemplo son sitios como Electrocomics, en donde los lectores votan para elegir la historieta que se imprime y luego compran el libro. También está el blog argentino Historietas reales, en el que a diario se publica una historieta y luego de darse a conocer por esta vía, muchas han dado el salto al papel, como le ocurrió a PowerPaola y a Joni B, ambos colaboradores frecuentes del blog.

Y es que los creadores de historietas tienen una gran capacidad de adaptación. No existen en este campo, al menos en Colombia, grandes y poderosos intermediarios de vieja data. Los historietistas siempre han trabajado con editoriales pequeñas o se han autopublicado. La red es, desde hace mucho, su medio natural. Ventajas que hoy anhelan los que antes los miraban por encima del hombro.
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