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| 10/3/2015 10:00:00 PM

"Las nuevas voces de la literatura colombiana"

Nunca antes tantos autores jóvenes y emergentes habían podido publicar sus novelas. ¿Qué está pasando?

Le habían dicho que no apoyaban autores jóvenes, que no le permitirían tratar temas fuertes de sexo, violencia o filosofía y que si mandaba algo se lo iban a mutilar, a destruir. Por eso, Juan Sebastián Gaviria se sorprendió cuando una editorial grande, Penguin Random House, tomó la decisión de publicar su novela La venta.

Su caso no es único. Aunque sin tantos prejuicios, otros autores, la mayoría entre 30 y 40 años de edad, también lo lograron. Como pocas veces se había visto en Colombia, en 2015 varios escritores emergentes –algunos con experiencia en editoriales independientes, en revistas y otros hasta con premios internacionales– saltaron a importantes sellos editoriales como Planeta o Penguin Random House.

La oferta incluye autores de novela negra, histórica, crímenes, amor y desamor, desigualdades sociales, reflexiones personales y hasta temas de ciencia ficción, entre otros. Por ejemplo, La venta, de Gaviria, narra la historia de un sujeto que trabaja en el mercado negro de las esmeraldas en el centro de Bogotá. La ruidosa marcha de los mudos (Planeta), de Juan Álvarez, es un relato histórico sobre la independencia de Colombia inspirado en el diario de José María Caballero, un comerciante de chicha. No se queda atrás Rebelión de los oficios inú-tiles (Penguin Random House) de Daniel Ferreira, sobre la insurrección de un pueblo durante la turbulenta situación política del país en los años setenta. Otra historia que llama la atención es La casa de la belleza (Planeta), de Melba Escobar, una novela negra alrededor de una peluquería en la que se encuentran una cartagenera que se acaba de mudar a Bogotá, la esposa de un congresista, una famosa presentadora de televisión y una madre desolada. Y el enigmático retiro espiritual de un hombre que acaba de perder a su madre es el tema de Que venga la gorda muerte (Planeta), de Álvaro Robledo. El cuento tiene su lugar con ¿Nos vamos a ir como estamos pasando de bueno? (Planeta), de Luis Miguel Rivas.

La lista de Planeta sigue con otros autores nacionales como Joseph Avski (El infinito se acaba pronto), Guillermo Cardona (Las misas negras de San Pablo), Eccehomo Cetina (El hombre que fue un pueblo), Amalia Andrade (Uno siempre cambia el amor de su vida por otro amor o por otra vida) y Dani Cubides (Mi hermanastro).

Penguin Random House también le apostó a Luis Noriega (Razones para desconfiar de sus vecinos) y a los hijos de inmigrantes colombianos Patricia Engel (No es amor, es solo París) y Sergio de la Pava (Personae). Los sellos independientes no se quedaron quietos y publicaron, entre otros, obras de Andrés Ospina (Chapinero de Laguna Libros), Margarita García Robayo (Hasta que pase un huracán de Laguna Libros), Sergio Ocampo (El amante fiel de medianoche de Taller de Edición Rocca), Paula Sanmartín (Manos de pianista de Taller de Edición Rocca), Felipe Martínez (La cosecha de Taller de Edición Rocca) y Juan Fernando Hincapié (Gramática pura de Rey Naranjo Editores).

Se trata de un listado saludable para la literatura colombiana: “Hay un tándem perfecto entre mucha gente que quiere escribir y un mercado editorial dispuesto a abrirles camino, a legitimarlos”, explica el crítico literario Camilo Hoyos.

Y no solo es cuestión de cantidad. Varios críticos coinciden en que, a nivel general, las obras dan la talla. “Se ve novedad y audacia en los temas, en las apuestas personales”, comenta el crítico literario de SEMANA Luis Fernando Afanador. Mientras tanto, el editor y escritor Camilo Jiménez Estrada cree que “ahora hay más calidad literaria, más ambición y un mercado abierto a nuevas propuestas”.

Planeta desde noviembre del año pasado comenzó a ampliar su catálogo de autores nacionales, una iniciativa similar a la que esta editorial llevó a cabo hace unos 15 años cuando despuntaron Ricardo Silva Romero, Santiago Gamboa, Mario Mendoza o Jorge Franco, quien piensa que “los autores que salieron en 2015 han demostrado talento y superaron el obstáculo más grande, encontrar quién los publique”.

Gabriel Iriarte, director editorial de Penguin Random House, dice que “buscar nuevas expresiones de la literatura es un deber básico de cualquier editorial”, pero que para él no solo se trata de publicar autores nuevos o jóvenes solo por serlo. Ante todo, debe primar la calidad. Pero no solo los autores son nuevos. El escritor Daniel Ferreira resalta un “relevo generacional de los editores, que le apuestan a géneros abandonados, como el cuento, que toman más riesgos, lo cual es un espaldarazo para los escritores jóvenes”.

De la misma manera es clave el papel de los sellos independientes. Como comenta Mario Jursich, director de la revista El Malpensante, “estos les dieron la señal a los grandes de que se podía trabajar con jóvenes”.

No hay que olvidar, sin embargo, que el mercado editorial colombiano no se caracteriza por ser el más potente. Muchos expresan su preocupación ante los bajos índices de lectura del país y si se leen poco los escritores más reconocidos, qué decir de los que apenas comienzan. Iriarte señala que “es una inversión a largo plazo pues, en general, el arranque es de pocas ventas”.

Marcel Ventura, editor de ficción en el grupo Planeta, hace cálculos optimistas. Si en este país es una proeza vender 1.000 ejemplares de cualquier obra de literatura, y más de autores no tan conocidos, él tiene la certeza de que trabajos como los de Melba Escobar y Luis Miguel Rivas superarán esta meta cuando cumplan un año.

En el caso de los sellos independientes aún es más difícil: “Que sea rentable es un logro utópico”, asegura Luis Rocca, director editorial del Taller de Edición Rocca.

Y el movimiento de estos escritores en las librerías es otra cosa a tener en cuenta. Si algo le llama la atención a Felipe Ossa, director de la Librería Nacional, es la cantidad de lectores jóvenes que empiezan a atraer estas obras. Entretanto, Mauricio Lleras, de la librería Prólogo, señala que estos libros “si bien no venden como Tomás González, Ricardo Silva Romero o Juan Gabriel Vásquez, están haciendo su camino”.

Aunque es demasiado pronto para lanzar cifras sobre si estas obras son rentables o no, es de celebrar este buen momento de la literatura colombiana: “Algo fundamental es que se dé un cambio generacional”, considera Felipe González, director y editor de la editorial independiente Laguna Libros.

Los nuevos tiempos también ayudan. Es innegable que hay otros espacios en los que estos escritores se hacen visibles, como ocurre con las redes sociales, ya que es común verlos activos en Facebook, Twitter o Instagram. Las ferias del libro también son una plataforma clave para darse a conocer. Y, aunque siempre generan controversia, los premios de instituciones y editoriales ayudan a descubrir nuevos talentos. No menos relevantes son los igualmente discutidos clubes de lectura y los talleres de escritura creativa.

Por ahora hay talento, muchos prometen, pero el tiempo señalará a los triunfadores. Varios de los autores mencionados se dedican de lleno a la literatura, muchos de ellos incluso tienen lista su próxima novela y tienen claro su proyecto literario. Queda por ver cómo los acompañarán las editoriales y, ante todo, si los lectores responden.
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