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| 5/7/1990 12:00:00 AM

NUEVOS RUMBOS

Toreros, vírgenes y corderos en la nueva etapa del pintor Víctor Laignelet.

Víctor Laignelet ha sido considerado como uno de los mejores pintores colombianos de los años recientes. Tras una larga temporada de trabajo en el exterior, primero en Nueva York y luego en París, regresó al país hace cerca de año y medio. Ahora, la Galería Garcés Velásquez de Bogotá presenta una exposición con los trabajos recientes de este artista barranquillero, buena parte de los cuales estuvieron hace algunas semanas en La Tertulia, de Cali.
Se trata de una muestra que reune óleos y dibujos en tinta china y que se pueden dividir, a grandes rasgos, en tres grupos de acuerdo con la temática tratada: los toreros, las vírgenes y los corderos. En su conjunto, todos estos trabajos hacen parte de una nueva etapa en la actividad creadora de este artista, que coincide con su regreso a Colombia aunque, como él mismo lo dice, "no es el resultado de mi viaje a Colombia. Sin duda, con el regreso hay cosas que cambian, pero este nuevo paso corresponde al desarrollo interno propio de mi trabajo y no a un cambio de ubicación espacial".
En la serie de los toreros está claro el interés del artista por trabajar el concepto de muerte, pero tomandolo desde el punto de vista de cambio, de cierre de un estadio para dar paso a nuevas posibilidades, a nuevas luces. A primera vista, llama la atención el hecho de que Laignelet haya tomado un motivo que está de moda en Colombia por cuenta de Fernando Botero. Al respecto, Laignelet afirma que "se trata de una coincidencia. Botero hace una recreación de ese mundo del toreo mientras que para mí es una disculpa o, mejor dicho, un punto de partida. Ese es un rito colectivo, un mundo con muchas implicaciones sicológicas y una estructura de carácter dramático que me sirve para representar otras". Así, no se trata de la muerte como fin de la existencia, sino como un paso en busca de nuevas posibilidades de vida. Es muerte porque implica cerrar caminos posibles para escoger sólo uno. En la serie está plasmado el momento de la ruptura, el paso por las tinieblas y, finalmente, el encuentro con nuevas luces en el marco de otra gama de posibles. El mundo de los toros también es el motivo de los dibujos en tinta china que se exponen en el segundo piso de la galería, que sirvieron de ejercicio o de apuntes al pintor. En estos dibujos se hace notoria una buena dosis de humor, por ejemplo en el toro que a pesar de las siete espadas sigue vivo, humor que para Laignelet nace de la necesidad de divertirse mientras trabaja. Lo cierto es que la fiesta brava no pasa de ser una disculpa porque, además, "nunca he visto una corrida de toros, no he ido a una plaza y sólo vi hace muchos años una corrida que pasaron por televisión".
En cuanto a la serie de las vírgenes, en ella el artista trabaja con dos ideas opuestas, la de la virginidad y la de la gestación. En una misma imagen están condensados los dos momentos. La oscuridad de la gestación contrasta con ciertos rasgos propios de la virginidad porque, como lo dice Laignelet, "el proceso de gestación es siempre oscuro, se da en las tinieblas del útero". La disposición de los senos de las mujeres que pinta esta dirigida a transmitir esa dualidad. Se trata de atrapar dos características que sólo se pueden dar en la mujer, es un trabajo sobre la naturaleza de lo femenino. También hay un tratamiento del vestuario, en el que de cuadro a cuadro -son siete las telas que componen la serie "Virgini Pariturae"- se aprecian variantes de un mismo modelo, lo que recuerda un poco el trabajo hecho en los 60 por el artista pop norteamericano Jim Dine. Es Posible que en este punto, Laignelet esté en una especie de reflexión sobre lo que puede ser su pintura de una forma determinada.
En los dos cuadros en que aparece el cordero, el pintor trabaja el tema de los polos que se oponen. En "Ignición" tanto el tratamiento de los colores como el de las figuras, apunta a hacer énfasis en la relación de polaridad. Por ejemplo, al cordero blanco que está en la parte de abajo de la obra, con connotaciones femeninas, se le opone el macho negro de cuernos envueltos en fuego, que está en la parte superior de la tela. De esta forma, los dos polos que en apariencia están totalmente alejados se ven ligados a través de sus diferencias y, es más, se complementan
Queda claro que, como el mismo Laignelet lo dice, esta es una nueva etapa en su proceso artístico. Para algunos se trata de un capítulo mucho mas fecundo que los anteriores, en el que se refleja un artista que busca siempre ir más allá. Para otros, como para la crítica de arte Ana María Escallón,"en este trabajo se nota una especie de suficiencia frente al público, una ironía que se vuelve comicidad y que, como decía Baudelaire, desune, separa al público de la obra. Si lo que esta haciendo es una reflexión sobre la pintura, lo esta haciendo mal. Y si se trata de una reflexión sobre la forma, es uno más de los pintores colombianos perdidos en el limbo". La polémica está abierta y ahí está la obra de Laignelet para que el público tome partido.
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