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| 12/3/2011 12:00:00 AM

Ópera para todos

Las transmisiones en directo de la ópera del Metropolitan popularizan cada vez más ese género musical.

Si Wagner resucitara, sería la persona más feliz del mundo al comprobar que la ópera se está convirtiendo en un espectáculo popular. En efecto, 2,4 millones de espectadores han asistido en 1.500 salas de 46 países a las transmisiones en directo de las óperas producidas por el Metropolitan Opera House (Met) de Nueva York, una de las mayores instituciones mundiales de ópera. El músico alemán soñaba precisamente con eso: que la ópera fuera un gran espectáculo de masas. De ahí la espectacularidad de sus montajes que apelaban a la épica y a la mitología germanas. Y en realidad tenía razón: la ópera es una expresión artística totalizadora que reúne la plástica, la literatura, la danza, la música, el teatro y el diseño.

El Met fue el pionero en este tipo de transmisiones cuando en la temporada de 2006-2007 transmitió La flauta mágica de Mozart a 60 sitios en Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido. Esto tuvo tanta acogida que decidieron pasar al formato de alta definición. "Asisten

fundamentalmente los aficionados a la ópera, pero esta es una herramienta para atraer otras audiencias al mismo tiempo. Estamos tratando de ponerla al alcance de la mayor cantidad de gente posible", dice Peter Gelb, gerente de la Met.

Y el objetivo de democratizar la ópera se ha cumplido por varias razones. En primer lugar, los precios. No mucha gente puede costearse el viaje a Nueva York y pagar entradas de 300 dólares (el precio máximo que paga un espectador en un teatro es de 60 dólares). En segundo lugar, la calidad de las transmisiones. La ópera Siegfried, de Wagner, tenía una innovadora tecnología en 3D (sin necesidad de anteojos) que proyectaba imágenes en movimiento ajustadas a los cambios en la escenografía, lo que le daba un gran realismo. Y algo muy sencillo pero no menos importante: la facilidad de leer los subtítulos, como cualquier película. Al fin y al cabo, la ópera cuenta una historia y la oportunidad de seguirla conecta más fácil al espectador. Otro elemento muy importante (y un plus de la transmisión en directo) son las entrevistas a los cantantes y los directores al comienzo y en los intermedios. Ellos hablan de la obra, de cómo se han sentido y hasta envían saludos a sus países natales o por visitar. El tenor peruano Juan Diego Flórez, en el intermedio de su actuación protagónica en Le Comte Ory, de Rossini, contó que casi llega tarde porque su esposa había parido media hora antes del inicio de la función. Y aprovechó para enviar un saludo a la gente de Bogotá a donde iría la próxima semana (gran aplauso del público en el Multiplex de Unicentro). Trivialidades y trasescena que contribuyen al acercamiento con un público condicionado para interactuar en estos tiempos de internet y redes sociales. Por cierto, no deja de ser atractivo para un lejano espectador del Multiplex Chipichape salir a tuitear sus primeras impresiones de la ópera que acaba de ver con el hashtag del MetOpera (#metopera).

En Colombia, el proceso de convocar a una audiencia mayor también ha sido exitoso. De 2.454 espectadores en la temporada 2008-2009, se ha pasado a 22.762 en la temporada 2010-2011. La más taquillera ha sido El trovador, con 2.480 espectadores, seguida por Don Pasquale y La Valquiria, con 2.304 y 2.196, respectivamente. Se observa un creciente interés por las óperas contemporáneas, como Nixon en China, lo cual confirma que cada vez más un público joven empieza a ser cautivado por estas transmisiones.

El Met, que se encontraba en dificultades financieras y preocupado por la sostenibilidad de la ópera, ha encontrado una fórmula salvadora gracias a la tecnología. Y una oportunidad para crecer. De nueve montajes en la temporada 2009-2010, ha pasado a 12 en la temporada 2010-2011.

"Cuando quiero escuchar ópera, me voy para Nueva York", dijo hace muchos años Carlos Valencia Göelkel, un polémico director de Colcultura. Ahora se puede decir: "Cuando quiero escuchar ópera, me voy para un Multiplex".
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